El hombre elefante

Tenía una oreja más grande que la otra. Y tú lo veías y pensabas en el hombre elefante. Pero además de eso, estaba bien. Fue gordo, según él porque su ex lo había hecho engordar. Pero fue de jalero. En todo caso, cuando lo conocí intentaba rehabilitarse de la gordura. De lo otro no tengo idea. Entré a la oficina del jefe, estaba él también, y me miró de pies a cabeza. Yo era nueva y joven. Entonces empezó a ser simpático, pero no, en verdad no. Era nervioso. Y estaba siempre como escondiéndose. Sospechoso. Me invitó a almorzar. Liguria. Raviolis de ricota con salsa de pesto y roja. Me puse nerviosa. Me estoy metiendo en un atado mayor. Luego me invitó al cine. Dije que no. Jamás. Luego me siguió saliendo de la pega. ¿Dónde vas? A la librería. Te acompaño. Idiota. Fuimos. Y al terminar, me invitó a tomar algo. Así fue. Me contó una historia tragicómica de su ex pega de donde lo echaron por meterse con su subalterna y luego acosarla, esa es su ex. Tomé mucho vino y bueno. Después se siguieron un par citas más. Entre medio se iba de vacaciones a Europa. Era amable. Estaba solo igual que yo. Yo venía saliendo de una caída profunda en el amor. En todo caso, jugué a dos bandos un tiempo con el que quería y este. Y cuando me dejó el otro, seguí con este. Volvió de Europa y me invitó a comer. Ahí nos besamos. Ya nos habíamos besado pero ahí fue otra cosa. Y me invitó a San Pedro, fin de semana largo, como en dos semanas más. Dije que sí. Nunca me había subido a un avión. Nunca había pasado de La Serena. Y bueno. Tuvimos una relación de más de 1 año, creo. Me porté mal. Fui escandalosa. No le presenté a casi nadie, ningún amigo, mis padres casi al final cuando ya no podía dilatarlo más. Rompí cosas. Revisé celulares y correos. Encontré conversaciones con una morena donde decía “qué rico me lo chupaste anoche”. Un día me fui a su casa sin avisar y llegó en la madrugada hablando por celular diciendo “¿Y cuánto me cobrai por todo eso? Ya te espero en un rato. Mi dirección es (…). Entrai piola eso si po.” Yo revisaba las boletas en el basurero, cada vez, y descubría inconsistencias. Contaba los condones en el velador, etc. No entiendo qué me pasaba, porque yo no lo quería, quería al otro que me dejó, pero seguía ahí haciéndome mierda con todo eso. Hice de todo. Finalmente se fue a trabajar al norte, a una mina. Sueldo de gerente. Lo único que quería era que se fuera. Fui un par de veces para allá. Todo esto escondida. En mi pega no se sabía ni se podía saber. Yo no quería que se supiera. Me daba vergüenza estar con ese weon. Era insoportable. Maltrataba a la gente. Sus compañeros de trabajo lo odiaban. Incluso yo lo detestaba. Era un animal asqueroso. Sin embargo yo estaba ahí. Terminé con él pasado el año nuevo. Fuimos a Iquique a un hotel fantástico con miles de estrellas. El día antes de mi partida al norte mi mejor amiga se iba de Chile y le hicimos despedida, con mi mejor amigo. Éramos tres inseparables. Nos curamos a más no poder. Terminé culeando con mi mejor amigo. La noche anterior hice lo mismo con otro chiquillo que conocía de un Taller de poesía. Me fui a su departamento. Era lo que quería hacer. Cuando llegué al norte me bajé del avión, y esperé que el weon llegara a buscarme al aeropuerto. Se demoró. Hice un escándalo, nunca más vengo para acá, no te veo hace como un mes y no me esperai, etc. Apenas llegué al Hotel fui al baño. Entro, me bajo los pantalones, hago pipi, me miro y veo un plástico blanco como saliendo de mi vagina. Qué chucha. Un condón. Mierda. Se salió uno con el chico del Taller. Nunca lo encontramos. Pensábamos que había caído debajo de la cama.

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