Sebastián Brange, 4 poemas.

Ni siquiera un minuto

ya compartes de tu tiempo

cuando se te quiebra el silencio

                         cuando se calcina el frío.

El extrañar de los gatos

No te extraño como extrañan

en la soledad los gatos

sino como al brazo amputado

en la invisibilidad te siento

                  

Abrazados a la ventana,

sin nada que observar

respiraba en tu oído

mientras amuñabas el cubrecamas

Gritabas por la carretera,

te desarmabas lento

debajo de las sábanas

                               que nunca secan

Agonía:

  tu estremecimiento latente

     escondía el desdén camuflado

Ni los decenios lo olvidan

No extraño como extrañan los gatos

a sus amos cuando van.

No.

.

Desvelo

Cada noche cambia mi sueño:

a veces mi noche es el día

las estrellas pululan en azul

                                   junto al Sol

Y no puedo dormir

la música de mamá

los trámites de papá

el conticinio a las cuatro de la tarde

Me retraigo.

Desvelo. Mancha en la memoria.

Mis ojos son la huella

            pequeños y caídos al olvido

se acomodan, lo intentan

abrazan el rostro

de hinchado y negro viajero

Y contemplo en sueño

el comercial del centro citadino

ajetreado en mitad de la luna

Desvelo. Los niños jugando en mi noche

los gatos apareándose en mi techo

                         maullándole a los perros

El sueño me cambia

se distorsiona en un silencio bullicioso

y entonces mi noche es el día,

                                         un poco al revés.

Mis amigos se perdieron en las risas

¿dónde me recuesto?

           ¿dónde me duermo?

.

Mirasol

He ido al cerro a conversar en solitario.

Me detengo y prendo el cigarro:

el canal de Tenglo me observa desde lo bajo

Confieso que tengo un secreto

que se pierde en el chacay de este mirador

Me arrojo a la bahía.

Cuánto cuesta escribir bajo las nubes de Puerto Montt

bajo la lluvia de Puerto Montt

Camino y veo mis quince

camino y veo mis veinte

camino y luego no me veo

                                 ojalá no verme más

Y caigo.

Ruedo

hasta Chinquihue

hasta el canal

la bahía

El mar.

Recorrer el volcán Villarrica

al lado del “Parque

de los dos Parques”

los columpios que se rompieron;

la madera se pudrió

en aquel lugar que ya no existe

Ahora otros lo reencontraron

y lo hicieron suyo

y eso

está bien.

.

Luciérnaga

Con los labios decimos adiós

y mordemos la lengua al rato

luego se desdibuja la silueta

       se retuerce en el horizonte

Se fue. Se convierte

en ayeres de escombro

y llega el conticinio, la media luna

porque siempre es de noche

Siempre hace frío y estamos solos

cuando muere la hora

Lo que te tirita son los labios

no la lengua de llanto pesado

No soltarlo hace mal

                         se vuelve un luto

Estás solo, sin alma y sin pena

y más lejos sin su dibujo en la cama

como un adiós, más triste

                                               es el adiós

Desde fuera, los conciertos

el hielo extrañándose,

hasta que se funden los rosados

Tiempo callado.

Ni siquiera un minuto

ya compartes de tu tiempo

cuando se te quiebra el silencio

                         cuando se calcina el frío.

.


Sebastián M. Brange Cordones (Puerto Montt, 1995). 

.

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