UN CAMION SE INSENDIA EN EL PEAJE CAPITULO 3 “TE AMO PARA SIEMPRE”

Martina Nimcowicz

De pronto el sonido del Treile (queltehue) le da de fondo al pasto y yo pregunto

-¿aquel pájaro es el famoso brujo?

Nadie responde.

Después de unos minutos canta un Zorzal y quedo fijo mirando pegado a lo lejos. Mis ojos se transforman, se dejan hipnotizar, se convierten en altos Canelos, cuando una nube roja se apodera del horizonte y tristemente se identifica gracias al eco de un lago con intenciones de traducir a la hermosa Rita Pauls.

Alguien limpia ropa a mano en una batea, de fondo todo lleno de humo.

Es la casa de Caballito, CABA. Willy ha venido a vivir, trabaja al lado, en el Supermercado Chino. Mi viejo (el encargado de la casa, un tipo amable, un albañil de San Juan a quien adopté como padre durante mi estadía en Argentina) le saluda cada vez que baja por algo de vino.

Es detestable que la Mujer Azul esté tan lejos, no aparece hace 3 días, casi muero en llanto en el subsuelo de un viejo caserón en una esquina del barrio de Flores mientras un trovador llamado Walter Machado cantaba viejas cancioncitas de la Guerra Civil Española, en uno de los aniversarios del Partido comunista o de la Federación Juvenil Comunista de Argentina.

Recuerdo haber visto a Ayelen Beigdeber con la mirada más hermosa que jamás conocí, creo habérselo dicho segundos antes de reconocer entre la obscuridad al señor X, quien trató de persuadirme para que me lanzara de la azotea justificándose porque según el, yo jamás sería feliz sin Isidora, cosa que es muy probable pero: ¿para qué morir? Esa ridícula idea la consideraré después de aprender perfectamente ramos nobles como la Física, la Biología o la Química.

Mi aspiración es mayor a la del vuelo de los TETUES que me vigilan 5 años después en la casa de los Burgos en Frutillar del Sur De Chile, en la décima  Región de los Lagos. 

Algo remese afuera, alguien está abriendo el portón. Son 28 camiones militares, han cercado todo efusivamente. La parcela ahora parece un campo de concentración,  convirtieron las pesebreras en impenetrables calabozos, están bajándolos uno a uno y poniendo en filas a un rebaño de humanos. Cae al barro la muñeca de una hermosa niña llamada Sofía Vaisman. Los soldados se impacientan y con voces violenta dan órdenes a los prisioneros de desnudarse. Posteriormente dividen a los Hombres de las Mujeres y los Niños, les entregan trajes sueltos, todos iguales y se pierden camino al horizonte.

A las Mujeres las revisan bien, miran sus dientes sus lenguas sus pupilas, palpan sus espaldas, sus estómagos sus senos. Les cortan el pelo. A algunas las sacan de las filas y las dejan junto a los niños quienes esperan a que el grupo de sus madres, hermanas, tías y primas también se pierdan camino al cálido y bello horizonte.

Es tan triste este lugar, Isidora, está sobre un techo de Villa Crespo con una frazada y un plato con frutas, yo la miro de lado disimulando el terrible temor que me generan las alturas.

Es la persona más hermosa que pisó esta tierra. Los ojos le cambian de color dependiendo de la dirección de sus emociones. Es fuerte, mucho más fuerte que yo, quizá la persona más fuerte del mundo, al menos de quienes estamos vivos en este extraño tiempo. Es solitaria y tiene un corazón incapaz de traicionar a nadie.

Su pelo castaño claro llega hasta sus hombros vestidos de lana roja. Bajo sus ojos siempre hay una humedad como de musgo pantanoso, es como si llorara pero sin motivos aparentes, pero; ¿es obligación acaso tener motivos para llorar?

Mientras mi abuelo, el año 2007 se asfixiaba en una clínica de Santiago de Chile, yo me encontraba en Iquique sufriendo porque la Ekaterina se marchaba a lo lejos en una oscura costanera con unos chicos del sur. Yo me quedé sentado amargamente  con mi amigo de ochenta y pico años y otro de sesenta y seis que manejaba un taxi y escuchaba rock&roll. Esperábamos que nos llegara la marihuana para la mañana siguiente, hacer retorno a la ciudad de Calama de la Región de Antofagasta de Chile.

