Camilo Brodsky: Queremos ser felices, y es mezquino no poner lo que uno pueda para ayudar a ser felices.

Por Daniel García Rojas y Camilo Lefort

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Comencemos por el principio ¿Quién es para Camilo Brodsky, Camilo Brodsky?

¡Ah, comenzamos con esas preguntas!

Más bien, te pido hacer un resumen de tu vida. Ahondemos en los hechos, no en cuestiones metafísicas.

A ver, en realidad empecé bien chico a meterme en hueás. El compañero de mi vieja estuvo relegado el 84 en Cochrane, y partimos todo para allá. Yo estudiaba en el Latino, y cuando volvimos, el 85, fue el terremoto y secuestraron a Manuel Guerrero y José Manuel Parada. Ese año empiezo a meterme en la FESES, y bueno, al poco tiempo entro a militar. Milité en la Jota, luego me salí de la Jota alrededor del 90, después del octavo congreso, y de ahí para adelante siempre estuve metido en hueás, algunas literalmente hueás, muchas veces. Pasé un periodo medio tormentoso después del 88, principios de los 90, cuando cae el muro y se viene el plebiscito y toda eso, donde todo era muy confuso. Además era re chico, tenía catorce, quince años.

¿A qué edad comenzaste a militar y dónde?

Entré a militar como a los once, doce años, porque venía de una familia de izquierda y estaba en un medio enque hacerlo era medio inevitable. Además el contexto te obligaba también a tomar decisiones a veces muy tempranamente.

¿Pero tenías compañeros de esa edad?

Sí, claro, en esa época era relativamente común, habíamos muchos que estábamos en eso, sobre todo en el contexto de la educación media. El Latino (colegio) era muy politizado además.

¿Te iba bien en el colegio?

No diría bien, pero tampoco mal. De todos modos yo terminé la media en el DUOC, hice dos años en uno, o un año en medio, en realidad, porque me fui de la casa a los 16 y me puse a trabajar. En tercero medio estuve de junior, me fui a vivir a una pensión y después salí del colegio. Seguí trabajando y entré a la universidad ya más “viejo”, debo haber entrado a la universidad pasados los 20 años, una cosa así.

Pero era un objetivo la universidad o era un elemento político del contexto.

No, en ese momento tenía que ver con que yo andaba más anarco, producto de todo, era un a manera de ver las cosas que estaban pasando no más. Después decido meterme a la Católica porque quería huevear a los curas, en realidad, y  porque en la Chile había demasiados hueones de izquierda y no tenía mucho sentido irse a meter allá.

¿Fuiste Punketa? ¿Onda Anarco?

Era más bien de lecturas anarquistas. Estuve metido en algunas cosas, pero muy solo. En esa época no había nada, era más árido todo. Había, creo, una coordinadora metropolitana anarquista, donde había un viejo español, zapatero, y había harto punketa también. Pero en realidad estaba haciendo cosas con mis amigos. Armábamos protestas contra la primera guerra de Irak, cuestiones más bien disparatadas, la verdad. Después de un tiempo entré a la universidad y ahí me vinculé más orgánicamente. En ese momento había muchos colectivos universitarios, y yo participaba en uno, y en algún momento decidimos ir a pelear la federación, casi como una humorada, y ganamos con el Álvaro Ramis y otras organizaciones de izquierda y colectivos. Eso fue el 97. Ahí estaba completamente metido, porque era del activo político de todo ese mundo. Al año siguiente fui consejero ejecutivo de la federación y después fui medio candidato a la presidencia; y ya después salí de la U, o como que me salieron, más bien, porque estaba estudiando en ese momento como tres carreras: Literatura, estaba estudiando Estética e Historia del Arte y había hecho el traspaso interno para meterme a Derecho. Me llamó la secretaria académica y me dijo, “mira Camilo, tienes dos posibilidades, a ti te falta un ramo para egresar. Entonces, qué prefieres, ¿te egresamos ahora o te metemos en causal de eliminación?”. Así que yo dije, “ya, bueno, egrésenme”. Yo creo que también preferían que me fuera, que no me metiera a derecho. Esto ya es una elucubración eso sí, pero bueno, así fue como terminé la universidad al final.

Ya afuera, entre fines de los 90 y principios de los 2000, con un amigo, Elías Cohen, arrendamos una casa allá en el barrio Yungay, una casa como de tres pisos, y montamos un centro cultural con otra gente, casi puros amigos.

No es lo mismo montarte en el macho de una organización política nacional siendo estudiante, cuando tienes todo el tiempo del mundo, que cuando ya eres padre.

