NOTAS SOBRE LA CONTRU

Jacob Lawrence 1947

I

 

Espero aún la luz
que fue parte de mis días
y en mis dedos esparció
la sangre de mis antepasados.
Espero aún que algún poema
se escriba en los vagones del Metro
y quiebre los picaportes de estas puertas
que se cierran en el climax del sueño
en que te abrazo, te beso
y disparo
tres heridas ontológicas
que acabaron con los ritos de mi raza
mientras yo me disculpo
por no reconocer su alquimia
sentado en las escaleras
de un horrible edificio en construcción,
con mi cuerpo encajonado
entre las mezclas de hormigón
y la pregunta constante
por un sentido que no llega.

 

II

 

Me alimento en un lugar
donde no cabe la poesía,
mis compañeros de trabajo
ansiosos esperan sus pagos
para ir más dignos a la matanza,
encerrado escribo y pienso
que encerrar es el verbo.

 

Encerrar la alquimia en el dogma
domesticar los círculos de fuego
en los cuales baila la carne
y secar las esquinas díscolas
del cerebro.

 

Encerrar es la perspectiva,
ordenar la mirada perdida
y quemar
los versos planos que nadie lee
ya que el tiempo no se pierde
en canciones ni remolinos

 

no se gasta en lo que no se ve.

 

Me alimento en un lugar
donde no cabe la poesía
y mis manos construyen su tesoro
encerrado en esta pieza.

 

III

 

Entre pastelones, muros
y la carne proletaria
se va levantando la miseria.
Uno a uno van escalando en la materia
los mendigos de espíritu,
desde su tribuna
rechazan la mística de nuestro canto
y en sus sueños
no escapan tan allá
para no volver al otro día
a repartir los latigazos.

 

La tierra en sus manos
es polvo en suspensión
más la rabia acumulada por siglos
y siglos
en estos cuerpos deformados
por el óxido
para el placer de otros cuerpos
cultivados entre cerámicas,

diplomas y ventanales.

 

La vida en sus manos
es polvo en suspensión,
nosotros
somos un puñado de sombras
que el viento intenta dispersar
.

 

La vida será nuestra
cuando caigan todos estos edificios

 

cuando un verso sea una bala
y una bala sea un verso.

 

IV

 

Me crié entre los huesos rotos
de un siglo esquizofrénico
y el feto extraño de otro siglo de escombros
sin espacio para la épica ni la lógica:

 

el juicio político nos dijo que Godot
sería nuestro héroe.

 

Realmente absurdo crecí junto
a los niños que vinieron a llenar
las filas del Mercado
con sus cuerpos quiltros desfilando
y llenándose la cabeza de esquirlas:

 

el ventanal siempre traiciona
a los que se miran de reojo en lugares ajenos.

 

Crecí junto a una pandilla de poetas
en la cual ninguno de ellos sabía
lo que era un poema:

 

Sangramos las heridas de la carne por las noches
en las afueras de una cancha oscura,
nos pegó una patada el sentido común
y hoy lloramos juntos al saber
que el próximo dueño del mundo
no tendrá que disparar ninguna bala.

 

La guerra la llevamos dentro.
El corazón nos cuelga indefenso
por las cañerías de esta ciudad.

 

V

 

En las cabezas que cuelgan
de las ventanas de las micros
hay un sueño colectivo
y náufrago,
desgarrado en siglos de cansancio,
una condena silenciosa
que aparece en estas calles
para perderse en los techos
cada noche
en que gobierna el miedo a perderse
de un camino ajeno y degradado,
no salir del reducto trazado
y seguir ahí,
allí,
aquí:

 

martillando la desidia,
subiendo los sacos de cemento
con que seguirán levantando un país sin memoria,
barriendo la vida
como quien barre su tumba,
dormirse en el Metro

 

bajarse y
saberse muerto.

 

VI

 

Se levantan edificios, muros,
rejas, cuadrados,
rectángulos macabros
mientras el corazón se arrastra
en silencio sabiendo
que su espacio se repliega
para dar el zarpazo
o morir en este encierro:

 

La duda de Hamlet
no tiene cabida en los negocios,
la Modernidad levantó estructuras,
cierres y bordes
sin escuchar el eterno ritmo interno.

 

VII

 

Tal como este edificio
y sus pinturas y sus muros.
Tal como la mirada de la víctima
en los ojos del verdugo

 

la poesía es cicatriz,
mancha perpetua.


Imagen de portada;
The Builders - Jacob Lawrence (1947)

 

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