Brasil: consolidar lo avanzado.

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El peso de las continuidades, las dificultades del cambio.


Hoy hay segunda vuelta presidencial en Brasil, y más allá del muy posible triunfo de la candidatura del Partido dos Trabajalhadores, Dilma Rousseff, aquí se intenta aportar con máś datos y coordenadas para comprender el escenario político, social, y electoral en Brasil. Está enlazada una buena cantidad de notas, artículos y libros sobre los temas abordados en estas líneas, espero sean de aporte al tan importante conocimiento sobre el gigante sudamericano. Aquí va:

Miradas sobre Brasil. El peso de las continuidades, las dificultades del cambio, la necesidad de consolidar lo avanzado

Introducción

Aunque sea quizá obvio decirlo, lo que pase o no pase en el gigantesco país sudamericano es algo altamente relevante para el resto del continente. Algunos datos a la rápida: Su población de 200 millones de personas es aproximadamente la mitad de la población sudamericana, su tamaño territorial es algo menos que la mitad del total continental, y el tamaño de su creciente producto interno bruto, que ocupa el séptimo lugar a nivel mundial, supera a la suma de todo el resto de los países de la región, cuestión que, además, se hace aún más ostensible atendiendo a otros factores como las enormes magnitudes de recursos naturales y bienes comunes de que dispone, al poderío de su área industrial y tecnológica sin paragón en el resto de la región en áreas como la automotriz, la aeronáutica y la militar, o su peso específico en las relaciones de poder a nivel global.

Sin embargo, en el resto de la región suele haber un desconocimiento no menor sobre sus realidades, cuestión debido tanto a la diferencia histórica (bajo colonización ibérica de todas formas), y lingüística (cuestión bastante matizable dada la similitud con el castellano), como a la dificultad de mirar hacia adentro del gigante país, y como correlato, a su tendencia tradicional a mirar más hacia adentro de sus fronteras que hacia el resto de Sudamérica. Aquí se intentará aportar con un repaso y algunas miradas sobre la realidad política del Brasil actual y su pasado reciente, en especial, enfocando la mirada en la escena político – electoral en curso.

Repaso general a los resultados de las votaciones del 5 de Octubre

En el escenario electoral presente, la primera vuelta presidencial fue de un triunfo relativo para la candidatura de Dilma Rousseff, quien, de todas formas, bajó en su votación en primera vuelta comparándola con la de las elecciones del 2010: unos 4 millones 400 mil votos menos de adhesiones, de un 46,91% entonces, a un 41,59% en esta ocasión. En todo caso, la mayor sorpresa estuvo dada por los resultados sustancialmente distintos a lo que señalaban la mayoría de las encuestas, en cuanto a la votación efectiva hacia la candidata presidencial Marina Silva, ambientalista, de religión evangélica, ex Senadora (primera mayoría nacional en su momento), Ministra del Medio Ambiente del Gobierno de Lula da Silva y militante del PT desde 1985 hasta el 2008, año en que se retiró del partido gobernante renunciando a su cargo ministerial ingresando al Partido Verde, desde donde ya había sido candidata presidencial el 2010 (con un sorprendente 19,3% de los votos), y ahora a la cabeza de una fuerza política en formación, Red Sustentabilidad, que en conjunto al PSB (Partido Socialista Brasileiro), impulsaron una alianza electoral con la dupla electoral Eduardo Santos a Presidente y Marina Silva a Vicepresidenta, pasando Silva a encabezar la fórmula presidencial dado el accidente mortal de Santos, cuestión que sorpresivamente gatilló una fuerte alza en las preferencias electorales hacia su candidatura, con un impulso empujado por encuestas que la ponían en segundo o primer lugar de votación, lo que llevó a considerar su paso a segunda vuelta como cuestión casi segura en su momento.