¿Solos, a puro pulso?

Sí, se llamaba la Casa América. Hurtado Rodríguez 342 creo que era, ahí estaba. Bueno, a poco andar el Elías se va y la Casa América se transforma en un lugar en donde se empezó a juntar la coordinadora anticapitalista, la comisión Funa, junto a Julio Oliva y otra gente, y donde me metí a trabajar y terminé siendo vocero en un momento, junto al Julio. Por esos tiempos entro a la Surda, trabajando en la revista, aunque al principio estuve en propaganda, y en un momento intentado sacar un diario. En la revista hice varias cosas. Estuve de subdirector, y armamos un suplemento cultural que se llamaba Párrafo Izquierdo con el Tomás Harris, que editábamos los dos. Era súper bueno, pero nadie conocía el suplemento porque casi nadie conocía la revista, en términos más masivos, digamos. Ahí estaban como colaboradores Gonzalo Millán, Elvira Hernández, la Sole Fariña, Jordi Lloret, el Grínor Rojo, el José Leandro Urbina, hasta el Claudio Bertoni nos pasaba regularmente columnas y cosas así. Un súper buen lote.

Y en algún momento asumo como director de la revista y entro a trabajar en la coordinación nacional del movimiento, hasta que me retiro el 2004 o 2005 más o menos.

¿Te fuiste antes o después del quiebre?

Bueno, ya estaba un poco la cagá adentro, y pasaron varias cuestiones por tensiones políticas y existenciales, entre otras, porque la gente que estaba más a caballo en el movimiento, los más viejos, empiezan todos a tener hijos también. No es lo mismo montarte en el macho de una organización política nacional siendo estudiante, cuando tienes todo el tiempo del mundo, que cuando ya eres padre y tienes que lidiar con otras variables en el cotidiano. Ahora, esa no fue la razón central, ni de lejos, sólo coadyuvó, yo creo. Había diferencias políticas, ese era el tema, pero yo me fui antes de que se quebrara. Es el momento, de hecho, en que nace mi primera hija, y justo me gano además una beca de creación literaria por un compilado de textos viejos, que vendría siendo mi primer libro. Un libro que hoy me parece más bien mediocre, la verdad.

La Literatura

Camilo-Brodsky…abrir los espacios para pensar críticamente desde la cultura y ser aporte en la construcción de productos y líneas de trabajo contra hegemónicas.

 

 

¿Ahí comenzaste a dedicarte a la escritura?

Claro. Ahí me metí más en la dinámica de escribir y meterme mucho más a fondo en ese rollo. Por esos años llego a la Villa Frei y comienzo a hacer trabajo local. Me retiro un poco de las grandes ligas, porque decidí enfocarme en el trabajo con los vecinos de la Villa. En 2008 armamos Das Kapital (editorial) y comienzo de lleno a trabajar en ella. Después armamos la Cooperativa de Editores de la Furia, junto a un lote grande y lindo de editores y editoras independientes.

¿Cuándo empieza a explotar todo lo que es la movida independiente en Santiago?

Alrededor del 2009, creo, que fue la primera Furia del Libro, que se hizo allá en Chucre Manzur si no me equivoco, en un galpón.

¿En esta proliferación de editoriales independientes que se dio en Chile y en Argentina, qué relaciones ves?

Tengo la impresión de que allá comenzó un poco antes, porque mira lo curioso, la Funa coincide con lo que fue el proceso de los escraches allá, y después pasa lo mismo con todo el tema de las editoriales, porque hay muchos vínculos para allá. Se generó un tráfico muy rico con gente no solo de Buenos Aires, sino también de provincias. Hay un lote de amigos muy buenos ahí en Bahía Blanca, que además son tremendos poetas y editores, por ejemplo. Está Sergio Raimondi, Gustavo López, que es el director de Vox, está el negro Díaz, Mario Ortiz, Omar Chauvié. Hay un lote súper potente, son más viejos etariamente, pero es gente que juega mucho con la política. Además, son tipos con los que, por ejemplo con Jaime Pinos, entramos muy bien en dialogo, porque en cuanto a la experiencia hay una conexión clara, que tiene que ver con que vivieron la transición dictadura-democracia allá a la misma edad a la que nosotros vivimos la nuestra. Así que las experiencias políticas, culturales y literarias, en ese sentido, fueron bastante parecidas. En el periodo K, con Cristina, Sergio era el encargado de cultura de Bahía Blanca, por ejemplo. Es gente militante, peronistas de izquierda, gente de izquierda, re chora, y claro que hay algunos cruces ahí.

