Javiera Jazmín, Ninios Perros y cinco poemas.

Javiera Jazmín

 

 

FUEGO LENTO

 

Fuego lento tu manera de habitarme

fuego lento tu manera de encender éstas cenizas

consumidas hace tanto.

 

PRENDER FUEGO

al silencio entero,

de mi boca entera

y de tu boca.

A ratos no puedo evitar sentir

que soy parte de una película del cine mudo,

sentir que jugamos a las escondidas,

que hay que irse para encontrarse.

Sentir las ganas de prender fuego a tu boca toda,

y de no escuchar más la triste melodía

que evocan las cuerdas guardadas en tu garganta.

Sentir que aún puedo amarte en el olvido,

que puedo habitar lugares inhabitables,

que puedo deshabitar.

 

A ratos,

no puedo evitar sentirte,

pájaro olvidado,

Luego de haber prendido fuego a tu silencio.

 

A CATALINA

Que siempre encontró la pieza faltante en mi rompecabezas. Que me enseñó a ver

las mordidas de perros viejos aun cuando el miedo nos convertía. Que el “todo

florece, todo florece, todo florece” llega algún día. Y que se pueden abrir ventanas

y atravesar paredes siempre que cierran la puerta.

 

Sumergida,

me llevas a mi interior,

no para que me ahogue,

sino para que me vea.

 

 

 

 

 

PEDALEANDO

 

“Quisiera que estés ahí para que veamos el inicio de un nuevo día luego de haber prendido fuego a esta ciudad entera. El inicio de un nuevo día, donde no hay nada. Nada que perder, nada que ganar. No quiero pensar más en esto como una competencia.” (Camila Mardones)

Qué rabia guacho,

por qué convertir esto en una competencia,

¿Por qué tú?

¿Por qué yo?

¿Por qué?

si ya no hay nada.

Ni que perder,

ni que ganar.

Por qué es entonces que sigo yo aquí viendo

cómo es que voy perdiendo, aunque me haya ido pedaleando.

¿Por qué papa frita?

¿Por qué completo sin kétchup?

¿Por qué té con dos de azúcar?

¿Por qué vaso de leche a las cuatro de la mañana?

¿Por qué?

A veces se gana,

a veces se pierde,

te pierdes,

pero yo, por qué siento que estoy más perdiendo que ganando.

A veces me niego a perder guacho –te lo confieso-,

cómo entender que ya no es.

Yo no sé qué es esto del amor,

pero me niego a verlo como una competencia,

como una ciclovía, viendo quién llega primero,

si tú o yo.

 

 

NIÑOS PERROS

 

Te veo la cara

con ojos fuertes

de gente fuerte

que sólo desea descanso

besos,

de esos

que calman

calman ansias,

calman manos,

brazos, piernas, bocas, lenguas, dientes,

uñas mordidas,

dedos mordidos,

cachetadas en la cara y

puñetazos en la espalda,

mordidas en la nuca

o escupos de tu boca.

Tu boca me cuenta

sobre cómo tu cuerpo danza por las noches

en solitario por tu habitación,

en solitario por mi habitación.

Dice también

que podríamos bailar en el techo,

aunque esté mojado

y que puedo con todo respeto

reír en tus labios,

reír en tu techo

o reírme con tus besos.

De pronto el techo está ardiendo

quema todo esto,

tus pies y el techo.

Tu risa y mi risa, nuestra risa

se ríe del fuego

ríe del llanto

ríe del silencio.

 

S/T.

Veo puertas

entre ojos

entre dientes

me traslado.

No quiero.

Huyo en sueños naranjos

y estás tú sentado en la cama

fumándote un cigarro.

Despierto por el olor,

tu olor,

de nuevo, por favor.

Veo puertas

entre cejas

entreabiertas

deja ver el silencio del pasillo

pero apagas la lámpara y despierto entonces

y está este cadáver

que no siente,

que respira a ratos.

Gime.

 


Javiera Jazmín Bahamonde Vargas (Puerto Montt, 1999). No gusta de sus apellidos, por lo cual se identifica únicamente con su segundo nombre. Trabaja part-time para dedicarse a la poesía, la fotografía instantánea y el teclado. Publicó un fanzine autogestionado titulado "Encender el fuego" (2019).

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