Reflexiones en torno a Emma Villazón: La poesía un monstruo textual

Permítanme iniciar estas reflexiones sobre la poeta boliviana Emma Villazón Richter (Santa Cruz, 1983-20015) con una anécdota personal. En el año 2013 ella visitó el colegio en que trabajaba como profesor para dictar una charla/taller sobre poesía con estudiantes de educación media. La lectura poética no era precisamente el pan nuestro de cada día entre aquellos jóvenes, pero Emma logró transmitir su pasión por la literatura en aquel colegio periférico de la ciudad de Santiago de Chile, olvidado por grandes escritores y académicos. Luego de su exposición un grupo de alumnos querían armar un taller de poesía, querían publicar un libro, querían, según expresaron, “sensibilizar el alma de sus compañeros”, haciendo suyo parte del discurso de la visitante poeta, quien, en su presentación, destacó la contradicción como fundamento semántico en la poesía, en un juego intelectual abolió frente a estos alborozados estudiantes sus canónicas concepciones sobre este arte, definiéndola simplemente como “una especie de animal mitad pájaro, mitad terrestre y mitad acuático. Un monstruo textual, un animal sin forma ni contenido preciso”.

Por vicisitudes del destino Emma el 19 de agosto del año en curso, muere. No deseo entrar en detalles de lo sucedido, los medios ya nos han informado al respeto. Estas palabras solo son para recordar el trabajo poético de la escritora boliviana radicada en Chile.

Autora de los poemarios Fábulas de una caída (2007), que la hizo merecedora del I Premio Nacional de Noveles Escritores en Bolivia, y Lumbre de ciervos (2013), la escritura de Emma Villazón destaca entre las voces de su generación. Como todo buen conocedor de su lengua (tal vez por sus estudios de filología en Santa Cruz) ella es dueña de una voz poética templada, elegante y sensible, mas no anquilosada en la antigua tradición. No es que Emma reniegue de ella, pero siente necesario un cambio, una renovación de aires. Y considero que sus versos, precisamente, renuevan y resignifican el contenido de la poesía boliviana, ella rompe con las ataduras de una poética nacional que mantiene tintes decimonónicos y costumbristas, según sostiene la propia la autora. Sin dejar de ser boliviana se vuelve latinoamericana y sin dejar de ser latinoamericana se vuelve universal. Tal como su propia definición de poesía lo propone ella también se constituye como “monstruo textual”, ya que sus poemas son una caótica armonía en la que deambulan múltiples imágenes: el hogar, la ciudad, la maternidad, los hijos, la familia, América, la naturaleza, lo cotidiano, lo culto, además de referencias literarias y filosóficas que conviven audazmente en su trabajo escritural.

Las influencias literarias de Emma son tan variadas como lo es su propia poesía, Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath, Emily Dickinson, Clarice Lispector, Marosa di Giorgio, Susana Thénon, Sharon Olds, Fernando Pessoa, Paul Celan, César Vallejo, Humberto Díaz-Casanueva, Leónidas Lamborghini, J. Guimarães Rosa, Marina Tsvetáieva y Héctor Viel Temperley son solo algunos de sus referentes. Lectora universal y poeta universal, heredera de múltiples tradiciones literarias, y renovadora de la propia. Villazón nos reconcilia con la lengua materna, además nos acerca a otras. Su poética implica una valoración estético-lingüística de la palabra, ve en ella la posibilidad de significar la realidad, de darle un sentido a ese sin sentido en que las palabras en ocasiones caen. Pero ello se logra solo con la palabra poética, ya que “produce un temblor intelectual y emocional que lleva a creer ni más ni menos que en lo imposible” sostiene la autora.

Solo dos poemarios deja Emma Villazón a su partida, pero sabemos, quienes la hemos leído, que a pesar de lo sucinto de su escritura, ésta sobrevivirá a los avatares incomprensibles del destino. “No se aleja quien nunca se va” nos dice en su poema Parlamento, “Nadie parte fácilmente y quizás nunca del todo” sentencia unos versos después. Y es su propia escritura el argumento clave para validar el juicio que enuncia el mencionado poema, tal como nos dice Cé Mendizabal, prologuista de su segundo libro, al manifestar que “el tiempo habrá de confirmar a Lumbre de Ciervos [y a la poesía de Emma en general] como uno de los poemarios más brillantes de esta parte del mundo en los últimos tiempos”.