Pero hoy en día es súper difícil pararse frente a la poesía sin tomar en cuenta datos como la poesía gringa, o sea, de Ezra Pound para acá.

 

¿Cómo se va gestando la Furia, la Cooperativa?

Creo que la más vieja de las editoriales de la Furia es la Calabaza del Diablo, y de ahí van apareciendo las otras, Das Kapital, por ejemplo. Ahí el gran impulsor de lo que es la Furia del Libro es el Galo Ghigliotto, de Cuneta, él impulsó con mucha fuerza el tema de la feria de independientes que hoy es la Furia. Y en paralelo, en algún momento nos juntamos con unos amigos, algunos que habían sido surdos incluso, como el Jaime Pinos y el Rodrigo Hidalgo, además del Marcelo Montecinos, con quienes nos conocíamos desde hace mucho y discutiendo vimos también las potencialidades de que se organizara este mundo editorial, lo que coincide con reflexiones semejantes en varios editores y desemboca finalmente en lo que hoy es la Cooperativa de Editores de la Furia. Nuestra idea tenía que ver con levantar todos los monos culturales que nos permitían, además, discutir de política, pero no desde una parada “militante”, sino en la perspectiva de abrir espacios para pensar críticamente desde la cultura y ser un aporte en la construcción de productos y líneas de trabajo contrahegemónicas.

¿Es por ahí que escribes Whitechapel[1]?

Si, por ahí lo escribo, y se gana el Municipal de Santiago. Whitechapel es el barrio en donde operaba Jack el destripador, es un libro que tiene que ver con la violencia.

¿Y ese libro viene de procesos de tu vida o de una creación literaria más independiente?

No, lo que yo te diría es que Whitechapel, La noche del Zelota y Procedimientos corresponden a una trilogía que se supone saldrá este año. Son libros que circulan harto en torno al tema de la violencia. Whitechapel se agarra del tema de los asesinos seriales y lo que se esconde también detrás de eso, porque hay toda una violencia social que se oculta debajo y detrás de esa otra violencia, que está más asociada al espectáculo, al hecho espectacular, sobre todo por parte de los medios. Estos tipos son también productos sociales, entonces es también una sociedad enferma la que provoca esto.

¿El libro lo tratas desde esa perspectiva también? ¿Como un reflejo, una identidad, hay un narrador literario ahí en tu proyección como artista, como poeta también?

Lo que pasa es que para mí el tema escritural, y en cierta medida el lenguaje poético, están un poco en bancarrota. A mí me interesa mucho tratar de jugar ahí con otros lenguajes, la poesía documental a mi me llama mucho la atención, por ejemplo. Ese libro tiene cosas que son, por ejemplo, en realidad citas. Cosas que me he encontrado, cosas de Wikipedia. O sea, yo creo que hay una artesanía en todo, pero el trabajo con el lenguaje hoy día para mí, por lo menos en términos poéticos, tiene mucho que ver con cómo sales de ese empantanamiento. Por eso te digo que está en bancarrota, porque no es capaz de interlocutar con la gente. Creo que ya no están los tiempos para la poesía sacerdotal, la poesía épica. O sea, está bien también. Para el que quiera escribir esa poesía, está bien.Pero no es lo mío no más.

Hablas de dar un salto hacia otra dirección, en el fondo.

No sé si tiene que ver con otro tipo de escritura necesariamente, tiene que ver con cuestiones de la poesía más contemporánea, con cosas que se vienen haciendo igual hace tiempo, pero que no siempre parecen estar registradas. Con Charles Reznikoff, por ejemplo, con lo que hicieron los objetivistas y otros poetas a la hora de enfrentar el lenguaje y su economía, por ponerlo de alguna manera. Me parecía que escribir versos nada más no me funcionaba. Tiene que ver también con cómo uno vincula su trabajo con el lenguaje y otras referencialidades literarias, audiovisuales, etc.

¿Quién fue para ti un autor guía?

Es que yo no me compro mucho esa volá, creo que uno asume lecturas y experiencias. Ahora, claro, sí hay obviamente principios, influencias. Uno empieza leyendo a los simbolistas franceses, por ejemplo. Pero hoy en día es súper difícil pararse frente a la poesía sin tomar en cuenta datos como la poesía gringa, de Ezra Pound para acá, por ejemplo. Y la poesía chilena también, que está repleta de escrituras, donde tenís a De Rokha, obviamente Neruda, una cantidad inmensa de voces medio impajaritables, como el propio Lihn, por ejemplo, o la Mistral, o todo lo que es la producción más reciente de gente como Elvira Hernández o Tomás Harris, por ponerte dos casos no más de poetas que hoy a mí al menos me resultan medio ineludibles.