Sin embargo, a contrapelo de lo que señalaban dichas encuestas y la prensa oligopólica dominada por las derechas que vieron en ella una carta de triunfo para desbancar al PT del Gobierno Federal, el apoyo a Marina Silva terminó sufriendo las propias contradicciones de su propuesta política, decayendo progresivamente en las últimas semanas de campaña. Su irrupción en el escenario electoral, de todas formas, fue relevante en el sentido de develar espacios políticos descontentos o distantes tanto de la coalición gobernante liderada por el PT, como de la derecha principalmente expresada en el PSDB, captando la atención pública con un posicionamiento que intentaba expresar una ruptura del escenario dominado por el eje izquierda PT / derecha PSDB, eso sí, con múltiples contradicciones que fueron desvelándose en el último tramo de campaña, donde se desdijo o contradijo a sí misma sobre variados temas, desde la agenda valórica, donde su filiación evangélica se contradecía con su llegada a las nuevas generaciones, o la política económica, donde su apoyo entre los más jóvenes y ciertos sectores de izquierdas descontentos del “posibilismo” petista se tensionaba con medidas de corte neoliberal, o la propia política ambiental, en la que su convivencias con sectores neoliberales y de las burguesías financieras y derechistas sembraban serias dudas acerca de una efectiva política “verde” en caso de llegar al Palácio do Planato.

Así las cosas, el peso de la continuidad a nivel electoral pudo más: por una parte, la amplia base política, social y electoral construida por el PT y su Gobierno no se vio tan mermada hacia su izquierda, como se creyó en su momento con las movilizaciones de Junio y Julio de 2013, como tampoco hacia Marina Silva, al menos en las magnitudes que se estimó en su momento. Por otra, el conservadurismo de una derecha más dura y conservadora mostró que tiene muy altos apoyos populares, incluso muy crecientes entre sectores de capas medias, en especial en las más grandes ciudades y el sudeste del país, cuestión muy notoria en las votaciones a gobernadores y en las parlamentarias: se visualiza el Congreso más conservador y derechista de la historia brasileña reciente1, solo comparable a aquéllos que permitió elegir la propia Dictadura militar2.

De todos modos, dados los resultados de las votaciones del pasado domingo 5 de Octubre (41,59% para Dilma Rousseff, 33,55% para Aécio Neves, y un 21,32% para Marina Silva), y atendiendo tanto a que la candidatura de Neves expresa al ala más de derecha del espectro político (donde su partido, el PSDB, es el mayor referente actual), como a que es previsible que la votación de Silva se incline de manera ligeramente superior hacia Dilma antes que hacia Neves (tal como en el 2010), como a, en la última recta de campaña, los errores cometidos por la candidatura del PSDB y una no menor efervescencia y movilización electoral de las bases petistas, la mayor probabilidad es que la coalición gubernamental que encabeza el Partido de los Trabajadores continúe gobernando al gigante sudamericano, aunque con una base parlamentaria más débil que la que tenía en su mandato anterior, y una votación a su izquierda que no logra capitalizar políticamente los descontentos “por izquierda”hacia el PT: la candidatura presidencial del P-SOL (“Partido Socialismo e Libertade”), escisión del PT a comienzos del Gobierno de Lula da Silva, Luciana Genro, obtuvo un 1,55% de los apoyos (que de todas formas pueden ser decisivos en esta segunda vuelta), aunque a nivel parlamentario esta fuerza se anotó un crecimiento en candidatos electos.

Sin embargo, como se señaló, al contrario de lo que podía pensarse tras las movilizaciones de mediados del 2013, si alguna tendencia es identificable en esta elección, es en un sentido de reforzamiento de las fuerzas más conservador y neoliberales, en especial en las votaciones parlamentarias, donde las fuerzas más expresivas de los sectores más oligárquicos y concentrados de la economía (los latifundistas, el empresariado rentista, la gran industria) han crecido en votación y presencia en el Congreso, cuestión que seguramente representará nuevas dificultades políticas para los anhelos progresistas y de izquierdas que habitan dentro y fuera de la coalición del actual Gobierno brasileño. De todas formas, las encuestas más recientes han venido desplazándose desde un virtual empate técnico entre ambas candidaturas, hacia un crecimiento del apoyo a Dilma, lo que ha intensificado, por su parte, una agresiva campaña derechista apoyada sustancialmente por su control de los medios de comunicación de masas, también incluso apoyada por medios internacionales de marcado perfil neoliberal como The Economist3.

