Adelanto: Peleador Callejero II – César Rey Marchant

En el marco del 7MO ENCUENTRO INTERNACIONAL DE EDITORIALES CARTONERAS, la editorial La Vieja Sapa Cartonera, lanzará el poemario PELEADOR CALLEJERO II de uno de sus integrantes y fundadores, el poeta maipucino César Rey Marchant (Cesarea Antonioletti). Versos que dialogan con el juego de consola más vendido de todos los tiempos,  Street Fighter II.

Este evento será en las dependencias de la Biblioteca de Santiago, el día domingo 20 de octubre a las 16:30 hrs.

Modera: Mario Aravena Neumann
Presenta: Daniel Viscarra

este que ves, engaño colorido

 

las imágenes fueron claras:
golpes certeros a la estructura extendida.

a martillazos caía el Gran Muro
mientras cierres con OSB se multiplicaron

por los contornos de una ciudad
dibujada hacia fines de siglo:

ampliaciones para los hijos de los hijos
en blocks ninguneados por toda

la insidia del sol sobre las cosas.
se derrumbaba la mezcla de hormigón

mientras hirvieron el corazón del siglo
sobre las virutas de estas cuadras,

estaban por ladrar los muertos cuando
me enviaron a pelear con los osos a Siberia:

el mismo lugar donde Bakunin
y Trotsky resistieron el exilio

adivinando la dirección del viento
la perestroika me fue a buscar.

volví lleno de cicatrices en el cuerpo
y el siglo cayéndome a pedazos,

caía la atractiva estructura
de antiguos castillos medievales

y en tierras del sol naciente me imaginaron
-en una épica un tanto extraña-

como aquel rambo que cruzaría el desierto
lleno de serpientes muertas en el cuello.

volví lleno de cicatrices de otro siglo
y me fui a pelear becado al extranjero

vine a salvar al pueblo que imaginaban como
una bodega obtusa, llena de fierros y metales.

nos invitaron a combatir al otro lado
en un torneo lleno de luces y colores

que ganaron los que clavaban
más símbolos y focos incandescentes

en los nuevos paseos peatonales
que terminaban hacia el final del callejón:

este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,

con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido.

un gran cartel publicitario
contuvo en sus tubos el anuncio:

la época se abre hacia el exceso de luz
mientras suena like a prayer de fondo:

Madonna baila en la pantalla
como sólo ella sabe hacerlo

life is a mystery, everyone must stand alone
I hear you call my name

and it feels like home.

excitado, miro la etapa donde peleo
y veo una industria llena de herramientas

veo obreros aburridos y borrachos
en éxtasis por ver cómo golpeo a mis rivales

mientras ojivas góticas a la entrada de feudos
desaparecen en manos de desempleados modernos

sentados en el living de sus casas
al son de la música de baywatch.

miro el mundo donde batallo
y veo fierros, veo grandes cilindros de gas

veo muchos hombres iguales gritar
y no veo ninguna mujer colgando en las barandas

¿no habían mujeres en la Unión de Repúblicas?
¿dónde escribió Selvinski, Tsvetáeva?:

a ti, que nacerás dentro de un siglo,
cuando de respirar yo haya dejado,

de las entrañas mismas de un condenado
a muerte, con mi mano te escribo

que en pueblos donde explotaban misiles
los jóvenes juntaron sus cuerpos

para sentir la catarsis misma
del orgasmo explotando entre las bombas.

entre ellas apareces caminando
con tus pliegues llenos de antiguas capitales

y desnuda dibujas portales
que nacen más allá de la onda expansiva.

luciérnagas entran a la fosa del olvido
mientras suena la III Internacional

y perdidos al centro de un plano general
vimos caer el neorrealismo italiano:

las miradas azules fueron captadas
por tomas aéreas de países destrozados

que vi mientras peleaba alrededor del mundo
sin ver a Dostoievski contento

en ningún otro lugar de este planeta.
llegué de siberia lleno de cicatrices

y la plaza roja fue una herida abierta,
un centro comercial lleno de luces

un fósil de pantallas gigantes
donde exhiben el primer capítulo

de un guión lleno de elipsis y raccontos.
una banda de pop con cinco lindos chicos

suena de fondo y me retiro,
me espera otro largo invierno siberiano:

las antípodas protegen sus extremos:
el choque de dos siglos nubla mis recuerdos

 

 

nostalgias imperiales

los escritores tienen la tenue esperanza
que los vagabundos también sean escritores,
seres láricos y mitológicos que les hagan
creer que ellos también son entes outsiders
y no estudiantes de letras ni magister
en estudios culturales ni expertos
en poesía objetivista o la escuela de New York

los poetas organizan lecturas
en las fronteras de países imaginarios
nadie sabe que existen y aquello les excita
mientras tú buscas combinaciones
entre botones y palancas,
alucinas con la dinastía tang pero
piensas e intoxicas con verbos tus versos
mientras fumas al otro lado del mundo
y abres un mall chino en la periferia de ciudades
que nada tenían que ver con el wen fu

vienes arrancando de tus fantasmas
y ataraxia, amas a Charly García mientras
vives en un continente pintoresco
y tu única esperanza es que nosotros,
los chinos, leamos seriamente a Kafka
en nuestros locales de meiggs
y los gringos ojalá no se vuelvan
nunca, pero nunca, buenos pa´ la pelota

escribes esto mientras practico
sumo en la ficción de una consola
y las olas del mar muerto abdican

en las sucias esquinas de tus barrios anotas:
los poetas occidentales
nunca pudieron superar a freud,

su poesía es aún, deudora del silencio

 

