Yeny Alejandra Díaz Wentén, 10 Poemas.

Mario Sironi-Desnudo con espejo.
Mario Sironi-Desnudo con espejo.

Invitación

Qué se hace cuando se ama al Wecufe

y se desea unir las esquinas de nuestras palpitaciones

hilando las distancias cruzando los volcanes que nos separan,

oyendo cada latido en un pulso

arrasar con todo y liberarlo de su torre

de miedo, ira y acurrucarme en su porte

rostros a su mano entregarme

y nadarlo siendo montaña temiendo donde al mar

donde vive el corazón de un salvaje

amarlo con la pureza seca de quien desea al sol

y hacerme barro de serpiente

deslizarme caliente y dorada

en el volcán que es mi Wecufe de mar

de sol mi querido soy tu luna que roza tu marea

Acá tan lejos en mi valle fértil y agrietado por tus aguas

te deseo esa libertad de pájaros

cómo dejarte partir Wecufe mío

si no hay culebra de tierra que no ame al mar

deseo te hirviente con tu lava abriendo

tus venas la rabia déjame

ser tu serpiente verdeazul

ese ramillete de pájaros

que se posó en tus ojos míos

te hago música seré música

amaré las aguas para nadar a ese volcán

allá abajo en esa llama que tú eres mío.

Wecufe grietas abiertas

el que hace cantar a los metales

la culebra de agua que me palpa y me incrusta

abiertas grietas tantas tienes

como yo quebradas y dolores tengo

nos traspasan

pero desde mi altura de montaña poderosa

siento el color de tu sangre que me roza desde ese mar

tú amar mío

Bajar apagando tu rabia con mi beso de piedras y ramas

en la frente de tus mareas de tus ideas incontenibles

enlazando tus animales a los míos

tus maldades a las mías

branquias a manos algas a raíces

Wecufe de agua culebra de tierra

unidos por la cintura embistiendo al mundo

hasta calmar tanto deseo y dolores.

No hay Wecufe sin sol

ni sol sin Wecufe.

Inédito

No nacido

Soy el no nacido espejo

llanto de agua

nieto del tronco ausente

y la carne y sus ternuras entre las ancas tibias

desta niña potranca

me muevo entre su músculo dentro siguiendo la huella

de esos que dejarán su marcha

muerdo cría la ventisca de sus soles vientos

tierno el indio que semilla pieza, del linaje soy yo

en el hueco carnoso de su tierra.

Partan el cielo

partan la tierra

agarren el cielo para sentirlo, cerca mama,

limpio el cielo para ti…

Capullo nazco de tus pechos de mezcla

mirando muy lejos soy harina de oro

lamparita de mi abuelo

crin de las viejas este cuerpo forjado

tallar de esperanza al río

soy harina de oro, Manuel,

reboso el hueco carnoso de la esperanza.

Despertaré

despertaré.

De tanta pena tuya abrazar el cielo voy

ahora no tengo miedo

y no tengo sangre entre mis manos

y no tengo miedo

el paso del terrible se rompió hace años.

Partan el cielo

partan la tierra

agarren el cielo para sentirlo cerca, mama,

limpio el cielo para ti.

Y de la rotura de tus arenas

y del polvo más indio abriré color

creceré árbol compasivo por tus aberturas

y cada herida sellaré, cantar seguir la huella

levantar el espíritu del agua.

A cantar la tierra.

Limpiaré los caminos para la virgen

y reiré para los santos

respiraré por los ángeles

y a Dios por fin volveré.

Exhumaciones 2010

Restos

¿Qué bestia ha roto la constelación justa de las montañas

y tiró tu carne a las ciudades?

¿Qué bestia atacó la atadura de los pájaros,

ánimas, río y tierra?

¿Quién cortó la estela de tu órgano más delgado

y voló tus cristalinos de un golpe sangroso?

¿Qué gitano por el mundo te arrojó

y te escupió tan lejos como pudo,

desterrando tu corazón de plumas,

siendo la flor del aire el castigo de la pureza?

Cerros paridos por niños:

andar haciendo pactos con los cóndores

nos trajo purita sangre.

¿Qué bestia devoró el pacto de las lenguas intactas

y quebró el agua de los esqueletos solos?

Hueso quebrado de la montaña, pájaro sin vuelo:

¿Qué rumor de púas estranguló tu paso

y marcó tus ojos tan morenos de vergüenza?

¿Qué Cristo te arrancó el espíritu de las aguas

y piedras y pumas de la sangre hirviente?

¿Qué Cristo, qué virgen te arrancó el espíritu?

Exhumaciones 2010, Camino del ciego Los Ángeles

Cuando el gallo canta a media tarde

y las señoras bordan los pañuelos de sus esposos,

nosotros,

cuando los maridos agitan su cuerpo en los burdeles

y las viudas caminan solas por las habitaciones llorosas,

nosotras,

mientras los albañiles construyen edificios para dictadores

y las lavanderas enjuagan las sábanas manchadas de las

/ señoritas,

nosotros,

nosotras,

mientras los bares reciben a los solos y se prenden los

/ faroles,

nosotros esperamos que Dios

nos quiera ver.