En el camino creí que sería yo quien moriría, entonces escribí en un papel una carta de Amor dedicada al destino donde terminaba todo, con intención de liberar o al menos calmar a la gente que me quería diciendo: “Soy Juan o Pavel o Gastón, una persona que jamás quiso a nadie”

Se fue la luz del sol en dos ojos azules provenientes de una oficina salitrera desaparecida.  Inmensamente cerrados para el camino pero terriblemente abiertos por toda la eternidad para el amor. (Te amo Abuelo Tiberio, jamás podré olvidarte)

Si no fuera por Isidora ya me hubiera muerto, ella igual se aleja, igual desaparece, pero jamás me abandona del todo porque vivo en su interior y la escucho cantar en la vibración del torrente, en el ocaso a todas horas, donde dios dejó teñirse un plan para que el absurdo me despierte y pueda aun seguir despertando inevitablemente por el resto de mi vida, sin importar el cansancio, las secuelas de mis adicciones, el terrible paso del vino por todo mi cuerpo que me trae a la locura, a la desesperación y a una especie de soledad de contacto con humanos porque no pueden, a veces, con mi ridículo ritmo.

Hacen caminar a los niños y a las mujeres seleccionadas, hacia el fondo de una vieja cabaña construida con tejuelas, dan la orden de cerrarla con un gran candado gris. De pronto las nube se aprietan y el Señor X con un bello traje gris-verdoso se acerca a una de las paredes llenas de fardos secos de paja y la rosea con bencina, hace caer su cigarrillo. Se escuchan gritos, llantos, silencios, poesía, amor, cariño, derrotes, encantos, más amor, más silencios, más poesía y el canto de los niños desparramando futuro, un futuro tan impreciso como sus huesos calcinados abrazados entre sí.

En una vieja habitación blanca, Pavel lame el cuello de su novia Judía- Argentina. Se hacen promesas “Te amo para siempre” Ella se sienta sobre El,  hacen el amor con un concentrado silencio,  dejándose florecer mutuamente. De la espalda de Martina salen alas, la ketamina hace efecto pero es muy pronto para volar, así que  deja resignada que él la siembre. Luego se miran nostálgicos y se quedan unidos lentos minutos hasta que uno de los dos vuelve a la promesa “Te amo para siempre”. En la habitación paralela se escucha a un hombre romper en el más amargo llanto porque se acabo la pasión, el aroma del país era el humo de una infusión de manzanilla y bilis y quizá, si queremos, de una dulce madrugada.

Luego, Martina se va a una escuela de secundaria donde hace clases de italiano. Pavel baja al supermercado Chino y compra una botella de cerveza isenbeck y otra de Vino Moscatto de la viña Crota de San Juan o Mendoza (una pelea que jamás se resolverá). Pasa el día mirando una de las ventanas de su habitación en la pensión de Capital Federal. Escribe un poema o eso él cree que escribe. Se trataba de un poema que hablaba del Mar, de la extraña irregularidad de la respiración de dos cuerpos, dos medusas grises, en el fondo, muy atrás, debajo de un bote de pesca artesanal en el agua Gris de la Caleta de Gatico, en el norte de Chile. Luego cierra las ventanas, las cubre con una manta negra, cree que ese día moriría. Fuma lentamente su último cigarrillo, abraza tiritando un dibujo que Martina había dejado para él cerca de la cama. Llora a lágrima suelta, toma un trago de Moscatto, huele la almohada, piensa en quitarse la vida como todos los días pero siempre al final, se queda dormido. 

Viniendo de un mundo sin piedad donde solo nos salva el amor, es más fácil caer de frente antes que diluirnos. No pediría que nadie viniera ni mucho menos ser salvado.

Con unas exactas y profundas doce de la noche el cielo se deja teñir, por unos minutos, con los más intensos y bellos colores dejando a las estrellas vestidas con trajes de gala, y a mí debajo, con la sidra y una lagrima a medio caer.

