Reseña: Rudimentaria de Paula Merlo — La Mano ediciones

Susurros de punk y subversión

 Por Christian Aedo Jorquera

 

 

La poesía está inscrita en lo más profundo del sustrato de todo el lenguaje. La mayor parte del tiempo nos comunicamos mediante gestos poéticos; para nombrar la parte baja del cerro se dice pies o faldas, ir bien vestido es andar tapizado, así como la locura es peinar la muñeca. El habla desarticula la lengua y se reinventa, se recodifica para liberarse, se ajusta a la existencia, a lo corporal del lenguaje, de ahí que constantemente se resista. Entonces, en el mismo acto de nombrar (decir), al tocar la realidad,  algo se fuga, se escapa al entramado de normas que rigen lo cotidiano, suspendiendo los mecanismos de dominación inscritos en las costumbres y todo la asimetría e  injusticia que descansa en el interior de ellas. Esta forma de resistencia que recorre el lenguaje desde lo más íntimo hasta sus fronteras más lejanas, es un legado rudimentario que ha dejado la poesía inscrita en el habla, en los sujetos, en todas aquellas formas de expresión que son las manifestaciones del cuerpo, de ahí su carácter inasible y esa necesidad constante de trasformación. Existe como una posibilidad, más allá de toda certeza, como una vibración que da cabida a una potencia de alteración. Rudimentaria pareciera ajustarse muy cómodamente a esa suspensión, instalándose dentro de esa vibración del lenguaje que es la relación entre la palabra y la cosa. 

El habla desarticula la lengua y se reinventa, se recodifica para liberarse, se ajusta a la existencia, a lo corporal del lenguaje, de ahí que constantemente se resista.

Sin estridencias, como un susurro incierto, Merlo va construyendo una cartografía personal y urbana, que tensa la relación entre el espacio público y privado. Un lugar que pareciera no tener realidad, pero a la vez es el campo germinal de toda verdad. Lo íntimo es justamente en ese lugar de tránsito, en el que se  cruzan los afectos, los deseos, como en una feria o como en el recorrido de  nocturno de la 210,  “como una casa deshabitada o una esquina Punk” nos dice Merlo en el libro. Espacio en el que se dan las complicidades, antecedentes primigenios de lo colectivo, un espacio dialogante que problematiza el silencio sepulcral de las condiciones determinantes. En el recorrido que nos plantea el libro, lo privado es devuelto al lugar de lo íntimo, desprendido del peso de  cualquier propiedad sobre sí para ser entregado en el gesto cotidiano, como una invitación que nos espejea desde la experiencia como practica y la observación como testimonio. Esta experiencia-invitación no busca montarse sobre la demás jerarquizando los afectos, más bien se presenta como la superficie llana de un espejo en el que somos invitados a espiarnos. Es precisamente en este gesto que lo público es recuperado para el colectivo, devolviéndole sus dimensiones dialogantes, sociales o comunitarias si se quiere. Es sobre esta tensión, que devuelve ambas dimensiones a sus orígenes que Rudimentaria se abre como un espacio de tránsito, un intercambio experiencial, un lugar de complicidades.  

Merlo va construyendo una cartografía personal y urbana, que tensa la relación entre el espacio público y privado. Un lugar que pareciera no tener realidad, pero a la vez es el campo germinal de toda verdad

Desde este punto, Rudimentaria se presenta como un aparato, una máquina que regresa a sus aspectos básicos y elementales lo público y lo privado, entendido desde aquí lo básico y elemental como aquella vibración original e incierta que es la poesía en sí misma. Una posibilidad de alteración en el orden de las cosas, un gesto fecundante. En el libro, esta alteración está inscrita en la ritualidad de lo cotidiano, en las costumbres, en la rutina. Y es mediante el poema que Merlo logra hacer saltar dicha esta potencialidad como una forma de resistencia en la posibilidad de nombrarse o autodeterminarse. 

Rudimentaria plantean una ruta de gestos cotidianos, una progresión de ritualidades que van configurando un devenir más allá del fenómeno del desplazamiento.

El libro va dejando las pistas de un recorrido que, desde el exterior pareciera ser una colección de imágenes o fotografías. Los poemas aparecen como escenas, en una composición que se va revelando lentamente, de la misma forma que los ácidos van arrancando la imagen al papel fotográfico, aquí las palabras construyen la imagen de una cartografía. Más allá de la ruta trazada entre San Miguel,  Recoleta, Mapocho, o el Juzgado de Amunátegui, Rudimentaria plantean una ruta de gestos cotidianos, una progresión de ritualidades que van configurando un devenir más allá del fenómeno del desplazamiento. Un viaje de regreso inscrito en el gesto del reconocerse, un regreso que es experiencia y conciliación, como una posibilidad de nombrarse que es reflejada en el libro y devuelta al lector quien podrá o no compartir la experiencia, pero que inevitablemente se encontrara a sí mismo en cada una de las imágenes de este recorrido, en la aproximación íntima del afecto. De la misma forma que el habla, que mediante la imagen poética suspende la norma del lenguaje, esta imagen-afecto de Rudimentaria, suspende la reiteración de los hechos, para clavar en ellos la inmensa incongruencia del cuerpo y la resistencia, logrando una alteración en el orden las cosas, un gesto íntimo como canto un memorial, o como las cumbias de un domingo por la mañana, un susurro que es puro Punk y subversión.

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