Ensayo: Psicoanálisis y época

Del síntoma como denuncia.

                     (…) el psicoanálisis es un síntoma. Solo falta comprender de qué. Claramente, forma parte de ese malestar en la cultura del que habló Freud. (Jaques Lacan)

 

Este trabajo propone abrir una reflexión en torno a la dimensión histórico-social del síntoma, dimensión de la cual podría servirse el psicoanálisis para su ejercicio. Se buscará remarcar la importancia de pensar el malestar subjetivo y la teoría psicoanalítica dentro de ciertas coordenadas que van más allá del dispositivo. El presente ensayo muestra un contrapunto entre el sujeto y formas de organización social.

 Considero siguiendo a Lacan que el psicoanálisis no lo hace solo el dispositivo sino su ética

Existe una mirada que en psicoanálisis se suele soslayar y que tiene que ver con pensar al sujeto y al síntoma más allá del dispositivo analítico -aparente contradicción-. Es necesaria y legítima una reflexión que por un lado apunte a mostrar el contra sentido de pensar el síntoma solamente de una manera individual, como a-histórico, como encerrado en un sujeto a la vez que promueva líneas de investigación que se abran a la discusión colectiva. Considero siguiendo a Lacan que el psicoanálisis no lo hace solo el dispositivo sino su ética

Esta dimensión histórica y social del sujeto y el síntoma; se suele dejar de lado aunque el propio Freud haya dedicado más de 20 años en pensarla (S., (1930(1929))[i]. Más aun, pienso que esta dimensión es fundamental al momento del ejercicio del psicoanálisis, pues, el sujeto que llega a análisis es producto de una historia que le es propia pero que, al mismo tiempo, se inscribe más allá de su supuesta unidad. Y, es productor de síntomas, en tanto efectos de esa historia que rebasa y a la vez contiene la fantasmática individual. Tal y como señala Freud “Así como el planeta gira en torno a su cuerpo central al par que rota sobre su eje, el individuo participa en la vía del desarrollo de la humanidad en tanto anda por su propio camino vital[ii]

Siguiendo con el argumento se suele pensar la dinámica psíquica de manera individual, en el mejor de los casos de un modo singular sin tomar en cuenta el tipo de sociedad o de cultura de la cual es parte, se procede no pensando los diversos factores y fenómenos sociales que le dan cierta consistencia y enmarcan. Freud al hablar de neurosis de guerra también reflexiona sobre el fenómeno de la guerra (Freud 1933 [1932]); cuando habla del malestar subjetivo no lo hace sin la cultura (Freud 1930 [1929]). Pensar al sujeto en psicoanálisis solo “sujetado” al dispositivo es como pensar que la castración esta en él y no en el lenguaje mismo ¿Cómo evitar que el psicoanálisis devenga una teoría hermenéutica que solo discute, trabaja y se modifica así misma? ¿Cómo avizorar las posibilidades del psicoanálisis en una actualidad signada por el consumo y el auge tecnológico?

Para pensar la función del analista frente al real de la época es necesario pensar de qué época se trata. Se parte del diagnóstico de que las cosas no andan bien y de la confianza de que el psicoanálisis tiene algo que decir al respecto. “los programas que se diseñan como debiendo ser los de las ciencias humanas no tienen a mi parecer otra función más que la de ser una rama, sin duda ventajosa aunque accesoria, del servicio de los bienes, en otro términos, de los poderes más o menos inestables”[iii] En relación a lo anterior, el analista mediante su ética podrá resistir o no al auge de ciertas psicologías y disciplinas las cuales (consecuentes con la forma actual de orden social) mediante psicofármacos, consejos del buen vivir, buenas intenciones y apresuradas traducciones de técnicas ancestrales de oriente buscan normalizar y adaptar al sujeto silenciando el síntoma; lógicas de dominación en salud mental que se limitan ocultar de la escena social la legítima revuelta, el simple no-estar-de-acuerdo, la insatisfacción, el legitimo malestar y dolor subjetivo. Concuerdo con Lacan que el psicoanálisis tiene que estar a la altura de la época (Lacan 1953-1956). La forma de organización política y económica en la sociedad actual ha resultado a todas luces ser insatisfactoria ¿hay alguna forma de organización que no lo sea?