En La Noche del Zelota hay como un cierto link con el poema Yo soy el individuo de Parra, en el sentido de que va construyendo una historia de la humanidad, me pareció que sí contenía una cierta especie de ética en ese sentido, muy diferente a lo que es Whitechapel, ¿La noche del Zelota es mucho después?

No es tanto después. Lo que pasa es que La noche del Zelota igual tiene que ver con una derrota, con los derroteros de la derrota, aunque suene redundante.

¿La derrota de qué?

De una historia. La derrota de los zelotas, que eran una facción radical judía que se oponía a la ocupación romana y que eran de la parada de enfrentarlos militarmente incluso, es un poco la metáfora de todo eso, de una historia de derrotas de la radicalidad política, fundamentalmente, y cómo se ha ido expresando. Lo que pasa es que con Whitechapel quise hablar del crimen, pero no quería hablar de los crímenes de acá, entonces también fue una forma elíptica de hablar de la brutalidad de la dictadura, pero sin hablar de esa brutalidad. Además porque la brutalidad de la dictadura no es una brutalidad única, ahistórica; es expresión de una brutalidad que es social, histórica, y que obedece a un proyecto histórico también, en buena medida.

 

filsa-56Para mi la escritura es un proceso de búsqueda, más que de respuestas.

 

¿La diferencia estilísica entre los tres libros fue una cuestión de búsqueda?

O sea sí, pero a mí eso de encontrar tu voz interna no me gusta, no me convence. Para mi la escritura es un proceso de búsqueda, más que de respuestas. Me gusta la búsqueda, el camino, más que el punto de llegada; no tengo una meta o un fin claro, es algo completamente difuso. Es más importane el trayecto que lo otro, como en un viaje.

En el fondo, la escritura como la producción de lo que uno quiere leer.

Un poco de eso hay, así como uno edita para publicar libros que uno quisiera ver publicados y que es lo que me pasa como editor también. Y tiene que ver con toda esta mirada que tira Damián Tabarovsky en Literatura de izquierda, por ejemplo, que tiene que ver no con un posicionamiento político del eje derecha-izquierda, sino con una literatura autónoma que es capaz, precisamente, de construirse en función de un anillo de lectores remitidos al mismo autor, de alguna forma.

En ese sentido ¿Que te parece la movida santiaguina actual, dado que has vivido más tiempo eso, la multiplicación de escenas, la multiplicación de los libros publicados? ¿Qué opinión te merece?

Yo hallo que hay un momento de eclosión a nivel de escritura, hay muchos escribiendo, muchos buenos y muchos malos. Porque uno tiene estándares de lector, en ese sentido uno identifica cuándo algo está bien escrito, independiente incluso si tiene que ver o no con uno, con sus gustos. Eso lo he desarrollando también gracias a la pega como editor, porque ahí yo no publico sólo lo que me gusta, porque no podría hacer casi nada quizás. Lo que uno tiene que tener como medida ahí es un estándar de calidad literaria, y eso se nota en el oficio, en los riesgos que se corren, se nota sobre todo en el tratamiento del lenguaje, en la materia con la que trabajas. Y en ese sentido creo que hay mucho hueon bueno ahora, mucho más de los que se ven, de hecho.

Te pregunto no solamente en el sentido de la calidad de lo publicado sino en la inferencia que tiene eso en el desarrollo, por lo menos santiaguino, de la cultura.

