OCTUBRE TRAERÁ TU ROSTRO PARA SIEMPRE

foto del capucha

hay días en que el cemento somos todos
y las soleras son felices al vernos correr
de un lado para otro con los rostros cubiertos
dando saltitos de perro quiltro en las cunetas
en una ciudad llena de fuego nos cobija,
una lectura de poemas proféticos
nos cuentan los secretos de décadas dolorosas
con megáfonos y pancartas que comienzan
su fin bajo esta cordillera oblicua
y es que estos días somos las cataratas
y los parques nos piden limones mordidos
para resistir los gases lacrimógenos,
lesbianas como luciérnagas besándose bajo los árboles
y secundarios tan hermosos como los últimos
rayos de luz que abre el fuego a nuestro paso
en todas las esquinas, en todas las esquirlas
y todos los ojos: nos faltan tantos ojos, mi amor
y es que somos los barrios dando vueltas por el centro
y las cabezas que piden alejarse de tus malditas balas
y cantamos, bailamos, lloramos de vuelta a nuestras casas
caminando horas desde el centro hacia la periferia
luego de abrazarnos y es que somos
los haitianos vendiendo sopaipillas en Nogales
y los los pingüinos arrancando de los liceos
para marchar besándose por la alameda
y también somos los niños del sename
rompiendo tus semáforos y edificios
llenos de vidrios impecables
donde cuelgan nuestros padres con sus paños
y somos las abuelas gritándole a los pacos
que dejen de dispararnos porque hoy somos
los inmigrantes vendiendo ropa falsa en la estación
y los indios que olvidaste allá en los bosques
más hermosos de este planeta y también
somos las barras bravas dando cara a los milicos
y las barricadas en todos los rincones
de este último rincón del mundo,
el laboratorio el caldo de cultivo las paredes
rotas de los blocks allá al fondo de ciudades
marchitas que se levantan y gritamos,
aguantamos los perdigones porque somos
los abuelos suicidados y las mujeres que violaste
impunemente cuando el sol tenía tu oscuridad
pegada en el pecho y aguantamos,
caminamos horas y prendemos fuego,
bailamos alrededor del fuego porque eso
nunca lo olvidamos y llevamos siglos
bailando alrededor del fuego
y somos esa agua que robaste,
esos peces tan hermosos que te llevaste
por toneladas y somos el bosque nativo
resistiendo a tus calderas la lucha de clases
despertando del letargo y tus pastillas,
tus psiquiatras y neurólogos quedando solos
porque somos los niños huérfanos
levantando canciones todos los días,
todas las noches, entre cucharas y perdigones
y somos los selknam que mataste en la patagonia
y los ríos que secaste acá en el centro
y hoy bailamos sol y lluvia y nuevamente
caminamos horas hacia nuestras poblaciones
porque no hay micros, no hay metro
porque quemamos todo de pura rabia
y somos pueblo y somos las manos
que levantan las ciudades estos días
donde el corazón se nos sale por la boca
pero qué vas a saber tú de corazones?
qué vas a saber tú de poemas y huertas comunitarias
creciendo en las poblaciones que tapaste
con volcanita en los contornos?
y es que somos la pregunta constante
de los dioses y las fichas del estado
que ríen y hoy nos dejan
mirando el cielo, las hojas y los linces
cuidando los bosques y los cerros
porque eso somos:
cerros sobre cerros cuidándose
entre los deslindes de las máquinas
y muchos pueblos en un pueblo,
muchas manos apretadas
muchos libros escribiéndose
en este preciso instante, en estos días
y estos labios que somos nosotros:

los más débiles
comiéndose al pez más gordo
que dejó tirada la marea
entre los negativos de la historia

(Santiago de Chile, noviembre de 2019)

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