Crítica Rabiosa: Contra el músico INDIE

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A los músicos indie nadie les enseño a tocar un instrumento, con suerte agarraron la guitarra de palo por allá por los 18 años de casualidad, porque sus abuelas les querían hacer un buen regalo.

A estos músicos no les gustan los Beatles, consideran que hay 20 bandas mejores de la época de los 60, y de recónditos lugares que hacían cosas más vanguardistas y más dignas de ser apreciadas en sus círculos de música.

Rayan en la locura de lo iconoclasta, creen que jugar con la computadora y el programa de edición musical reazon es hacer música de calidad. Odian acérrimamente los pentagramas, la teoría musical, la historia de la música en general y la clave americana, por considerarlos burgueses y fuera del alcance del tipo común y corriente.

Abominan del jazz por considerar su exceso de virtuosismo una cachetada a lo vital de las raíces del rock, aunque tampoco los mata el Blues. Por la misma razón para ellos no existen bandas como Dream Theater, Led Zeppelin, Van Halen, Pink Floyd, Yes, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull o La Maharishi Mahavishnu Orchestra. De igual forma que el virtuosismo de Joe Satriani, Eric Clapton, Jimmy Page, John McLaughlin, Andie Meolla, entre otros, no es real para ellos. Es como si nunca hubieran nacido.

Pontifican el ruidismo de Pavement, el feísmo musical de Joy Division, junto a los movimientos epilépticos de Ian Curtis y por su solo pasado aceptan a los New Order (que lo conformaban el resto de los Joy Division con un teclado más y sin el suicida de Curtis)

Actualmente los músicos indie tienen plagada internet de sitios donde se promocionan y promocionan a sus amigos. Si en el 2000 armaban proto sellos musicales independientes que con el tiempo y la garua desaparecieron, hoy forman Net Labels, dicho de otro modo, sellos discográficos por internet, donde todos sus amigos músicos de Kazajistán, Finlandia o Indonesia pueden mandar su música, y de esta manera incorporarse al catálogo de su flamante y virtual sello discográfico.

Estos niñitos no tienen voces muy agradables y además de eso suelen desafinar con una persistencia sospechosa. Ni sugerirles tomar clases de canto, eso sería coartar la libertad interpretativa, en aras de una normalización de su canto, lo cual finalmente los desnudaría de su propio y valioso estilo al cantar.

Adoraban a Bjork más aún si tienen algunas de sus canciones en islandés y actualmente veneran a Juana Molina, esa actriz cómica argentina, que salió del circuito actoral televisivo, para empezar su carrera solista con su guitarra de los años 60 y sus loops musicales infinitos. En general uno de los países fetiche de estos músicos es Islandia un país que tiene un poco más de 300 mil habitantes pero tiene una efervescencia cultural impresionante, contrastando con el número de sus ciudadanos.

Ellos siguen buscando con paciencia monacal nuevas bandas completamente desconocidas que tengan influencias de todos sus grupos indie de cabecera, pues allí está el futuro de la música, piensan ellos.

Este mundillo es una colonia dentro de la escena musical chilena con sus espacios, sus bandas y su público, que en general son ellos mismos que se escuchan unos a otros y se comentan en las redes sociales, se postean sus nuevas creaciones musicales en los mismos sitios de revistas musicales independientes que ellos crearon.

Estos muchachos opinan y opinan hasta la saciedad de todo: políticas culturales, el gobierno, la prensa escrita y televisiva, tienen tanta capacidad de opinar como creatividad. Ellos tienen fe en el futuro, crean esas melodías semi electrónicas, semi acústicas repetitivas, altisonantes, algunas veces con guitarras y bajo, otras solo con sintetizadores. Crean y crean en sus casas y en sus computadoras, notebooks y netbooks y suben lo que crean a sus Net Labels porque saben que de aquí a 15 años más, otro joven y desconocido músico los señalara como un escondido nuevo tesoro del rock.

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Carolina A. Torres Reyes

Carolina Andrea Reyes Torres (Santiago, 1983) es profesora de Inglés de la Universidad de Santiago de Chile y Magíster en literatura latinoamericana y chilena por la misma universidad. Colabora haciendo crítica literaria en Revista Lecturas, Poesía y Crítica y Dos Disparos. También hace crítica de cine en 35 Milímetros. Ha publicado algunos de sus cuentos en Revista Sangría de Chile e Íkaro Magazine de Costa Rica. Fue mención honrosa en el Concurso Literario: “Lánzate un cuento en las Lanzas”. En la actualidad mantiene un blog de crítica cultural llamado Omnivoracultural.

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