Ahí está lo que te decía antes. Yo creo que la poesía no tiene capacidad de interlocutar prácticamente con nadie. Tienes un mundo súper cerrado, súper endógeno. Además, la poesía chilena es casi un sistema en sí mismo, tiende a mirarse a sí misma y no mucho más allá. Aunque se ha ido moviendo un poco, gracias, yo creo, en buena medida a las editoriales chicas, que han permitido un tráfico de poesía más intenso, de poetas de Argentina, Perú, México. Las redes también lo permiten. Pero claro, acá es súper cerrado en general. Hay más poetas, pero son poetas que se leen entre ellos, y pasan cosas por fuera que uno no se entera, que ni se imagina. Anteayer, por ejemplo, en el velorio de José Balmes, me encontré con un flaco que trabaja en la subdirección de bibliotecas públicas y me decía que en la red de bibliotecas públicas la poesía representa como un cuarto de los libros que se piden, lo cual es ene. El 25% de los libros que se leen en bibliotecas públicas son de poesía. Es algo que me dejo choqueado, porque es súper impensado. Porque, claro, uno ve fenómenos, como Bertoni, que son leídos fuera del circulo de la poesía, pero es otra cosa. O Parra. Pero Bertoni sirve de ejemplo porque es súper paradigmático en ese sentido, porque ha logrado correr el cerco de los lectores, más por su poesía que por otra cosa, independiente del juicio que uno tenga de su escritura, y es algo súper interesante. Ahora, este dato de que un cuarto de la gente pida poesía en las bibliotecas lo encuentro fenomenal, pero eso no se nota, no se ve, no parece palpable. Piensa cuántos son los usuarios de bibliotecas públicas, habría que hacer un seguimiento y ver qué se pide. Ahora creo que hay una deuda respecto del espacio y el rol jugado por la poesía, por el poeta, en el ámbito de lo público, de su relación con la sociedad. No es solo ver a Neruda llenando el Estadio Nacional cuando le dieron en Nobel y compararlo con una lectura donde hay veinte personas hoy día. Es también que no tienes circuitos, porque no hay revistas literarias, porque todo lo que se hacía al alero de las universidades fue desmantelado el 81’, cuando se desmantelaron las universidades públicas, por ejemplo. Claramente hay un tema estructural, que va más allá de la poesía, que tiene que ver con la educación, con el hábito de la escritura, con la ideología que tienes al frente, donde todos están metidos en sí mismos, todo es el individuo, todo es ganar, todo es consumo, y la poesía ahí no juega. No tiene cómo. Objetivamente, desde la lógica del patrón de acumulación, la poesía es una pérdida de tiempo, es como la filosofía, a la que por eso sacan de las mallas cuurriculares.

La Política

 

IMG_20160901_110703Si yo podía ayudar en algo, a la construcción de una alternativa política, en este caso ayudando al territorio y por otro lado si podía ayudar a levantar trabajo en la comuna, reforzar las organizaciones sociales, trabajar en cultura, poder echar una mano en lo que sea, me pareció que hubiera sido mezquino, egoísta no hacerlo.

Avancemos en el tema político, porque me interesa preguntarte sobre la candidatura.

Bueno, yo en paralelo a la pega en la editorial siempre estuve metido en cosas acá en la comuna, apoyano candidaturas como la del Manuel Guerrero en su momento, y sobre todo en cosas acá en la Villa, conmemoración del 11, los operativos sociales después del terremoto del 2010, cosas así. Y en algún momento un lote de amigos, ex surdos casi todos, gente también con la que habíamos participado en los Carnavales de Todos los Barrios, como el Diego Olivares, que había sido presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Conce y que vive acá, con el que somos bien amigos, nos juntamos y empezamos a hacer cosas. En algún momento se armó un pequeño colectivo, NAP, y ahí empieza el tema con IA y Nodo XXI, que abren este tema de la convergencia e invitan a NAP, de alguna manera, a este proceso. Pero ahí yo me aleje un poco, porque me parecía, sin ser peyorativo ni nada, un poco absurdo un proceso de convergencia donde tu veías que IA y NODO XXI estaban convergiendo, básicamente, consigo mismo, porque estaban convergiendo con sus fundaciones, con sus propios lotes, y no había un proceso de apertura, sino más bien un proceso de reconcentración, bien controladito, o al menos esa imp´resión me dio en ese momento. Así que ahí me eché un poco para atrás y me dediqué a escribir, incluso anduve medio antisocial, con muchas ganas de irme a vivir fuera de Santiago y todo.

Pero a fines del año pasado, principios de este, los cabros me van a ver, porque ya se estaba concretando la convergencia, y me invitan a participar. Y acepté, me pareció que sí, que de repente algo se podía hacer. Y bueno, lo otro es más o menos conocido. El proceso de convergencia termina en quiebre y lo que se acaba constituyendo es el Movimiento Autonomista, que es donde me quedo yo, y ahí con la gente de acá, que venía desarrollando un trabajo, se decide disputar el tema de las municipales.

¿Porque decidiste ser candidato?

