El Agua

El agua de mi casa sale del grifo y proviene del jardín japonés de Buenos Aires. Se vierte con unos peces naranjos que nadan en ella, habituados a recibir las migajas de un alimento que los turistas les arrojan desde un pequeño puente. Los peces caen en mis manos y se resbalan, Siento pena cuando los veo desaparecer, pero al rato se me pasa, porque creo que los peces vuelven al agua del jardín japonés en Buenos Aires. Cuando retornan a su agua original, los peces pueden presenciar el festival de Manga que convoca una agrupación otaku en Buenos Aires.

El agua maravillosamente fluye. Pensé que íbamos a ser víctima de la sequía, pero el agua sigue saliendo cada vez que abro la canilla. Corre hacia el fondo del fregadero, el agua con peces y todo. A veces los peces naranjos estilo buscando-a-nemo dejan de salir y los recuerdo con nostalgia. Semanas después, a veces meses, vuelven a salir sin previo aviso. Les pregunto qué ha sido de ellos, que cómo están, que por qué dejan de salir de manera imprevista. Nunca responden. Les pregunto con un hilo de voz muy dulce, cómo cuando hablo con un cachorro en la calle o imito a un ewok, en particular a wicked, que es el ewok más conocido. Los peces nunca responden. Aunque no se sienten aludidos, les seguiré preguntando, solo para cumplir el ritual de reclamar su presencia, que no necesito. Para obligarles a pensar que debieran volver. Aunque nunca demuestren arrepentimiento, porque son peces. Y los peces no se arrepienten.

Comenta con Facebook

Written By
More from Gerda Brasila

Caos

En el sueño, una sombra de lo que soy abre la puerta...
Read More