Animitas, 2015

Clarisa Delfa Llancamil Llancamil, 14 años,

asesinada y violada por padrastro.

Ahora su madre vive sola y le escribe cartas,

pero nunca nunca visita la orilla.

Salí al camino con mucho miedo,

solo sentí un silbido en mi cabeza.

Me siento desamparada.

Mama Llancamil me parió entre las rocas del río, quiso tirarme

a las aguas y las aguas cantaron los hijos somos del cielo y

de nuestro Señor Padre de todo, mama Llancamil tuvo miedo

y partió conmigo dentro de un canasto pa’ regalarme como un

perro.

Animitas 2015

Las piedras se persignan y los campesinos

encienden con las plegarias algo de nuestro espíritu.

Ahora destos cuerpos solos

quedan nuestras apariciones

reencarnadas en pájaros y oraciones pasajeras

y viento mucho viento por las noches.

Animitas 2015

Rogelio Liborio Castro Gómez, 56 años,

después de golpear a su mujer Fidela Brandina

salió a tomar y cayó

en el arroyo junto al camino.

Nunca tiene flores, siempre está malhumorado.

—No quedé ni ciego ni cojo,

solo algo azul y adolorido.

—Oiga, no se haga na’ el santo usté’ se merecía

harto más que ahogarse en su locura,

sin manos ni cabeza lo habría deja’o,

condena’o wecufe, veneno de piedra.

Ojo por ojo Rogelio, Dios

nos da a todos con su rebenque.

Escucha el tambor con furiosa llama,

sintiendo ese mismísimo dolor

de querer ser Dios,

de querer ser cielo.

Animitas 2015

Víctor Mendoza Collío, 46 años,

asesinado con escopeta por desconocidos

a las afueras de su casa, frente a su hija.

Se decía que luchaba por recuperar los

terrenos expropiados por el asesino

de la república y en esa pugna obtuvo

muchos enemigos. Su hija todavía

se sienta fuera de la casa a conversar

con él, él no escucha y todos los días

son aquel día.

¡Ay! ¿qué culpa he tení’o? ¡ay! que balas por la espalda

y es de noche siempre de noche,

tengo tan hela’o el cuerpo, tengo tan hela’a el alma.

¡Esta tierra! ¡este puñado de tierra!

¿es nuestro, mi hermana?

¡ahora nuestro ahora mío!

y vago por el sembrado

haciéndome esquirla maldita,

pequeñas basuritas.

¡Ay! que balas por la espalda.

¡Ay! que rabia de mil perros.

Collío desmenuza la tierra tratando de encontrar la respuesta,

qué larga es su tristeza de haber partido tan lejos, pero

de estar tan cerca.

Animitas 2015, Gramaje Santiago

Nace la hija de la lavandera

Vaya bufido que he dado ha salido un sol volado

de mi vientre un palomar soltó un torbellino,

el señorito no ha sabido de la vida

hasta ahora hasta ver las alas de mi achira.

¡Qué belleza!, la dulzura de las manitas

pelito de fruto y corazón de tierra calado.

Vaya bufido que he dado ha salido una luna bañada

quinqué de mi noche venas mis aguas ha llegado,

azul mimoso fue mi grito salió la estrella alumbrando

vísceras y sangre reciben a la hija lavanda,

dolores del cardo he sufrido entre otras parturientas.

Todas las mujeres gritábamos juntas esperando

el llanto nuevo la vida tan alta.

Vaya bufido he parido grande y contraída

a la niña culebra verde azulada,

entre leche y sangre nace mi carne

una granada de otoño se abre entre placenta y aullido

en un crujir de pelvis se asoma la belleza animalada.

Son mis huesos sin mis huesos

es mi carne sin mis carnes es otra, pero mejor.

de La hija de la lavandera, Garceta Ediciones. Santiago 2018.

Arrullo para el niño Huenante*

Los niños encardados no deberían desaparecer

podrían llegar gritando desde el bosque uuuiiiiuuuuu

achirados los niños deberían llegar a casa ¡sí!

y alborotar a los perros y a cuanto zorro vive entre el peumo.

Es septiembre con esa lluvia solapada

y anda de loca lavando la sangre de la huella

borrando toda seña de los captores.

Yo que tengo a llanto la mitad de tu sangre

y un corazón achirado por el castizo

me pena a esta hora por no escuchar tus latidos.

Es septiembre y por el río no crecen las achiras

ha de ser eso entonces

no has visto los colores que guían nuestras almas

ha de ser eso entonces

o el pasaje en la noche

o los árboles que desechan sus flores y

todo se vuelve un llanto en tu casa,

aún se arrulla tu camisa y toca la cicatriz de tu frente.

Ay de mi niño encardado susurra

mi cielito Huenante.

*José Gerardo Huenante Huenante, 16 años, joven mapuche desaparecido

en el año 2005. La investigación señala a carabineros como sospechosos.

La hija de la lavandera, Garceta Ediciones. Santiago 2018.

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