Breve repaso de la historia política reciente de Brasil

Así las cosas, con las mencionadas variaciones que inclinan por ahora el escenario en una dirección conservadora, los resultados electorales tienden a reafirmar el escenario político y electoral que ha habido en Brasil desde los años 90s: el ya clásico enfrentamiento entre el PSDB y el PT. Por una parte, este último representa una fuerza emergida a principios de los años 80s desde el fuerte movimiento sindical y algunas otras fuerzas sociales que se habían constituido en oposición a la larga dictadura brasileña (1964-1985), y que habían logrado impulsar un multitudinario movimiento popular aglutinado primero por la ampliación de la deliberación política en un contexto dictatorial-autoritario, que tuvo como cuestión aglutinadora la demanda por la elección directa del Presidente de la República a inicios de los 80s, la campaña por las “Direitas Já”, dada la normativa que la hacía recaer en un Colegio Electoral compuesto principalmente por las dos fuerzas políticas dominantes, el oficialista ARENA y la oposición del PMDB (hasta 1979, cuando la dictadura se abrió al pluripartidismo, las únicas fuerzas políticas permitidas). La fuerza de estas movilizaciones y movimientos presionó a una progresiva apertura política del régimen autoritario, aún en contra del difícil escenario de una dictadura en repliegue pero al mando del Gobierno nacional, los gobiernos estaduales (en un país enorme de tipo federal), y una parte significativa del Congreso Nacional, e incluso desde estos actores se logró impulsar el primer proceso constituyente de tipo democrático y participativo en nuestro continente, cuestión demandada por esos años y que a partir de 1985, cuando se eligió al primer Presidente de manera directa, ya fue convirtiéndose en el centro del debate público, con la instalación de una Asamblea Constituyente entre 1987 y 1988 con importante participación e incidencia popular.

En esta contextualización general, es importante mencionar que el PT está constituido por diversas tendencias o corrientes internas, donde la tendencia mayoritaria es el llamado “Campo Mayoritario”, que a grandes rasgos puede catalogarse como la vertiente que ha conducido el partido en casi toda su historia, excepto en un corto período entre 1993 y 1995. En el ala más de izquierda, se encuentra Democracia Socialista, corriente desde donde han surgido algunas cuestiones referenciales en la historia petista, como el muy referencial Foro Social Mundial de Porto Alegre, los presupuestos participativos y otras instancias de participación social en sus gobiernos locales, o algunas iniciativas de integración política a nivel continental como el llamado “Foro de Sao Paulo”, espacio de reunión de las fuerzas y partidos políticos de izquierdas y progresistas a nivel regional.

Por su parte, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña, PSDB, proviene de sectores opositores a la dictadura, de inicial perfil político socialdemócrata, pero que en el transcurso de los 80s y 90s fue, tal como otras fuerzas similares en nuestra región y otras partes del mundo, tendiendo a una adopción progresiva del paradigma neoliberal, identificándolo cada vez más con los sectores más derechistas y conservadores de la política brasileña. Central en esta tendencia fue el liderazgo de Fernando Henrique Cardoso, renombrado intelectual que condujo al PSDB hacia la adopción del neoliberalismo, primero desde su cargo de Ministro del Gobierno de Itamar Franco (del PMDB), y después desde la Presidencia de la República (1995-2002), y que fue actor protagónico de la oleada neoliberal en la que la mayor parte de las fuerzas políticas “socialdemócratas” del continente adoptaron el llamado “Consenso de Washington”, en sintonía, además, con una tendencia de signo similar en las fuerzas afines en Europa, convirtiéndolos, en estricto rigor, en fuerzas de perfil neoliberal más que socialdemócrata.

Como cuestión adicional de contexto, es relevante señalar que tras ya más de una década de gobiernos conducidos por el PT, es indudable una mejoría relativa de las condiciones de vida de las mayorías y la implementación de políticas de inclusión social significativas e inéditas en toda la historia brasileña, no siendo una exageración señalar que han modificado la excluyente y desigual estructura de clases de la sociedad brasileña, concretando parte del programa original del PT. Pero también relevante señalar, bajo una relativización no mayor de la radicalidad política que lo caracterizó en sus comienzos: desde el planteamiento de un “socialismo petista” y una democracia participativa de nuevo tipo, a un “posibilismo” donde se acepta el marco capitalista en lo económico, con la vista puesta en poner a Brasil entre el circuito de potencias emergentes a nivel mundial, y a las estructuras de poder tradicional en las que el PT ha debido realizar su esfuerzo gubernamental en alianza a un conjunto de fuerzas de centro (donde destaca el PMDB, Partido Movimiento Democrático Brasileño, con un caudal electoral a nivel local mayor que el propio PT4), y a buena parte de los sectores de la burguesía nacional, principalmente paulistas. Este desplazamiento político e ideológico ha sido muchas veces duramente criticado, dentro y fuera de Brasil, como una especie de “transformismo del PT”, relativizando su rol referencial para el conjunto de las fuerzas políticas populares del continente.