 

Poder soberano, poder disciplinar

Foucault no dejo de mostrar a lo largo de su obra que el poder no se concentra solo en un lugar, por ejemplo en la institución estatal; el poder está fragmentado repartido en cada esfera de la sociedad es decir no hay solo un poder. Hay tipos y formas de dominación. No se trata solo del poder como algo esencialmente jurídico, habilitante o no, es decir lo que prohíbe la ley (Foucault 1970) sino también, como la capacidad de mantener y reproducir determinado tipo de subjetividad.

¿Cómo evitar que el psicoanálisis devenga una teoría hermenéutica que solo discute, trabaja y se modifica así misma? ¿Cómo avizorar las posibilidades del psicoanálisis en una actualidad signada por el consumo y el auge tecnológico?

El mito de la horda primitiva marca el límite al poder soberano. Poder soberano es el poder tradicional previo al poder disciplinar, el poder político-estatal, la resistencia frente a este tipo de poder será luchar contra tal o cual estado (Foucault 1976) El poder aparece ubicado en un lugar o un individuo, determinado líder por ejemplo. De esto se desprende que intervenir en pro de algún cambio frente a esta forma de organización será por la vía de tomar aquel lugar donde se detenta el poder y/o derrocar al líder para luego promover una nueva forma de organización. Podemos observar en el paso de la vida en hordas al totemismo como primera forma de organización social una analogía en términos freudianos de este proceso (Freud 1915): los hermanos de la horda primordial se unieron y asesinaron al padre que poseía todos los privilegios y el goce sexual, es decir era el soberano del poder. El intento de los hijos por derrocar al padre por si solos era imposible, solo luego de cierta organización y trabajo conjunto dan muerte y luego lo devoran. Posterior a este asesinato y dada la necedad “imperiosa” de organización; se erige el tótem en su recuerdo, símbolo y lugar de la ley que retroactivamente y mediante la culpa ejerce sus efectos (Freud 1913). Esta hipótesis freudiana funda la sociedad promoviendo las primeras instituciones; familia, religión y posteriormente el estado. Más allá del mito, lo interesante es que ahora el grupo humano y su descendencia se rigen bajo determinados preceptos que les permiten la vida en común por lo que la violación de los mismos deberá ser castigada. El poder ya no único sino fragmentado se ejerce desde estás instituciones las cuales dado aquel componente pulsional irreductible del sujeto, eso que resiste a toda forma de homogeneización, deberán ejercer constantemente vigilancia a través de la coerción disciplinar.

El aparato psíquico freudiano se inscribe en una lógica disciplinar pero plantea líneas de fuga. La sociedad disciplinar y sus instituciones buscan formar, modelar el tipo de sujeto que se necesita. Desde la institución familiar el complejo de Edipo es a nivel singular lo que el tótem y la ley es a nivel genérico. Desde la sociedad disciplinar se trata de formar un individuo, producir cierta subjetividad para así evitar los impulsos hostiles hacia la sociedad. Se trata en últimas instancias de una producción-reproductiva; se produce determinado tipo de sujeto el cual reproducirá a su vez la lógica que lo ha creado.

A nivel estético el encierro es el paradigma de la sociedad disciplinar nótese que las instituciones que conforman esta sociedad disciplinaria tienen una arquitectura que les es común (colegio, cárcel, hospital) en todas los muros hablan por sí mismos. Allí adentro se producen individuos. En este sentido la proposición freudiana de un aparato psíquico es propia de este tipo de sociedad; la existencia de un aparato al “interior” del sujeto que se ha creado en su interacción con lo “externo”; precipitado de una lucha entre una subjetividad libre y la norma social, efecto de la sustitución del principio del placer por el de realidad. Dentro de estas coordenadas el síntoma es una formación de compromiso al igual que el yo: “Yo” como instancia negociadora entro lo pulsional disruptivo y lo cultural normalizador.

En relación la salud mental hubo un movimiento que paso desde el encierro de la figura del “loco” en la institución psiquiátrica hacia su externación mediante nuevos dispositivos flexibles y vanguardistas, hostales o hospitales de día para pacientes psiquiátricos, nuevos oficios en la escena como por ejemplo el acompañante terapéutico y su función, la internación domiciliaria es otro ejemplo.

