Kafka y (la delgadez y la espinaca y) el Superhombre

Delgado como un alambre –y enemigo de los espejos–,

Kafka no fue lo que Chesterton: un apólogo de

—–la institución de la chuleta,

sino que, en Praga o en Berlín, siempre prefirió la espinaca;

o, como unos años antes de morir, ya cuarentón y tuberculoso,

al joven Janouch le dijo, devorarse a sí mismo:

—–Los vegetarianos

—–vivimos de nuestra propia carne.

Sin embargo, hacia sus 30,

a su novia Felice le había confesado:

—–Que otros consuman las comidas y las bebidas

—–de las que yo jamás comería ni bebería

—–no me provoca aversión: al contrario,

—–cuando veo a personas que yo no admiro

—–disfrutar de lo que yo no gozo,

—–su placer me produce una especie de

—–sensación beatífica.

Quizá por eso Kafka –al igual que un Borges o un Savater–

pudo elogiar a Chesterton: a ese obeso

majestuoso, monumental, mitológico,

que se paseaba por las calles de Londres

vestido con sombrero, capa y bastón;

que se jactaba de que en el mundo su contextura

ocupaba suficiente espacio como para en el metro

poder ceder el asiento hasta a tres señoras;

y que, en un cuento de 1909,

—————A los lectores de Bernard Shaw les interesará

—————la noticia de mi hallazgo del

presumía de haber encontrado al

—————Superhombre.

Superhombre, ese ser que,

vislumbrado por Nietzsche en el horizonte de su filosofía,

ya no era semejante al Hombre

–o a Dios–, sino

su evolución.

——————–¿Qué es el para el Hombre el mono?

——————–Una irrisión, una vergüenza.

——————–Y justo eso es lo que el Hombre

——————–ha de ser para el Superhombre:

——————–una irrisión, una vergüenza.

Visitándolo entre los álamos de South-Croydon

–no las cumbres de Sils-Maria–,

—————Llegué a la hora del ocaso, y advertí

—————algo oscuro y monstruoso en esa casa

—————que hospedaba a un ser más prodigioso que

—————todos los hijos del Hombre.

Chesterton, pese a todo, no alcanzó a divisar

ni el cabello

—————No tiene, me dijo su padre,

—————lo que nosotros llamaríamos cabello, aunque…

ni las manos

—————Usted comprenderá, me dijo su madre,

—————que hablar de manos…

—————Su estructura es tan diferente…

del adolescente quinceañero de delicada anatomía que el Superhombre era:

al arremeter contra la puerta de su habitación, el regordete,

—————Entré: la pieza estaba a oscuras.

—————Oí un triste gemido,

accidentalmente, lo expuso a lo imbatible, a lo siniestro, a

un leve pero para él letal

flujo de aire

—————¡Que imprudencia!

que lo mató.

—————¡El Superhombre ha muerto!

————————-“Chesterton”, escribe Borges,

————————-“no quería ser como Edgar Allan Poe o Franz Kafka;

————————-por eso, se refiere en tono de burla a

————————-esa fantasía teratológica del Superhombre.

————————-Sin embargo, algo en el barro de su yo

————————-propendía a la pesadilla;

————————-algo secreto, y ciego y central”.

La naturaleza y la fragilidad del Superhombre que Chesterton ridiculiza

son kafkianas.

————————-“…y el móvil y la flecha y Aquiles”, según Borges,

————————-“son los primeros personajes kafkianos

————————-de la literatura”.

Kafka, quien en su juventud enamoraba a las muchachas

leyéndoles Así habló Zaratustra, se comportó

siempre a la altura del Superhombre de Nietzsche.

——————–Recorres el sendero de tu grandeza:

——————–¡nadie debe seguirte!

——————–Tu mismo pie ha borrado detrás de ti el camino,

——————–encima del cual está escrito: IMPOSIBILIDAD.

Entre su insomnio y sus jaquecas

y los demonios que lo acosaban, él,

———-No te dobles; no te suavices, no trates

———-de darte a entender;

mientras escribía sus relatos de impotencia y desolación,

reía a gritos, como un maniático,

———-no edites tu alma de acuerdo a la moda.

enamorado de la vida, aceptando

sus tragedias y comedias

———-persigue tus mayores obsesiones

con un instinto pasional y una voluntad creadora

superhumanos.

———-sin tregua alguna.