Y es que, cuestión innegable, los mencionados logros y avances sociales se enmarcan en la continuidad de un marco de expansión capitalista y de un modelo de desarrollo que ha elevado a la economía brasileña al grupo de “subpotencias” regionales, en un contexto interno aún altamente desigual y de múltiples contradicciones sociales, políticas, culturales. En en ese marco donde se ha venido incubando un descontento desde las izquierdas, los movimientos y sectores populares, y en buena medida, de las nuevas generaciones hacia la política centrista y moderada del PT y el desgaste y estancamiento de su fuerza transformadora, cuestiones ampliamente visibilizadas en las movilizaciones del 2013 gatilladas por el alza del transporte público y encabezadas por el “Movimiento Passe Livre” (MPL) y las organizaciones de protesta a causa del Mundial.

Dicha política centrista se expresa en términos de alianzas (y a la vez se explica por esto) en su cogobierno con fuerzas de centro o incluso centroderecha donde el principal referente es el PMDB (Partido Movimiento Democrático Brasileño), el cual cuenta con un caudal electoral a nivel estadual y municipal mayor al del propio PT: en las últimas elecciones municipales del 2012 obtuvo 1022 Alcaldías por sobre 632 del PT, aunque éste subió su votación en relación a las anteriores y fue esta vez la fuerza con mayor crecimiento. Cuestión que se replica a nivel de política económica, con su proyecto de crecimiento capitalista y alianza con el alto empresariado nacional con miras a proyectar a Brasil como potencia y polo económico y político en el nuevo mundo multipolar, donde, para matizar la mirada, efectivamente el gobierno “petista” ha logrado ser un actor protagónico en la reconfiguración relativa del mapa geopolítico global, con el fortalecimiento de las políticas y alianzas Sur-Sur, de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), y de la propia Sudamérica, donde, junto con Venezuela, ha resultado ser central en las incipientes, y en muchos aspectos muy prematuras, políticas de unión e integración continental. En todo caso, en cuanto a la política exterior, si bien el PT efectivamente ha implementado tales lineamientos, es relevante matizar el punto dado que dichas políticas se enmarcan en una política exterior que lo antecede, dada las formulaciones previas al PT de un numeroso y con muchos recursos cuerpo diplomático, conocido por el edificio en que se localiza en Brasilia, como “Itaramaty”5.

Por otra parte, se señala una peligrosa emergencia de una creciente hegemonía y cultura política conservadora en varias franjas de la sociedad brasileña, cuestión en parte debida, paradojalmente, a los propios avances del gobierno petista. Se menciona entre estos espacios sociales, a los propios beneficiados de las políticas sociales de esta década (principalmente anclados en los estratos más pobres de la sociedad), como a una clase media de tipo individualista que mira con desconfianza la preferencia gubernamental por los planes sociales y los sectores más desventajados. Otro factor a tener en cuenta es el creciente y ratos explosivo avance de las iglesias evangélicas de tipo pentecostal, que en especial entre los sectores populares, los hacen decantar hacia posturas de resignación y desidia política, a la desorganización social, y posturas conservadoras en el orden político y cultural, muy en contraste con lo que en las décadas previas significó una religiosidad cristiana de tipo progresista, desde donde se incubaron las llamadas políticas y “teologías de la liberación”, con crucial influencia en el surgimiento de actores sociales y políticos de izquierdas, como el propio PT, o el muy referencial Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, el MST, quizá el mayor movimiento social del planeta. Esta tendencia conservadora se refuerza, además, por el escenario de inseguridad y pauperización urbana en los sectores más excluidos de la sociedad, cuestión donde el narcotráfico y las bandas armadas asociadas a él generan una violencia armada de no menor intensidad, problema irresuelto a pesar de cuantiosos recursos de todo tipo destinados a aquéllo, incluida la intervención policial-militar en los barrios más conflictivos, y un alto crecimiento de la población carcelaria, que se ha duplicado desde la llegada de los gobiernos petistas6.