En este sentido es interesante recalcar que “encierro” en la sociedad disciplinar no es sólo arquitectónico-exterior no es privativo de la materialidad; el aparato psíquico es una forma de encierro, de acoplamiento por si mismo: en su interior posee una instancia psíquica que es agente de la ley el “Superyó” que comandará entre otras cosas al yo a adaptarse de la mejor manera a la realidad. En este sentido, también la temprana lógica freudiana de la cura y el tratamiento, hacer consiente lo inconsciente (1900) y su correlato metapsicológico; la teórica de la abreacción (Freud 1895) metaforízan el paradigma estético del encierro pero a nivel singular. En últimas instancias en la sociedad disciplinar se trata de un cierto tipo de organización libidinal del sujeto.

Antes de continuar es necesario mencionar que si bien es cierto Freud propone la subjetividad desde una determinada forma coincidente hasta cierto punto con el pensamiento de época, a su vez; también muestra los limites de este modelo disciplinar al poner de manifiesto que hay algo en el sujeto que se resiste a toda forma de disciplina, a toda forma de control y estructura, la pulsión de muerte (Freud 1929-1930) el resto auto-erótico (Freud 1924) el deseo; lo que escapa a todo cálculo y pretensión de dominación, en este sentido es que: ”El psicoanálisis postula que hay algo en el sujeto que permanece refractario a la educación, al aprendizaje, a la acción política y a todo programa deliberado de manipulación. El deseo escapa a las pretensiones del poder político, y no hay por qué no ver en las corrientes progresistas otra cosa que una pretensión del poder, una manifestación más de la omnipotencia de la razón ilustrada”[iv]

Se trata de la crisis de la autoridad y no de su desaparición.

Para Deleuze – las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser. (Deleuze 1991) El autor pone de manifiesto el cómo la sociedad disciplinaria se ha ido desdibujando en el tiempo. Si la coerción y vigilancia proviene de las instituciones, estas han entrado en crisis. Principalmente tras la segunda guerra mundial parece haberse ido instalando un nuevo modelo de sociedad por ende un nuevo modelo de sujeto- (…) hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, (el escolar el profesional etc.) (…)Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Se trata de las sociedades de control que están sustituyendo a las disciplinarias”[v]

La empresa, ente propio de las sociedades de control, ha reemplazado a la fábrica y la vigilancia; existe una modulación y flexibilidad del salario así como también de la función propia de sus empleados; el control o la vigilancia no la realiza un jefe, capataz o patrón sino que es mutuo entre los trabajadores, advienen controlatorios

En relación la salud mental hubo un movimiento que paso desde el encierro de la figura del “loco” en la institución psiquiátrica hacia su externación mediante nuevos dispositivos flexibles y vanguardistas, hostales o hospitales de día para pacientes psiquiátricos, nuevos oficios en la escena como por ejemplo el acompañante terapéutico y su función, la internación domiciliaria es otro ejemplo. Todos estos dispositivos medianamente nuevos que junto con permitir un cierto grado de “libertad” o de “autodeterminación” en los sujetos ejercen a la vez un control constante sobre los mismos. Esto a simple vista se presenta como una paradoja en las sociedades de control; una suerte de libertad-modulada por no decir una ilusión de la misma.

La empresa, ente propio de las sociedades de control, ha reemplazado a la fábrica y la vigilancia; existe una modulación y flexibilidad del salario así como también de la función propia de sus empleados; el control o la vigilancia no la realiza un jefe, capataz o patrón sino que es mutuo entre los trabajadores, advienen controlatorios. La empresa al instalar un sistema de incentivos, primas y bonos cuya esencia es que no puede ser compartidos es decir-no hay bonos para todos-ha creado una rivalidad y competencia entre los miembros de la misma, competencia que deviene una entidad controladora de suyo: “El principio modulador de que los salarios deben corresponderse con los méritos tienta incluso a la enseñanza pública: de hecho, igual que la empresa toma el relevo de la fábrica, la formación permanente tiende a sustituir a la escuela, y el control continuo tiende a sustituir el examen. Lo que es el medio más seguro para poner la escuela en manos de la empresa”[vi]

Podemos observar esto último en la proliferación de universidades institutos de educación de carácter privado con la consecuente crisis de la educación pública, crisis que no responde solo a la falta de financiamiento o infraestructura sino también a que esta, la educación pública se ha visto obligada a adaptarse a este ritmo vertiginoso de formación permanente lo que ha mermado su antiguo modo de enseñanza.