Inicialmente yo como estaba en este otro tema, pero me di cuenta de que el cuadro político estaba ofreciendo posibilidades para la construcción de algo. Hoy día hay un proceso que creo que está abierto, hay una crisis por arriba y estos hueones son muy buenos para recomponer los pactos por arriba y cerrar sus fisuras, entonces hay que moverse y relativamente rápido. Frente a la crisis de legitimidad política que están expresando las elites, los poderosos o como se les quiera llamar, por el otro lado tienes en marcha un proceso, aún deficiente, pero que por lo menos está en marcha, que tiene que ver con la gente de Izquierda Libertaria, Revolución Democrática, Nueva Democracia, Convergencia de Izquierdas y el Movimiento Autonomista, y ante eso es un poco irresponsable no poner lo que puedes poner. Y en mi caso ponerme a disposición para la candidatura me pareció natural, a pesar de que era algo que me complicaba en un principio. Natural porque a esta comuna le tengo más cariño que la cresta, es la comuna donde vivian mis viejos, donde vivían mis abuelos, donde vivo yo hace más de 20 años, donde nacieron y se han criado mis cabras chicas, a fin de cuentas. Entonces si yo podía ayudar en algo a la construcción de una alternativa política, en este caso ayudando al territorio, y por otro lado si podía ayudar a levantar trabajo en la comuna, reforzar las organizaciones sociales, trabajar en cultura, poder echar una mano en lo que sea, me pareció que hubiera sido mezquino, egoísta, no hacerlo. Porque en eso uno sabe que tiene que posponerse también. No como antes, donde uno militaba 25 horas al día, es cierto, pero uno tiene que posponerse en función de las construcciones colectivas y el bien común, porque esto se trata de ser felices. La política para mí, la militancia, tiene que ver con eso, con lo que decía Recabarren: queremos ser felices. Y es mezquino no poner lo que uno pueda para ayudar a ser felices. Está bien, es lo que hay que hacer, y uno está contento con esa decisión.

Por eso para mí, lo relevante, es pensar las elecciones como un proceso de acumulación de fuerzas que permita proyectar un trabajo más allá de las elecciones.

Dentro de eso, que es bastante valeroso, no es fácil tirarse a una candidatura a concejal ¿Cómo logras llevar eso? ¿Hay un proceso que te genera crisis dentro de eso? O lo enfrentas y arrancas para adelante.

A mí me ponen play y toco. O sea, tiendo a flotar en estos líquidos. Además llevo mucho tiempo metido en estas cosas, y si bien ya no tengo los niveles de compromiso algo delirantes que uno tiene cuando más joven, para mí si uno se compromete con algo tiene que cumplir y salir jugando. Hay que hacerse los tiempos. Uno se cansa y todo eso, pero también es súper reconfortante, te devuelve mucho. Darte cuenta de que hay mucha gente que quiere hacer cosas, que se acerca, que quiere trabajar. Al comando ha entrado gente que no conozco, que se entera por Facebook, mucha gente de la media (secundarios), que era de la FESES, compañeros ex comunistas, compañeros que eran lautaro, que eran miristas, que han aparecido y están ayudando. Eso es súper reconfortante, te da energía. Cuando ves que las cosas funcionan, te da energía, cuando se construye algo colectivamente, eso te alimenta, te permite pararte y seguir, aunque estés cansado, te ayuda a convivir con el cansancio. Jamás llegaré al nivel de no ver a mis hijas o algo por el estilo, claro, y si bien estoy súper jodido con el tema de las pegas, hay que arreglar las cosas en el camino. Porque esto hay que hacerlo ahora, es ahora cuando hay que ponerse, y ahí tengo el apoyo de la Tania, de mi compañera, tengo el apoyo de los compañeros del Movimiento Autonomista acá en Ñuñoa, y el apoyo de gente que se ha acercado a trabajar y que esta puesta con todo. Ahí uno tiene responsabilidad con ellos, no se puede echar a morir.

¿Qué piensas respecto de lo que viene? En caso de ganar la concejalía, como potenciar el arte y la cultura en el espacio comunal.