Puntos de debate en la escena de las izquierdas y los movimientos populares en el Brasil actual 

Mirado desde fuera pero desde un posicionamiento que anhela un escenario político en Brasil que propicie y sea parte de cambios mayores en nuestro continente y el mundo presente, parece sensato señalar que no han sido menores los avances y contribuciones del movimiento social y popular brasileño (dentro y fuera de Brasil), y que han provocado importantes cambios en la estructura social de su país, e impulsado una política activa en la modificación de las correlaciones de fuerza política, ideológica y económico-social dentro y fuera de sus fronteras.

Sin embargo, intentando ser equilibrado en el análisis, no es posible omitir el hecho de que las políticas del PT, por acción u omisión, han provocado un descontento, crítica, o al menos distanciamiento de parte importante de lo que fueron sus apoyos y espacios sociales desde donde emergió y se convirtió en la principal fuerza política del país. En este sentido, muy referencial es el caso del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, MST, movimiento popular que captó miradas desde todos los rincones del planeta dada su impresionante fuerza organizativa, y la profundidad de sus demandas y acciones: varios miles de asentamientos y campamentos autoconstruidos, con un sistema escolar propio forjado con los principios y propuestas de la educación popular (Paulo Freire y demases), con una red de cooperativas que intentaban generar un contrapeso al explosivo crecimiento del “agrobusiness” y la concentración de tierras en manos de las transnacionales como Monsanto y otros, articulados en torno a la pretensión de un proceso de redistribución de la tierra y una nueva forma de producción de alimentos que fuera demostrativo de que es posible otro mundo.

Sin embargo, la realidad muestra, a más de una década de gobiernos del PT, que la Reforma Agraria aún no pasa de ser una demanda inconclusa, quizá ni siquiera iniciada, salvo los propios esfuerzos autónomos que el MST y otras organizaciones campesinas y rurales intentan llevar a cabo, en parte, con la colaboración y subvención relativa de parte del Estado. Dado eso, si bien la base social del MST sigue apoyando en su mayor parte a los esfuerzos electorales del PT, la brecha entre ambas organizaciones, en algún momento más plenamente convergente, se ha ido distanciando cada vez más, y además, perdiendo fuerza e impulso la movilización popular en un escenario de reflujo o al menos estancamiento7. Similar cosa ocurre con buena parte del movimiento sindical, donde la Central Única de Trabajadores (CUT) no cuenta con el respaldo ni la capacidad de convocatoria y organización popular que la hizo uno de los actores más importantes en la política brasileña, y que fue central en la caída de la Dictadura y el proceso y asamblea constituyente entre 1987 y 1988. Este último actor, de todas formas, representa buena parte del andamiaje político-social del Gobierno, cuestión frente a la cual se le crítica la dinámica burocrática, clientelista y/o gerencial que ha tomado su actuar, muy alineado tras la gestión gubernamental y alejado de las nuevas formas de organización y movilización popular emergidas en el último tiempo.

