IOSHUA

Lo que yo sabía de IOSHUA cuando lo conocí fue que era un gran poeta o un gran performer, o algo así. El que me lo dijo fue Nico y yo, como siempre, no hice caso. Lo que si era cierto era que recitábamos en el mismo evento en el Umbral. O quizás el recitaba con música y disfrazado o vestido para ejecutar su performance y yo iba a cantar insulsamente unas canciones. Entonces intermitente lo vi y me cayó bien. Más que gustarme lo que hacia, me cayó bien, y eso siempre marca la actitud que uno tiene con los artistas. A mi, de mis preferidos, no hay ninguno que me caiga mal. Exceptuando a Tanguito que era demasiado bobo para existir en este mundo. Pero IOSHUA no era bobo, ni mucho menos. Era un vivo, un vivo violento. Una persona que, como ví en alguna de sus entrevistas, nunca perdió de vista lo esencial en la vida: ser feliz. Pero no lo vi no porque quisiera. No lo vi porque arriba también se desarrollaba un espectáculo, una fiesta, y otros amigos, diferentes, amigos que no eran artistas de la oscuridad, ni de la nada, ni del silencio, me esperaban. Y los ruidos del Umbral a veces son un poco, digámoslo, sacadores de quicio. Presumo que Nico y su banda lo conocían de antes porque IOSHUA era Argentino. Pero yo soy chileno así que no lo conocía, no conocía su leyenda, una leyenda que fui conociendo en las sucesivas veces que nos encontramos luego en otros lugares y en otras circunstancias. Así que ahí, ya medio borracho, después de que acabó todo en el Umbral, nos pusimos a conversar y salió el tema de la Ma. Nos fuimos, junto a su asistente, a comprar Ma. Después fuimos al Emergente. Ahí en el emergente, bebimos Juntos y conversamos mucho, muchísimo rato. Yo invité todo. La EME y el Alcohol. Ese día encontré un compañero de Soledad. Porque era inmensa la soledad de IOSHUA. Era inmensa porque era su cabeza la que se había quedado sola. También, fue su culpa. También fue su orgullo. Pero estaba Destinado y él lo sabía.

Yo creo que IOSHUA no concebía el querer porque seguramente el daño que le hicieron era medio irreparable. Y ese tipo de daño uno se lo puede bancar mientras tiene el entusiasmo de la juventud, pero ya no tanto cuando el entusiasmo se va diluyendo y el cuerpo comienza a comunicar la disposición para la que ha sido creado: supongo que reproducirse o vivir en paz o sentarse en el sillón a que te crezca la panza. Habremos estado unas cinco horas conversando. Me habrá contado toda su historia, pero no la recuerdo porque estaba DE MA SI A DO borracho. Así que volví en taxi a mi casa. Me di cuenta que había gastado medio alquiler. Me di cuenta que tendría que alimentarme de fideos todo el resto del mes. Me arrepentí de conocer a IOSHUA.

Bueno, a mi me caía bien. Así que la segunda vez que lo vi actué normal. Pero IOSHUA, que ya me conocía, comenzó a molestarme. A provocarme. Así que yo le respondí de vuelta. Me parece que ese día también era recital en el Umbral, pero más seguro es que recitaba Él y yo andaba de curioso espectador de fenómenos de la inteligencia. Habían algunos que eran verdaderos ascetas, religiosos de la violencia contra la Miseria de los Seres. Y otros que solo eran cómodos estetas. Excelentes estetas. Pero sólo eso. Yo fuí arriba, evitando la provocación. Fui arriba con ganas de responder, pero traté de diluir todo el asunto, me caía bien, tengo que repetirlo. No se lo decía, pero me parecía evidente. Me parecía que mi actuación era fácilmente interpretable como eso: EY, IOSHUA, me caes bien. No te admiro, porque no admiro a nadie. Pero te creo. Dudo de tus palabras y de tus relatos. Pero no dudo de lo que escribes, IOSHUA. Eso es indudable.

Entonces, volví abajo y siguió la provocación. Respondí, pero en tono de burla. Balbucee palabras. Ejecuté sintagmas sin significado imitando algún lenguaje. IOSHUA, como no entendió, y andaba siempre divulgando su inmenso saber infinito, se sintió atrapado. No estaba atacando su astucia, no, estaba burlándome, defendiéndome. Eso creo que fue lo que entendió. Así que agarró una botella y quiso golpearme. Nico y José nos separaron.

Pero había buena onda, eso es cierto. Bastante supongo yo. Porque nos fuimos los cinco a la casa de Nico, se nos había sumado Feliz, improvisamos unos temas. Y nos fuimos a Ladran Sancho.

Lo otro que recuerdo es que estaba viviendo en la calle. Seis o siete meses después de estos episodios que se sucedieron en dos o tres meses más o menos. José lo alojó en su casa. Ahí fue cuando escuché su historia. Ahí fue cuando lo conocí de verdad.
No había reparado antes en lo dulce que a veces era su mirada, como si fuera un niño. Tampoco en lo irremediable de su violenta inteligencia, como si fuera un soldado rescatado de Vietnam que no perdió ninguna de sus facultades: esa era su más grande valentía, la que es un ejemplo para todos nosotros. Nunca perdió la ternura. Nunca perdió el hambre de ser Feliz. Su pasión por ser feliz era equivalente a su necesidad de Morir. Como el amor. Como la tristeza. Como el odio. Fue un sujeto que se dejó atrapar, creo que voluntariamente, por el Tornado porque quería escribir.

La última vez que lo vi fue en Santiago. Y me alegré de Verlo. Lo vi de lejos y me dije “será IOSHUA?”. Estábamos en una feria en el Barrio Yungay. La Fiesta del Roto Chileno, y IOSHUA estaba frente al Chancho Seis, recitando junto a otro flaco, quizá más tramposo que él. Así que fui, le pregunté si era él y era él. Nos saludamos. Y estuvimos charlando un rato. Yo también me sentía extranjero en Chile. Así que fue como ver un compatriota y nos tratamos como tales. También me encontré con Ivana Szac y estuvimos los tres paseando un rato por Yungay.
Ocurrió que le robaron. Después en Facebook puso que Chile era una Mierda y que ningún poeta chileno lo recibió. Acusó a Hector Hernandez y a otros.

Conocía bien a Pedro Lemebel. Cuando charlamos de eso habló de él como si fuera una loca que no se comparaba con él. Yo creo que en el fondo lo admiraba. Pero IOSHUA no admiraba a nadie, solo a si mismo. Quizás su inmenso ego era la única forma de protegerse frente a toda la violencia que lo afectó siempre violentamente. Nadie está destinado a morir así. Ni siquiera sé cómo murió. Aunque IOSHUA vivió y escribió como si más allá de los 35 no hubiera vida.

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