Reseña: El cuenco de plata – Witold Gombrowicz

La inmadurez como fuente de creación

Dos años antes de la Segunda Guerra Mundial, extraído como de un sueño hilarante del excéntrico Alfred Jarry, el polaco Witold Gombrowicz (1904-69), escribió Ferdydurke, su novela más representativa e iconoclasta. En lo que sería algo así como una parodia del cuento filosófico al estilo volteriano, esta historia de humor misterioso, narra la regresiva transformación moral de Pepe, un hombre adulto (treintañero), en un adolescente de tan sólo quince años. Pues su situación hasta entonces había sido poco clara: no sabía bien qué era. ¿Hombre o adolescente? Dado que aquel estado no podía prolongarse, sin comprender ni ser comprendido, es arrastrado de las narices por el profesor Pimko quien lo introducirá de vuelta al colegio, sitio donde sus compañeros –jóvenes virginales pero también irresponsables y crueles- lo infantilizarán en una orgía de situaciones cómico-eróticas. Durante el proceso de aniñamiento, los descubrimientos no dejan de sorprender.

            Sifón, Polilla, Bobek -quienes encarnan el problema de la inocencia perdida, la forma indefinida-, hundidos en los excesos de la trivialidad y vulgaridad, pronto revelarán la vergonzosa instancia que esconde toda bienintencionada creencia adulta. Pues, como indica el protagonista, y quien padece de este premeditado proceso de inmadurez: “no somos maduros, sino pobres tipos que se debaten en los bajos fondos de lo concreto para poder expresarnos y que cuando nos enfrentamos con nuestra bajeza estamos más, mucho más cerca de la verdad que cuando somos, nobles, sublimes, maduros y definitivos”. ¿Vale entonces conquistar los falsos ideales de la madurez legitimada por las instituciones?, ¿sacrificarlo todo por la impostura colectiva de la tradición?; ¿es posible la individualidad?

            La inadecuación del hombre en una era de cambios acelerados tan violentos como constantes lo llevaron a Gombrowicz a explorar –de manera inconcebible para el establishment pacato, siempre bien intencionado, siempre culto y artificial- las costumbres políticas y culturales. Pues, bajo su yugo, uno equivale siempre a no ser nunca uno mismo, ya que “nuestra madurez exterior es una ficción y todo lo que uno expresa no corresponde a nuestra realidad”. Mientras fingimos madurez, en realidad vivimos en un mundo muy distinto. Situación profundamente conflictiva y contradictoria y que lleva a una lucha constante por la forma: el derecho de expresar nuestra identidad. Así, la anómala Ferdydurke, la obra capital de “Witoldo”, es un poco de todo: novela metafísico-sensual, una crítica clown, un tratado, un divertimento, un absurdo, un drama… pero ante todo, una valiente batalla librada hacia la sinceridad de nuestra propia expresión.

            Obscena, incómoda, “desubicada”, Ferdydurke se sitúa hoy como una de las antinovelas imprescindibles del siglo XX. Gombrowicz fue uno de los primeros en denunciar la impostura humana ante la realidad (Balzac, y su percepción reconfortante de los hechos). Dos décadas más tarde, Alain Robbe-Grillet, quien profundizó el camino del polaco, describirá esa realidad, aunque, tal como se presenta, es decir, sin intromisión de juicios sumarios.

FERDYDURKE
Witold GOMBROWICZ
Traducción: Witold Gombrowicz y otros
El cuenco de plata
Bs.As., Argentina. 2014 (280 Págs.)



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