Otro punto a destacar es el de las nuevas generaciones, actor protagónico de las muy masivas movilizaciones que se concentraron a mediados del 2013 y en especial en los meses de Junio y Julio, impulsadas con el eje central del transporte público y otras cuestiones relativas a la política urbana y los servicios en general, y como cuestión adicional, las críticas por el monto y la corrupción tejida en torno a la inversión relacionada con el Mundial de Fútbol. Es relevante señalar que este tipo de movimientos y movilizaciones, si bien se visibilizó como nunca antes está lejos de ser una aparición solo espontánea o más que nada reciente, ya que responde a un proceso de crecimiento y maduración de la amplia temática urbana, encabezado por movimientos como el “Movimiento Passe Livre” (MPL), los “Comites Populares da Copa” en torno a las críticas a los magnos eventos deportivos que tuvieron su primer evento con los Juegos Panamericanos en Rio de Janeiro en el año 2007, y que lograron una masividad y articulación a nivel nacional creciente, como la llamada “Articulação Nacional dos Comitês Populares da Copa”8. Todos estos movimientos tienen un carácter heterogéneo, polisémicos, y pluriclasista, y se vienen construyendo por fuera y la mayor parte de las veces con no poca distancia y crítica hacia el PT9. Esta característica hizo que la derecha haya intentado apropiarse callejera y mediáticamente de esas movilizaciones, donde incluso se vio a grupos derechistas atacar a adherentes petistas que portaban banderas de su partido, y donde la prensa oligopólica ampliamente dominada por los sectores más conservadores y neoliberales, intentó hacer una asociación directa entre las protestas y un simple y mero rechazo al Gobierno del PT. Importante destacar que ante estos hechos, la propia organización del MPL marcó diferencias, y dio pasos a un costado dados los intentos de la derecha por cooptar y capitalizar su movimiento. Por su parte, más allá del mundo social organizado, se aprecia también un distanciamiento general de los y las jóvenes ante las falencias, contradicciones, y moderaciones señaladas en la política del PT, y la incapacidad general de las izquierdas más partidarias por sintonizar con las nuevas identidades, demandas, y movimientos surgidos durante la última década.

En otro punto complementario con el anterior, ha cundido el último tiempo un debate que a primera vista podría ser catalogado como meramente intelectual o teórico, pero que dice bastante del tipo de complejidades por las que atraviesan por estos momentos las izquierdas brasileñas, y en especial, el PT y las fuerzas sociales desde las que surgió y que son su principal anclaje social. Debido al muy visible mejoramiento en las condiciones materiales más básicas de una buena parte de la población brasileña, en especial de sus sectores más pobres, una buena parte de la reflexión y los debates se han centrado en la categorización de los sectores sociales que han modificado sus condiciones materiales de vida de manera más notoria, dándose el debate sobre estos estratos sociales medios, y de si es una “clase media” o más bien una clase trabajadora en ascenso10. Especial debate generaron las declaraciones de Marilena Chauí, referencial intelectual del campo progresista y de izquierdas en Brasil, y militante del PT, que apareció con declaraciones que catalogaban a la clase media como “violenta, fascista, e ignorante”, declaraciones dadas nada menos que en el lanzamiento del libro “10 años de gobiernos posneoliberales en Brasil: Lula y Dilma”11, en presencia del ex Presidente12. El punto decía relación con las preferencias ideológicas y culturales de estas capas sociales, pero tocaba también uno de los puntos que han sido mencionados como una de las principales falencias de la política gubernamental del PT: apuntalar un mejoramiento indudable en las condiciones de vida de millones de brasileños, pero más desde una gestión desarrollista, gerencial y desmovilizadora, que desde un impulso que junto a los planes y programas sociales como los referenciales “Bolsa Familia” o “Fome Zero”, los acompañara con una construcción de una nueva institucionalidad y práctica política más transformadora, democrática, participativa, popular. Tales falencias han sido señaladas como factor facilitador de un cierto reflujo cultural e ideológico de las izquierdas y progresismos, abriendo paso a un relativo avance conservador en ciertas franjas sociales de la sociedad brasileña13.