Hay que partir de la base de que los concejales están muy amarrados, no se puede interferir en el presupuesto ni en casi nada. Por eso para mí lo relevante es pensar las elecciones como un proceso de acumulación de fuerzas que permita proyectar un trabajo más allá de las elecciones. En ese sentido, desde la concejalía, independiente de lo que se puede hacer dentro del municipio como ente, lo interesante es lo que se puede hacer afuera. Potenciar, desde la concejalía, la organización social y comunitaria, fuera de la municipalidad; y por otro lado ver qué se puede hacer desde la institucionalidad, con la corporación cultural, por ejemplo. Si bien Ñuñoa tiene un tema cultural que te venden, y existe esto, la Plaza, el teatro, etc., de Grecia para allá está medio botado, en las poblaciones de la zona sur, en las villas, el tema no llega así como te lo venden, y las urgencias allá, además, son otras. Y si llega, llega como parte de las redes clientelares, como un mono que ha montado la derecha, la NM. Entonces el tema es cómo romper eso, cómo vas convirtiendo estas redes clientelares y las vas reemplazando por comunidad organizada. Ese es el tema, tanto para lo cultural como para lo social, lo político, para todo. Hay cosas concretas que uno puede hacer, el Teatro Municipal, que ahora lo usan una vez a las quinientas, debiera tener más vida, perfectamente podría funcionar un cine, además del teatro; o lo insólito de que la biblioteca de Ñuñoa no sea parte de la red de bibliotecas públicas, porque se han negado a que los libros estén en vitrina y que la gente pueda agarrar los libros para que se los puedan llevar y se los presten, que es lo pide el sistema de bibliotecas públicas. Ver hasta qué punto se puede avanzar en la democratización de las corporaciones y de los propios municipios, que es algo que esta medio cercado por la normativa interna y la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades, pero sobre lo cual se puede avanzar, ir viendo también desde el Congreso cómo incrementar la incidencia de los concejales, su poder de decisión, para ir democratizando esas estructuras, que se puedan elegir los encargados de corporación, por ejemplo, temas que hoy parecen imposibles, pero en los que se puede, o se debiera, poder avanzar. Todo esto tiene que ver con la apuesta que viene el próximo año, porque si se logra avanzar en niveles de confluencia política, articulando un nuevo polo donde logremos hacer que la izquierda salga, sin renunciar a las tradiciones o a las luchas pasadas, pero salga de lo esquemático de la izquierda chilena del siglo XX y logre visualizar otras formas de construcción, vamos a poder enfrentar estos desafíos de mucho mejor forma, dar y plantear estos debates tanto en la sociedad como en el Congreso, en la medidad que el avance de esta confluencia se exprese también en una bancada parlamentaria con musculatura suficiente que permita ir cambiando este tipo de leyes.

Dentro de eso, ¿Qué elementos son necesarios en esta convergencia para tener un camino exitoso?

En primer lugar, poner por delante la voluntad de confluir, más allá de la forma en que se dé esta confluencia, sea como frente amplio, partido federado o lo que sea. El tema de la forma de momento no me quita el sueño, creo que lo central es cómo se construye la voluntad política, no solo desde arriba, sino que también en las bases, los territorios, cómo se construye la praxis política conjunta. Y eso es algo que también ha permitido este momento electoral, el trabajar con compañeros de RD, compañeros de IL, lo que facilita infinitamente la construcción de una voluntad de converger, pues se construye desde una práctica común, efectiva. Creo que la voluntad es central, y tener la claridad para asumir la responsabilidad histórica que implica, porque este país requiere con urgencia, frente al estado de crisis actual y el nivel de desligitimidad de las elites, una alternativa social, popular y de izquierda, y eso hay que asumirlo responsablemente. No puede ser que las pulsiones identitarias parciales o las diferencias en los colores de la bandera devengan en desentenderse de un proceso que es necesario, y que no puede depender de los egos ni de los sectarismos. Creo que eso hay que superar y ver como se construye la práctica política conjunta. Eso es lo central, ser responsables en ese plano, ser responsables con el pueblo de chile.

Como crees que desde la posición periférica en la que se encuentran estos movimientos, se puede proyectar a futuro una política en materia cultural, a nivel nacional, para el congreso, normativas, ministerios, que permitan un desarrollo real con situaciones que son reales como la FILSA, que hoy son gobierno, ¿Para sacar a la cultura de este mundo donde hoy se encuentra encasillado?