 

Si para Freud existe un malestar irreductible en la cultura, este malestar en Lacan es una forma de lo real, en la medida que es aquello que impide que las cosas anden, se pone en cruz, algo que estará presente en toda forma de organización de lo social ¿Qué hacer con ese malestar? ¿Donde depositarlo? La pregunta del como tramitarlo está directamente relacionada con la manera de entender su génesis, si este componente agresivo, que no se deja domeñar por la ley, que escapa a las formas de organización proviene desde el sujeto, las medidas de control y coerción tendrán como escenario al sujeto mismo, si por otro lado, este componente pulsional, emana desde el estado, desde la cultura, una revuelta contra esta, una reforma estaría justificada. Como sabemos a partir de Freud aquello que resiste a la cultura es ineliminable precisamente porque no se encuentra en ninguno de estos dos lugares, sino en su interacción, es el efecto, el precipitado del conflicto entre el sujeto y la cultura. El pensar este malestar, este componente sintomático, esta infelicidad como algo estructural a la civilización es un tanto pesimista, en su horizonte está inscrito que cualquier proyecto político está condenado al fracaso, ¿hasta qué punto será así?

Como decíamos, las sociedades de control en la medida que han dejado de ser sociedades disciplinarias, su técnica no es el “encierro”, técnica propia de la sociedad disciplinar; sino, el control continuo, la ilusión de infinitud dentro de la homogenización, la satisfacción automática, la creencia en el lazo social a través de la fibra óptica. Si en la sociedad disciplinar la vigilancia la ejercían las instituciones, en la sociedad de control la ejercen también las tecnologías. En este sentido a cada sociedad le es propio un tipo de máquina al igual que un tipo de sujeto. “las máquinas simples o dinámicas de las sociedades de soberanía, las máquinas energéticas de las sociedades disciplinarias, las máquinas cibernéticas y los ordenadores de la sociedad de control”

El discurso capitalista planteado por Lacan, es propio de este tipo de sociedades, es un discurso que no hace lazo, se caracteriza por un rechazo a lo simbólico lo que quiere decir un rechazo a la ley, un rechazo a la operatoria de corte, rechazo a la perdida, a la castración pero junto con ello también a la posibilidad inventiva y de creación, solo el corte nos separa de la alienación “(…) el discurso capitalista, verdadera perversión del discurso del amo, que constituye un estallido de todos los lazos sociales por imposibilitar o destruir la dialéctica en que se fundan”[vii] Es a través de la ciencia y el auge tecnológico amparadas en un sociedad de control que el discurso capitalista promueve ciertas formas de gozar como por ejemplo los gadgets; objetos los cuales uno de sus características principal es que son altamente reemplazable, brillan de manera breve retornando como desecho, objetos que promueven la satisfacción inmediata pero descartable, por lo que empujan al sujeto a consumir.- “Solo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con que hacer lazo social”[viii]. La satisfacción de este tipo de sujeto actual es producida como individual aun cuando el acceso esta es propio del colectivo, los placeres son de a uno sin lazo con el otro, sin la “comunidad” lugar que por excelencia permite el trabajo (trabajo en tanto producción y en tanto tramitación sintomática) y el vinculo con el otro. Salud mental es amar y trabajar sostenía Freud; es en la comunidad el espacio de la realización del sujeto, es decir con el otro “Solamente dentro de la comunidad con otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal”[ix]

En la actualidad también esté real estructural se opone a la heterogeneización del control y la vigilancia pero aparece obturado por la constante y múltiple oferta de objetos y modos de satisfacción que promueve el mercado.