Se terminó el año 2018 en casa de los hermanos Burgos. Esperamos sentados alrededor de un fuego hecho en un agujero. Estamos en la décima región, muy lejos de mi casa, a dos días de viaje en auto-bus, quizá más.

Pasan los años, sí, pasan, pero de la vida no se puede perder ni un solo segundo. Alguien grita afuera, en medio de los abrazos. He estado un poco enfermo, pero mañana el campo amarillo de la casa de mi amigo Diego Burgos me volverá el ánimo. Me ofreció que me quede el tiempo que tarde en terminar este libro. 

Rita Pauls baja por una hermosa quebrada y dice poder confundirse con los arboles. En esta parte del sur de Chile hay más de mil hijos y nietos de colonos Nazis habituados al kuchen y a la buena cerveza. Todos sus poemas se definen en la última luz del campo, cuando cuelgan las jardineras y limpian sus manos con aroma a vaca y a leche para sentarse en una mesa con una familia poco numerosa y clavan sus ojos azules en la profundidad de un plato con embutidos y papas hervidas. Todo esto sin decir ni una sola palabra ni mucho menos mirarse. 

Afuera, Pauls vuela hermosa convertida en un queltehue, luego nada fascinantemente convertida en un pez salmón. Sube a los techos de las casas convertida en una gata. Juega con los niños, ama la poesía, pero además, ella es la poesía. En sus ojos se ocultan los más bello versos y mira fijo un lugar y sonríe en la lentitud del oleaje y vuelve a caer llenando las trincheras de amor y el verde pasto de la tarde en un cuento que espero no termine jamás porque los ojos de Pauls son lo único que nos podría salvar de la locura y la miserable vida y el estúpido destino que nos heredaron los antepasados y que nosotros hemos roto.

Soñé que éramos pintores y que nos escondíamos dentro de un estanque para el agua en una ciudad parecida a Puerto Varas. Luego por un horrible descuido que no voy a mencionar para evitar recordarlo desaparecía Isidora de mi vista, alejándose con ella los policías y los perros.

Tras una extensa búsqueda que ha durado toda mi vida, desde que la invente como el primer personaje amado de mis cuentos de niño y posteriormente cuando una noche en Baires por solo suerte y destino (como si fuera poco) me enteré que era una persona de carne y hueso merecedora de todo mi amor y admiración. 

En el sueño un pavo real fucsia me llevó hasta la casa de Isidora en un planeta desconocido. Al verla no me reconoció, estaba en una cama, enferma de fiebre. Me mostro la fotografía de un hermoso bebé. Me fui.

El amor de mi vida se disuelve por la noche, se convierte en canciones para niños

El amor de mi vida queda entre los puentes, se confunde con magnolias, se convierte en un país.

El amor de mi vida me encuentra solitario, prende las luces de los cerros, hablando con los espíritus. Esta intacta en mi porque habita en mis manos. Es la sangre en mi pecho, en mi días sin color.

Está en mis ansias, en mis delirios, en mis derrotas 

Como una fugitiva con intenciones de dormir. Amamanta a un bebé de dos mese. Esto a más de un año de mi sueño y yo me muero en la habitación del lado, con una cuna vacía y mi silencio es un charco de lagrimas de amor que me trago para no despertar a nadie, de amor por admirar tan trágicamente su creación. Entonces veo a través de la ventana a la tierra girar, estornudo, alguien camina por la oscuridad sobre un pasto obscuro y un recuerdo incendiado vuelve a quemar mi cabeza. De pronto se acerca y pone su mano al otro lado del vidrio como queriendo que yo haga lo mismo, sus ojos extraños y hermosos me miran fijos y serios, luego se disuelve pero me queda su cara, la cara de Rita Pauls en una tarde a segundo de convertirse en la noche de Puerto Varas. 

El Señor X se alejó, quizá volvió a interpelar a mi padre en un juicio injusto claro está, porque a ninguno de los dos les gusta perder.

La amargura duerme conmigo mientras miro hacia el campo y Silva una ventana a medio abrir.

La gatita del Diego Burgos juega con mi pies y estas páginas se terminan manchando completamente de  lágrimas y vino. Si existe dios creo que hiso su trabajo perfectamente bien porque aun puedo escuchar a Martina diciéndome “te amor para siempre”.

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