Cárcel de mujeres

Nos decían que para qué estudiar tanto
si la droga nos daría para el pan
o seríamos lo mismo que las madres
que nos parieron
nos decían que no era para tanto
si viviríamos al tres o al cuatro
como las que rondan alrededor
si podríamos trabajar con la noche
y sus cosméticas tristezas
en alguna esquina de vaginas rotas,
que no era necesario ni romperse el lomo
Nos dijeron a los once años
que no seríamos vírgenes
mientras que sus hijas podían abortar
con la plata de los servicios públicos
en clínicas privadas.
nos decían entonces que nuestro fin sería
ser esclavas de lavar platos en la cocina
aguantando balazos
y los golpes en la cara o en los recuerdos,
nos dijeron ayer
que era obligación amar a la patria, hacer
reverencias a las nuevas dictaduras, aguantar que otras
se llevaran mis oportunidades,
cantar el himno nacional cada lunes
mientras que mi madre moría en un hospital público
nos decían que las pastillas quizás nos salvarían pero
también amenazaban con el infierno
robándonos la infancia
mientras que la soledad se acompañaba
con la T.V.
nos decían compañeras que no era necesario
ir por más a la biblioteca
escribiendo secretamente algún sueño
para ellas no era necesario que saliéramos de
las moradas mediocres
ya que el destino para nosotras por parte
de ellas era llenarnos de chiquillos moquillentos
y no parir libros
ya que su patria se planificaba entre
cuatro paredes
encerrándonos cada jueves con llave en la cocina
de la escuela
hablándonos de su dios y el puchero
ya que no tendríamos según las visiones
estadísticas de las que nos decía
ser la madre de cinco por ocho en la pizarra
de tiza,
nos decían tanto apagando las pocas esperanzas callejeras
echándonos la culpa de lo que no sabíamos
mientras que cada lunes en filas tenía que entonar en orden
el himno nacional , mostrar los pañuelos limpios y blancos,
con la ducha recién salida de la casa
y mis compañeras de diecisiete el aliento
matutino más las caderas
nos decían que para qué estudiar tanto
si un día no muy lejano formaríamos un nido
o tendríamos un huacho sin apellido paterno
pero yo desconforme hago la guerra a ellas
que trataron de formar mi ignorancia
haciéndome adicta a los libros, las drogas y el alcohol
olivando casi diez años sus torturas
haciéndome poeta
respondiendo éste nuevo examen a la vida,
de que porqué me sirvió estudiar tanto:
para vivir también.

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