 

 

V. sigue saltando desde la reja
y los poemas son indefiniciones por definición

los combatientes bellos
nunca pierden batallas
gritabas mientras volabas por la reja
con ese tono tan dulce
de un rapsoda levitando
sobre los techos de la tradición.
lleno de colores
penetrabas sutilmente
los cuerpos tan toscos de tus rivales
y es que lo tuyo siempre fue
la sutileza, el flamenco
y narciso dibujándote en las posas
que bordeaban las industrias.
los delicados huesos de tu fenotipo
digno de tumbas barrocas
y los músculos fuertes como mausoleos
en las afueras del vestido
fueron siempre los puntos de fuga
de tu belleza esquiva como
la isla de plástico en la polinesia.
la dulce caricia del más
sanguinario de los sicarios
la dibujabas al detalle
con una sintaxis macabra
junto a pixeles mezclándose
sobre pantallas multicolores
que bien sabían narrar
desde todos los ángulos la guerra

tú cantabas y te movías,
te movías de una manera
tan magenta, tan esdrújula
y cercana a la danza de una muerte
que vendría con el rostro cubierto
a sacarte las tripas por la madrugada

te movías y tu belleza
era la finta de una estética peligrosa.
cantabas en forma tan aguda
y te movías, sutilmente te movías
y la culpa en tu cuerpo judeocristiano
eran diez mil perros sin boca
ladrando en éxtasis afuera de los museos

tus ojos verdes siempre peligrosos,
atractivos como los ojos de virgo
y todas aquellas córneas
que reflejan el peligro de la burguesía
camuflada al interior de los abedules

tu hermoso cuerpo devoraba
mis tardes bajo las sábanas,
a escondidas del mundo
miraba como cantabas y te movías,
tu cuerpo devoraba el caos
como esos agujeros negros
que consumen desde el anonimato
las categorías con que nombramos
al mundo y sus arrugas.
tu belleza se escondía en intuiciones,
en girasoles eunucos reemplazando
los miguelitos brillantes que caerían
sobre los pasajes de esta población

tu rostro se intuía bello bajo la máscara:
todo de ti había que intuirlo
y mirarlo a escondidas de la sal
-con los espejos girando obtusos
sobre la cadencia de tu acento sevillano-

tu pelo difuminaba los géneros
y tu aspecto era el insert coin
que buscaba toda la tarde en los videos,
tu cuerpo era la frontera mental
ante la misión macabra que traías

y es que siempre fuiste
el ángel de la muerte rajándose el pecho
luego de hacerme el amor,
siempre fuiste la langosta
puesta en la mesa del mandinga
mientras caías desde la reja
hacia el charco de sangre
que necesitaban aquellos dioses
que conocieron el mediterráneo
pero nunca vieron los silogismos
al fondo del pacífico sur

el silencio siempre fue
tu aliado entre las calles
y la trenza que caía sobre tu cintura
hacía aún más bella tu silueta.
tu cuerpo tan dulce y delicado,
tu tono de voz tan afrodito
seduciendo los contornos de andrómeda
y tus bosques llenos de humedad
tocando mis manos por las noches
al mirarte volar por la reja
y caer encima, bien encima de tus víctimas
y yo tocándome por dentro,
sobajeándome la entrepierna lentamente
al verte caer por las noches
de una manera tan sutil
con tus genitales tan difusos,
indefinidos ante la culpa de excitarme
con una figura tan delicadamente asesina,
tan etérea para los cánones
de un padre y amigos
que se masturbaban con mujeres
voluptuosas inundando los vitrales
de estas casas tiradas
más allá del tiempo, al norte
de una moral pechoña
como daño colateral del subdesarrollo:

los peces muertos avisaron
la existencia de un río antiguo
corriendo entre los pliegues
de tu cuerpo hediondo a imperio
y las rejas del mundo
perdieron el sentido sin tu voz

aquella noche alguien gritó:

V. sigue saltando desde la reja
y parece un poema: dibujos en el aire,
sonidos fraguándose desde el siglo de oro
y la influencia árabe sobre la península ibérica:

garabatos vomitados
al salir sangrando desde las comisarías
junto al misterio del vacío
que-queda-al-interior-de-cada-verso:

tu bello rostro cubierto
fue para nuestra generación
la alquimia misma del poema:

indefiniciones logradas por una extraña definición
y la consola prendida hasta el alba:

la pubertad dibujada en círculos
y un país recogiéndose a pedazos

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