 

Para concluir…

A lo largo de estas páginas se esbozó a la sociedad disciplinar metaforizando la crisis de las instituciones, la crisis del sujeto moderno. También el cómo la sociedades de control han tomado el relevo sino total al menos parcial de las sociedades disciplinarias, el paso de la vigilancia al control; se destaca en el interior de estas formas de organización social (disciplinarias) la proposición freudiana de un malestar estructural presente en toda sociedad haciendo énfasis en la resistencia y denuncia que este resto promueve, pero que su vez atenta contra el propio sujeto a modo de pulsión de muerte introyectada. En la actualidad también esté real estructural se opone a la heterogeneización del control y la vigilancia pero aparece obturado por la constante y múltiple oferta de objetos y modos de satisfacción que promueve el mercado. Ahora bien lo que queda pendiente es pensar él como la actual forma de subjetivización tiene como efecto cierta presentaciones sintomáticas a nivel clínico, propias de la época y la función del analista; por ahora mencionaré que el analista para hacer resistencia a ese real propio de la época tendrá que preparar un “espacio” para la castración, hacer lugar al corte, a la hiancia que aparece obturada en la época hacer lugar a la emergencia del objeto a (causa del deseo).

Pensar el psicoanálisis y lo socio-histórico es recalcar el estatuto ético del síntoma, su dimensión histórica de denuncia, destacar hasta qué punto el pensar al sujeto solo recostado en el diván va de la mano del discurso del amo “El sentido del síntoma es lo real, lo real en tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de manera satisfactoria, satisfactoria al menos para el amo” [x] En cierto modo dependerá de nuestra práctica que el sujeto se reapropie del síntoma, abrir el camino del deseo y de las posibilidades de invención y cambio.

 

 

Bibliografía.

 

Aleman J.- Larriera S. “Lacan: Heidegger” Ediciones del cifrado, Buenos Aire 1996

 

Barros M. “Adversus Siniestri.” En “Psicopatología: clínica y ética” Fabián Schejtman (compilador), Editorial Grama, Buenos Aires 2013

Deleuze G. “Post-escriptum sobre las sociedades de control” en “Conversaciones”. Biblioteca de filosofía. Editorial nacional, Madrid 2002.

Deleuze G, Guattari F. “El Anti Edipo: Capitalismo y esquizofrenia” Editorial Paidós básica 2002.

Freud, Sigmund “Tótem y tabú” (1913) en Obras Completas Vol. XIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1993.

Freud, Sigmund “El malestar en la cultura” (1930 [1929]) en Obras Completas Vol. XXI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. 1990.

Foucault, M. “Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión”, Editorial siglo XXI, Buenos Aires 2002.

 

Lacan J. (1959-60), El seminario, libro 7(1959-60) “La ética del psicoanálisis”, Paidós, Buenos Aires 1981.

 

Lacan J. (1974) “El triunfo de la religión” Editorial Paidós, Buenos Aires 2005

 

Lacan J. “La tercera” En “Intervenciones y textos 2” Editorial Manantial, Buenos Aires 2010

 

Marx K. “Ideología alemana” Editorial Pueblos Unidos, Montevideo 1958

 


 

Notas:

[i] Freud emprende un recorrido de investigación que va desde el año 1913 (Tótem y tabú) hasta el año 1939 (Moisés y la religión monoteísta) en donde expone sus principales ideas en relación a temas de interés cultural, articulando lo individual y lo colectivo

 

[ii] Freud S. “El malestar en la cultura” Vol 21, Obras completas, Ediciones Amorrortu, Buenos Aires-Madrid, p 136

[iii] Lacan J. (1959-60), El seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires 1981, p 385

[iv] Barros M. “Adversus Sinistri.” En “Psicopatología: clínica y ética” Fabián Schejtman (compilador), Editorial Grama, Buenos Aires 2013, p 255

[v] Deleuze G. “Conversaciones” Post-escriptum sobre las sociedades de control. Biblioteca de filosofía. Editorial nacional, Madrid 2002. Pág.196

[vi] Deleuze G. “Post-escriptum sobre las sociedades de control” en “Conversaciones”. Biblioteca de filosofía. Editorial nacional, Madrid 2002. Pág.197

 

[vii] Aleman J.- Larriera S. “Lacan: Heidegger” Ediciones del cifrado, Buenos Aire 1996, p 172

[viii] Lacan J. “La tercera” En “Intervenciones y textos 2” Editorial Manantial, Buenos Aires 2010, p 86

[ix] Marx K. “Ideología alemana” Editorial Pueblos Unidos, Montevideo 1958, p 82.

[x] Lacan J. “La tercera” En “Intervenciones y textos 2” Editorial Manantial, Buenos Aires 2010, p 84

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