Por eso –y aunque en sus libros

no recetaba verdades–,

para el esquelético de Kafka, escribir

era un alimento: su obra

–como la espinaca que cocinaba–

lo mantenía vivo

A ÉL,

——————–Mihi ipsi scripsi:

——————–“Escribí para mí mismo”.

no importa si como una soga tensada en el aire,

sujetada por sus lectores

para cruzar

ese puente que el Hombre es

y devenir

el Superhombre, que,

procediendo a martillazos, es capaz de destruir

el mundo y a sí mismo con tal de forjar

una realidad que se adapte a su instinto y su voluntad.

———-Creo que deberíamos leer sólo los libros que

———-nos hieren o apuñalan;

———-los que nos despiertan de un mazazo en la cabeza.

———-Necesitamos libros que nos afecten como un desastre,

———-que nos pesen profundamente, como

———-la muerte de alguien a quien amábamos, como

———-el exilio a un bosque apartado de todos, como

———-un suicidio.

———-Un libro debe ser el hacha

———-para el mar congelado en nosotros.

Pero Chesterton, quien sabía mucho

y creía que el mundo era bueno y bello y que

el Hombre tenía el deber de elegir

entre luz y tinieblas,

de ese ateo que Kafka era no pudo menos que reírse:

—–Es tan gracioso que casi podría pensarse que

—–ha encontrado a Dios.

Y Chesterton se refería al Dios de los cristianos, el cual

ya en 1904 –cuatro años después de la muerte de Nietzsche–

le era más preferible que el Superhombre nietzscheano:

—–Si un hombre se nos acerca a decir:

—–“Yo soy una nueva clase de hombre:

—–soy el Superhombre.

—–He abandonado la moral y la ley”,

—–nosotros debemos contestar:

—–“Sin duda tú eres nuevo, pero

—–no estás cerca de ser un hombre perfecto, porque él

—–ya ha estado en la mente de Dios.

—–Nosotros hemos caído con Adán

—–y ascenderemos con Cristo; pero preferimos

—–caer con Satán que ascender contigo”.

Tres décadas después, Chesterton defendía la religión católica:

—–No queremos una religión que tenga razón

—–cuando nosotros tenemos razón, sino

—–una religión que tenga razón cuando nosotros

—–estamos equivocados.

Al año siguiente, Shaw, quien se había vuelto vegetariano

antes de que Chesterton cristiano, asegurará que éste,

con su alabanza de la sociedad medieval,

y con su distributismo –su alternativa

al capitalismo y al socialismo–,

y en general con todas sus novelas, cuentos y ensayos,

era un mentiroso:

—–El señor Chesterton cuenta e imprime

—–las más extrañas mentiras.

—–Toma episodios triviales de la vida humana

—––del hombre común de clase media– y les agrega

—–un contorno monstruoso y gigantesco.

Y el gordo de Chesterton se burlaba del flaco de Shaw:

—–Al verte, se diría que en este mundo no hay suficiente comida…,

y recibía por respuesta:

—–Al verte, se diría, en efecto,

—–que te la has comido toda tú.

Aunque, según otros, el primer ataque lo lanzó Shaw:

—–Si yo fuera tan obeso como tú, me ahorcaría;

a lo que fue contraatacado:

—–Si algún día llegara a ahorcarme, te usaría a ti como soga.

Y, en tanto Chesterton endiosaba la carne y

engordaba y engordaba,

le reprochaba a la modernidad

la sustitución del pan por las galletas:

¿cómo podía el amor a la vida

excluir ese don, símbolo a través del cual

Cristo, Hijo de Dios,

se sacrificara para conseguirle al Hombre

un pasaje a la Vida Eterna?

————————-“Pero la ‘razón’ a la que Chesterton

————————-supeditó sus imaginaciones”, critica Borges,

————————-“no era precisamente la razón sino

————————-la fe católica; o sea,

————————-un conjunto de imaginaciones hebreas

————————-supeditadas a Platón y a Aristóteles”.

Y Dios Todopoderoso,

el fuego que devora al mundo,

el robusto mórbido por excelencia,

(escuchaba la discusión entre Chesterton y Shaw y)

utilizaba al raquítico de Kafka

como soga para ahorcarse, consolidando así

lo que Hegel y Feuerbach y Nietzsche

habían anunciado como

la muerte de Dios.

——————–GOTT IST TOT.

Desde entonces, el Superhombre nietzscheano

fue también kafkiano, y

–se salvó de las llamas y– sobrevivió

en páginas de libros que,

en el ocaso de la Era Cristiana,

cifraban un renovado amanecer:

lo que Harold Bloom en 1995 denominó

—–la época de Kafka.

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