Un camión se incendia en el peaje – Capítulo I-

Casa de la Región de Los Lagos - Isidora Suzaeta

Rita Pauls y Los Nazis

Finalmente entendí que mis acuarelas volaban
y era tan cierto que se borraban las niñas lloronas
como si no hubieran querido verme partir.

Arriba de un bus blanco habita sobre sus ventanas el agua gris, un camión en llamas. ¡Ay! pobre Calbuco, cúanta desmesura de paisaje, Pobre Calbuco que le armaron un paso-tierra para que deje de ser una isla. Pobre Calbuco Que, desde antes, mucho antes la expulsaron de Chiloé y las brujas y los brujos no sabrían qué más hacer en esa tierra ¿Dónde ir a tomar el Caleuche?  ¡ay, pobre Calbuco! que se conforma con los borrachos mientras el paso ligero del viento acaricia a los pescadores que miran con prudencia el mar verde, lleno de lobos y pelicanos.

Si no fuera por el Sebastián Rechu, el Inti y el Juanrro que ornamentaron un poco los arboles donde la gente se ahorca con una casual y blanca brizna de belleza, estaría pensando mi muerte, la de los demás con una amargura tan fea, estéticamente tan cruda… pienso “ni la música, ni la amistad, ni tanto Arte desparramado pueden hacer algo de justicia en la balanza de los suicidas”

En fin, me fui, me fui en un auto bus y casi no dormí en toda la noche, Me fui de Calbuco, Me fui de la región, un camión de Nafta estaba en Flama, tuvimos que correr a una canaleta, saltar, escondernos con los niños, ser parte del musgo maldiciendo las frías once de la noche.  Sabernos perdidos, encontrarnos bajo la última instancia de locomoción colectiva. De pronto, la Katee corre veloz hacia el fuego, yo no entendía nada, pero entró al autobus, de fondo todo era llamas. Prontamente lo entendí todo. Claro, fue a rescatar la guitarra que abandoné.

Por un descuido y por poner la atención en otra parte mi tetra de vino blanco se fue calle abajo por el canal. ¡Dios!, el camión jamás explotó.

En fin, me fui, me fui en un auto bus y casi no dormí en toda la noche, las primeras películas eran una mierda, ¿te imaginas si partiera esta historia desde el comienzo?

llegué a Santiago de Chile temprano y le pedí al guardia del metro que me vendiera uno de sus pasajes (ya no existen los boletos y no me alcanzaba para comprar la tarjeta que sale $1500 a la cual, además, hay que ponerle una carga mínima de $1000.  La suma da $2500 y yo solo tenía $1200) el tipo aceptó, el viaje finalmente me salió $1000 me tendría que haber salido $700 pero bueno, a la mierda. Pude tomar el Metrotren.

Santiago se repite con sus enormes torbellinos de recuerdos y las astillas que años atrás olvidaba, volvían a hacer erosión sobre mis carnes. Y de algún modo estaban ahí, eran las murallas, los techos, los cerros. Completamente febril y desdichada la callejuela, la vista en los ojos de los niños, la vista en los ojos cansados de quienes salían de la faena, toda la melancolía repartida en la Hora de colación, toda la pena, la rabia repetida en las murallas, los techos, los cerros.

Cada parada es como un cristal en forma de esfinge, como una paciente madre en medio de un agujero a punto de ser fusilada por una tropa de micros, colectivos y ciclistas (estos últimos los menos detestables, aunque igual de irrespetuosos).

Me pareció ver finalmente entre la gente a Rita Pauls. Es probable que fuera ella porque la escena que describo se repetía en  una película sobre los juicios llevados a cabo en Palestina (ocupada por Israel) a un monstruo nazi (pienso en los niños palestinos y en los campos de concentración Israelíes donde los tienen y los torturan, pienso también que si alguien me golpea fieramente yo NO me pasaría la vida golpeando de esa manera a otras personas) pero estaba Rita Pauls y caminaba con su cara seria, llenando toda la Alameda de hojas que ya no servían pero caían frente a su cara de compasión, quedando sus ojos profundamente compenetrados con un paisaje, con un Santiago que cae entre la nuez, dejando hacia el ocaso el frio prisma, la primavera toda recuperándose a penas de las trabas confusas del invierno y el otoño.

Entre la interminable derrota de los hombres y mujeres finalmente llego a casa de Margan y Ana Clara (con quien estamos terminando un Libro).

el día va lento, los chicos salen a trabajar y yo me quedo en casa

me alimento, acaricio a la carlota (una gatita muy simpática) y me vuelvo a alimentar

busco las llaves en el Café los Nogales de Providencia, vuelvo a casa, me alimento

acaricio a la Carlota y nos quedamos largo rato mirando por la ventana hasta notar nuestro propio reflejo iracundo de día martes, luego me vuelvo a alimentar.

Bajo y camino hasta la calle Suecia,

vuelvo al Café los Nogales, devuelvo las llaves.

¿Sabías que con Tiberio (el Padre de mi madre) vivía en una casa hermosa de la población Los Pimientos en Calama de Chile?

¿Sabías que la calle donde vivíamos se llamaba Los Nogales?

¿Sabías que Tiberio y yo estamos muertos desde el año 2007?

posteriormente me encontré con Margan y lo acompañé al ensayo de su banda, bajamos por la Alameda hasta el sector de la estación República

no estaba Rita Pauls en un campo de fusilamiento

ni Tiberio, ni mínimamente las flores que se comparan con la primavera

nada digno que floreciera

¿No es verdad acaso que Rita Pauls paseaba con tres nenes y se perdía hacia el fondo en un hermoso bosque nevado del olvido?

