La Potencia de lo Libre – poemas de Matías José Morales

NO ERA ESTO LO QUE IMAGINÉ CUANDO ME DIJISTE
«UNA VIDA EN LA NATURALEZA», PERO ME PUEDO ACOSTUMBRAR
A LOS CUERPOS EN EL SUELO Y LA VARIEDAD DE SABORES QUE DEBEN TENER.

Entre lo uniforme y verde
de tus ideales de amor
hay sectores que tienden

a ser redondos

donde el pasto
se proyecta desde el fondo
por la nutrición de los cuerpos.

Delincuentes voluntarios
se pudren
en el campo.

Los ojos lloran por el hedor
a valor altruista
en la ciencia:

treinta grados a la sombra
y el aire
es húmedo, pesado.

Cada cuerpo
deja una silueta
de hierba muerta, pero luego
la altura de lo verde se venga:

arbusto
vigoroso como estatua
tributo al reposo.

La sangre se acumula por el frío
luego viene un banquete

que termina
por reventar los tejidos.

LO QUE DIJO JESÚS LUEGO DE VOLVER AL BRONX

Esta es la casa
donde nací, y he tratado
de alejarme de aquí.

Ahora
sé que me quedaré.

Dentro de la casa
hay un niño llorando
¿lo puedes oír?

Le dice a su padre
que sigue vivo
y que el árbol será testigo.

Marca con tiza
mi contorno en el suelo, dime que soy
el último movimiento
de algo importante.

Te recuerdo parado
en medio del baño, atrás escrito
en negro sobre la pared decía:

trauma, y los tambores
retumban hasta explotar
hacia dentro.

EL ÚLTIMO: YO

Enterré doce perros muertos
ahí mismo donde dijiste
que arrugas serían testigos
de la complicidad supra sensorial
que nos une a un enjambre.

Enterré uno
por esa vez que cantaste boleros
sobre narcos enamorados de gendarmes.

Enterré dos
por la sangre cuajada en balde.

Enterré tres
por culpa del planeta tristeza.

Enterré cuatro
y uno después, antes que los payasos
se den cuenta
que los niños son cobardes.

TRAP ACÚSTICO BAJO LA HIGUERA

Escúchame, esto es importante:
mis problemas
los entierro en el desierto.

Alfombras persas los envuelven
como el vómito morado
envuelve a los promiscuos de nuca
con el pavimento.

No me pidas favores
que la virgen cumple
a inválidos en semáforos.

«Descansa en pis» dijiste bajo la higuera
en San Juan, yo lo supe al tiro:

mis órganos se caen de sueño.

Tú lo sabes por el sonido sintético
de nubes / pétalos

manipulando teclados que generan
atmósferas cómodas
para los amantes de Vangelis.

Así que disfrútalo, verme sufrir
es tu derecho de nacimiento.

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