Hay varios temas ahí. Lo primero es resolver las contradicciones estructurales que están en el seno de este funcionamiento, en su origen, y que tiene que ver con el tema educacional. Por otro lado, todo lo que tiene que ver con cultura tiene que ver con cómo construyes discursivamente y en los hechos una práctica pública, colectiva, lo que implica ver cómo hacer retroceder al mercado de tu vida, de lo cotidiano. Porque hay cosas absurdas, como lo que pasa con la gente que vive en estas torres grandes nuevas que hay acá, que tienen que pagar para usar los espacios comunes de sus torres, lo que es algo de locos, es como pagar por usar tu propio living. Entonces, en un mundo así, uno debe ir primero despejando eso, que el espacio público sea efectivamente público, y que lo público sea entendido como algo que nos pertenece a todos, y no como algo que no es de nadie, que es un poco como se entiende ahora (“Ah, esto es público, da lo mismo”). Hay que buscar instalar una concepción distinta de lo público, en ese sentido. Ahora, en lo más específico, lo primero es tener una política de desarrollo estratégico. A nivel cultural no hay proyecto, no hay política de Estado. Porque cuando tu política pública en materia de cultura tiene como pilar único los fondos concursables, que al final aplican la lógica licitadora de Lagos de las autopistas a la cultura, entregando fondos a particulares para que desarrollen la política cultural del Estado, en buenas cuentas, no vas nada de bien, me parece, ahí se pierde cualquier eje de desarrollo cultural. Entonces lo primero es desarrollar una línea estratégica de desarrollo cultural, que tenga etapas, fases, objetivos, y en función de eso se administran los recursos. Ahora, sí tiene que haber fondos para el desarrollo de proyectos de particulares, pero no puede ser lo central, no puede ser el eje ordenador de una política cultural. ¿Por qué en vez de entregar fondos para publicaciones no tener una editora nacional que publique a los becados, o una disquera nacional, por ejemplo? Además al interior del sistema de fondos concursables hay unas desigualdades que son horribles. No sé si lo habrán cambiado, porque lo cambian todos los años, pero no puedes tener al Centro Cultural de Pelotillehue compitiendo en la misma línea con la Universidad de Chile, es un despropósito, eso no puede ser así. Entonces existe una serie de desatinos y desincentivos que tienen que ver con el nudo de todo esto, que es que no existe una política estratégica al respecto, lo que genera políticas públicas desarticuladas, disgregadas y que no tienden a la construcción de ningún ethos, no hay ningún sustrato cultural colectivo, no claridad sobre a quién están dirigidas estas políticas culturales, no se sabe si están dirigidas a los artistas, a las audiencias, a las empresas que generan cultura, a los gestores.. Eso es lo central.

Esto tiene que ver con la apuesta que viene el próximo año, si se logra avanzar en niveles de confluencia política, articulando un nuevo polo donde logremos hacer que la izquierda salga, sin renunciar a las tradiciones o a las luchas pasadas, pero salga de lo esquemático de la izquierda chilena del siglo XX y logre visualizar otras formas de construcción, lo que se traduzca en una bancada poderosa que permita ir cambiando este tipo de leyes.

¿Cultura para qué?

Cultura para crecer, para el ocio, para cultivarse, para el espíritu, para educarse. Cultura para que no todo sea perdida y ganancia. La cultura tiene que ser el espacio que enriquece el espíritu nacional, es su alimento. No todo puede ser cifras, porque con eso despojas de alma al país, y al final tienes un ciborg nacionalista sentado frente a la tela viendo la Parada Militar, y no mucho más.

¿Qué significo el primer premio que ganaste?

Me permitió vivir algunos meses. El mejor obra inédita me permitió más meses todavía. Eso igual tiene que ver con los premios, con su estado. El Municipal de Santiago debe ser uno de los últimos premios que todavía tiene algo de prestigio. Porque los premios hoy por hoy están súper desprestigiados, como el nacional. Elvira Hernandez decía algo absolutamente cierto, es indigno que obliguen a los poetas a autopromocionarse para conseguir una pensión de gracia, porque en definitiva eso es. Entonces, lo que ves es que el Premio Nacional, que es el más importante de los que se entregan acá, se supone, lo están otorgando hueones que no sabes si saben de poesía, porque no sé qué sabe de poesía la Adriana del Piano o sus delegados, por ejemplo. No corresponde. Para mí el problema es que  los premios, hoy por hoy, solo sirven para que el poeta tenga algo de plata para vivir. Han perdido todo el garbo, jajajaj. En fin, es algo que tiene que ver también con el desplazamiento de la figura del poeta. A través del poeta ya no habla la tribu, el poeta le habla a su tribu, que son los mismos poetas, y eso no sé hasta dónde sirve. Esta todo tan mercantilizado… la Adriana Valdés hablaba que la poesía chilena parece una carrera de caballos, están todos tratando de llegar primero para que les den el premio. Hay casi una carrera funcionaria en esto de la poesía para muchos: trabajan para los premios, se meten en la academia, escriben para ser premiados de una u otra forma. Entonces al final uno no sabe bien quiénes están pensando en el texto. Y eso es ego, claro, pero es también mercantilización de la cultura. Porque cuando tienes una cultura mercantilizada y una sociedad mercantilizada a los niveles a los que está esta sociedad, es muy complicada la batalla de la poesía. Ver desde donde disparas, es súper difícil.

Un chico de 14 o 15 años que está empezando a escribir, hoy en Chile, ¿Qué le puedes decir?

Que, si quiere escribir, que escriba. Que se saque de la cabeza vivir de esto, eso no existe. Uno no escribe para eso, escribe porque es necesario para uno escribir y no puedes vivir si no escribes, no puedes estar sin escribir. Es una pulsión, no se puede luchar contra eso.

[1] Santiago, Das Kapital Ediciones, 2009

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