¿no fue verdad que los campos marinaban el color del oleaje de los deprimidos, como el sorbo más espeso y que con sus ojos Pauls podía decirlo todo, como si se tratara de un cielo, de todo el cielo incluso, partido por las recompensas de un canasto hecho a mano con trozos de corazones para conservar el agua que caía por la camanchaca?

Era tarde y teníamos que ir a una sala de ensayo

tocaban “LOS ANIMALES TAMBIEN SE SUICIDAN” (banda de pop punk noise no sé qué.  de Antofagasta, Chile, donde tocan mis amigos, dentro de ellos Margan -pueden buscarla por internet, esta re bueno-.

llamé por teléfono a la Catita, hace tantos meses que no veía a la Catita

la última vez fue Para el cumpleaños de un amigo que está a cargo de una de las casas de Neruda en la que vivía con una pintora Argentina llamada Delia.  La casa se llama Michoacán de los guindos y está en la comuna de la Reyna en Santiago de Chile.

Acordamos en juntarnos. Nos encontramos en la estación del Metro los Héroes, hacía frio y el tiempo no paraba de correr y ella solo tenía unos minutos.

la correlación exacta, era como si me martillaran ahí mismo y el cielo

el mismo cielo se ofrecía de cruz, pero no hubo tal terremoto ni si quiera me dieron la posibilidad de ser atravesado por una lanza, cosa que hubiera sido de mucha ayuda para mí.

vi saltar destellos desde sus ojos y toda la polución de pronto

era como un suave roce de Niebla

y el mar, el mar era la verde y recortada aparición del pasto

y la policía en transparencia y los dioses y yo ¿yo?

Que me estaba moliendo por dentro entre cada espacio

Buscando de cada nube el camino mortuorio y fugaz

La velocidad con la que avanzan a sabiendas del delirio

Los trenes de la noche

Que me llevan y me tiran incluso cada vez que pueden

A las Calles Avenida La Plata y Pedro Goyena en Caballito, CABA

¿Para qué?

Para espiar por el ojo de mi puerta de madera

La ronda final

Aquel barrio Argentino que abandoné para volver a mi país

Pero acá estoy

justamente en la mitad, y soy la plena invocación de un día que terminaba

Catalina achina sus ojos como en cada despedida

Y quedan algunos reflejos de sus pecas hasta que todo lo consume la oscuridad

nos despedimos. Sí, se fue.

¿Seré acaso yo quien invoca en este mar a los caídos? Queda poco, casi nada para tomar un avión y alejarme aún más del sur que amo, de la casa rosa de la Katte por Piedra azul o Parpalem, del ruido de las canciones primaverales, las casas con vidrios rotos de Metri en la Carretera Austral, el aroma fetal de los consientes, El amor profundo de Isidora y su Puerto Varas, el inapropiado resplandor de un fuego interno, el cariño, aún más cariño imaginario, de los duendes que determinan mi estadía.

La locura como único espacio, abriendo filas sobre la hermosa transpiración del vidrio de un bus que al salir de Calbuco se encuentra con un camión de Nafta en Flama y gente corriendo, entre esos yo que terminé en un canal a un kilómetro de distancia con otra gente y de pronto sobre nosotros las botas de un oficial Nazi que decide en qué momento agarrarnos a tiros.  Rita Pauls abre sus ojos y su espacio sonaba como el brusco silbido del viento entre los largos eucaliptos del sur de Chile, aunque estaba envuelta entre el abrigo de tantas décadas atrás. Su mirada provoca silencio, su mirada que es tan exacta entre la tierra y las Botas, entre otras miradas incluso, entre la corriente firme de los cuervos que vuelan, que pronto vendrán por los hijos de los hijos, así como aquellos que no encontraron jamás sepultura.  La vista queda intacta, se convierte en un fotograma interno, indestructible, eterno. Entonces no hay más dulzura que los caminos armados para que la gente vuelva a la niñez, al primer Hogar, a la madrugada de los ojos cerrados, al fondo del Útero. Pauls en la película, intenta mostrar a su hijo para ver si hay compasión. Pero no hubo compasión, solo una marejada divina y el fuego que al juntarse con la sangre fue capaz de armar los más grandes poemas de amor vistos en nuestra extraña Humanidad, y se repetía en los campos de concentración de la guerra civil española, en Argentina, en Italia, en casi todo el mundo… en la dictadura de Pinochet ¿Cómo Víctor Jara escribe su ultimo poema, que termina siendo una muestra de horror y de belleza al mismo tiempo?

“Pero de pronto me golpea la conciencia

y veo esta marea sin latido,

pero con el pulso de las máquinas

y los militares mostrando su rostro de matrona

llena de dulzura.

¿Y México, Cuba y el mundo?

¡Que griten esta ignominia!

Somos diez mil manos menos

que no producen. “

 

En el discurso de Raúl Zurita al recibir el premio Iberoamericano hace mención de otro escritor,  Robert Desnos, capturado por la Gestapo, luego enviado a Auschwitz, Buchenwald, Flossenbürg y finalmente a Terezínque donde aun sabiendo que moriría esperó como pudo unos días, solo para escribir:

“Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.

Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las

apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta

ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente

y tus labios que los primeros labios y la primera frente

que encuentre.”

Entonces como un mar de aguas y flores rojas, se abrió el pecho de todos

Estamos muertos, no volveremos a ver un Camión de Nafta en flama

Rita Pauls.

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