Emma destacó en la última versión de la Feria del Libro de La Paz que los grandes poetas traspasan las fronteras de su época. No será ella la excepción a la regla, estoy seguro que mañana, nuevos escritores refundarán la tradición literaria citando como influencia directa a una joven poeta boliviana que voló temprano, pero que su lucidez intelectual y su humildad creadora marcaron una época, enraizándose en el imaginario poético colectivo. Viviendo en sus versos como todo monstruo textual.

Poemas de Emma Villazón

CIUDAD

América es un sueño permisible,

Siempre que recuerdes que las hormigas

Tienen Américas y los Rusos

Como los Posesos tienen Américas

Jack Kerouac

Qué ajeno sueño

vivir en la pacífica ciudad,

madre tierra de cálidos hombres

donde se ocultan las maquinarias de violencia

y apenas tiemblan los labios de los mudos;

parece que bajo unas olas la gente se duerme se duerme

mientras los amigos rojos de vino vislumbran un camino

–mi rostro no me pertenece, me digo, no tengo futuro–

En la fiesta

juega mi voz con la de unos pocos románticos perros,

mientras sueñan las caras de los niños teñidas de progreso;

bajo su almohada veo alzarse sus autistas fantasías,

sus solitarias e incestuosas sonrisitas

Qué pudo enseñarles una maestra morena

si ellos adoran lo blanco, una tele, una cama,

un mundo sin luna, sin noche, sin padres, sin nada;

qué biblia de locura debió enseñarles,

qué palabras como dardos,

qué corazón dormido bajo el agua

De Fábulas de un caída

HACIÉNDOME CARGO

En algún lugar, alguien viaja hacia ti,

                                                viaja día y noche.

                                                  Anne Carson

Trato de hacer todo con cuidado.

Se me encarga que mantenga la casa en orden

y así lo hago, primero con desesperación, luego sin pensarlo

(sin preocuparme como cuando estoy frente a la luz);

entonces barro las hojas que cubren el patio,

estiro la ropa en sogas, cocino, quito el polvo,

atiendo a los capullos de las jardineras de ladrillos:

velo su crecimiento, su raro sueño de puños cerrados.

Asumo mi tarea con sudor y culpa,

pero cuando boto las conservas vencidas por el inodoro,

me quedo allí parada por varios minutos.

Es un alivio ver cómo el agua limpia absorbe y se lleva todo.

Descanso increíblemente viendo cómo es succionado

el mal olor de nuestras vidas, y emerge de eso que parecía vómito de niño,

una espuma similar a la del mar.

Es difícil estar pendiente de la suciedad, de los restos

que dejamos en los baños, en los platos, en los pasillos,

es como estar levantando lo que el tiempo nos hace a cada minuto

en nuestra intimidad y queda con telarañas en unos rincones.

Realmente es duro, pero cuando veo esa espuma que se ha llevado

lo malo, es para mí como una canción, una que me dará fuerzas

cuando venga la noche

y no tenga otra voz

sino esa con la que contesto el teléfono.

De Fábulas de una caída

 

PARLAMENTO

No se aleja quien nunca se va,

sale por la puerta real o irreal

y se despide en tono de lluvia ascendente o pájaro.

Nadie parte fácilmente y quizás nunca del todo

de instancias mayores, sobre todo

del lugar del origen, de esa torre ambigua

y amenazadora, siempre hambrienta de sueños idénticos.

No hay quien no requiera tiempo y fricción

para alcanzar la corrida en pos de su lengua.

El punto de tensión entonces

no reside en la cantidad de escenas y abrazos que aletean

o qué ciudad a mediodía se abandona, sino con qué

perfiles, llaves, piernas de sombra y cielos plegables

se parte, con qué

gigantes en sonrisas

—dijo aquella que se va

en la intersección del pájaro

De Lumbre de ciervos

Comenta con Facebook

More from Juvenal Romero Perez