Algunas palabras finales. La importancia de cerrar la puerta al retroceso

Dado este escenario, se llega a una segunda vuelta presidencial donde se ponen en juego las coordenadas donde se seguirán desarrollando las disputas y tendencias que aquí se ha intentado esbozar. Dadas estas circunstancias, un repaso a los posicionamientos frente a la disputa electoral dan muestras de lo que está en juego, y los alineamientos que se han dado muestran muy notoriamente tanto la relevancia de la elección, como la opción entre dos escenarios abiertamente diferentes. Así, desde una posición muy crítica a los gobiernos encabezados por el Partido dos Trabalhadores , y tras su omisión de apoyo en 1ra vuelta, el muy referencial Mtst Trabalhadores Sem Teto (“Movimiento de Trabajadores Sin Techo”) salió a defender el voto en 2da vuelta por Dilma Rousseff: “Si la victoria del PT no significa una victoria de los trabajadores, la victoria de Aécio Neves significa una dura derrota para los trabajadores y las luchas populares”. Apuntan al muy ostensible avance de la derecha conservadora más dura en las recién pasadas elecciones parlamentarias (quizá el Congreso más derechista en muchos años), y señalan el riesgo de que suceda lo mismo en el Gobierno federal. Cosa parecida hizo por su parte el MST en conjunto con un sinnúmero de otras organizaciones rurales y campesinas populares. Por su parte, las iniciativas y espacios aglutinados en el Plebiscito Popular por uma Constituinte Exclusiva han hecho lo propio, más, cuando Dilma Rousseff y el PT han dado su apoyo activo a la iniciativa por la activación de un nuevo proceso constituyente en Brasil14, cuestión bloqueada por el peso parlamentario de los conservadores y la institucionalidad, ya muy estrecha, derivada de la Constitución de 1988 que en algún momento significó un avance democratizador, pero que no da cuentas ni espacios para transformaciones mayores de un Estado con importantes falencias y exclusiones, como muy expresivamente sigue significando la exclusión en la participación política de las mayorías pobres y negras del pueblo brasileño15. Importante mencionar que desde este último movimiento se logró reunir la no despreciable cantidad de 7,7 millones de votos favorables a una convocatoria constituyente, en una consulta popular no oficial.

Por su parte, Marina Silva, en una muy cuestionable opción, manifestó apoyo a Aécio Neves, pero la mayor parte del Partido Socialista Brasileño (PSB), que la llevó de candidata, ha salido a desligarse de la opción de su candidata, apoyando a Dilma. Por su parte, el PSOL 50 – Partido Socialismo e Liberdade señaló como necesario“usar el poder de veto” contra la candidatura de la derecha que encabeza el PSDB, aunque marcando el punto de que “ni el PT ni el PSDB, ni Dilma ni Neves nos representan”16.

Tras este repaso, no hay que ser muy sagaz para darse cuenta que es altamente relevante lo que pase en esta coyuntura electoral para Brasil y todo el continente. Desde las posturas más adeptas a las más críticas, y dado el cerrado escenario electoral de esta segunda vuelta, todo suma contra la posibilidad de retroceso que implicaría un eventual triunfo del “tucano” Aécio Neves y el PSDB, y así lo han entendido la casi totalidad de las fuerzas sociales y populares del pueblo brasileño17. El impulso que en los últimos días ha tomado las calles y redes sociales la campaña de Dilma, parecen inscribirse en la comprensión de esa relevancia, y en la voluntad por intentar retomar lo mejor de la historia de los movimientos y organizaciones desde las que emergió el propio PT y esta etapa “posneoliberal” que ha dominado la escena brasileña y continental en la última década. Este repaso, desde fuera, del pasado reciente y presente del gigante sudamericano, ha sido escrito con la misma idea y sentido.

2 A diferencia de las otras dictaduras militares que asolaron nuestra región entre los años 60s y 80s, la brasileña tuvo una serie de etapas de apertura, en parte provocadas por su propia falta de unidad interna, en parte por la presión de la movilización popular.

4 En las últimas elecciones municipales del 2012, el PMDB obtuvo 1022 Alcaldías por sobre 632 del PT, de un total de 5.570 Municipios. Algo similar sucede a nivel de las Gobernaciones estaduales, donde en las recientes elecciones se mantiene un escenario donde el opositor PSDB y el aliado al Gobierno PMDB se llevan un porcentaje de apoyos electorales sustancialmente mayores que en lo presidencial, y donde el PT decae también significativamente.

5 Pomar, Valter (2014). A estrela na janela : ensaios sobre o PT e a situação internacional: http://forodesaopaulo.org/wp-content/uploads/2014/09/A-estrela-na-janela-Final.pdf. Bringel, Breno (2009). El lugar de Brasil en América Latina: convergencias y tensiones internas/externas al final de la era Lula:http://www.ceps.es/webantigua/investigacion/informes/ptalsxxi/3-marzo2009.pdf.; Salinas Robinson, Leonardo. Brasil y la noción de potencia. Un análisis de la política exterior brasileña entre 2001 y 2006: http://www.ucentral.cl/prontus_ucentral2012/site/artic/20131230/asocfile/20131230190646/96000605.pdf.

6 Caccia Bava, Silvio. Violência e controle social: http://www.diplomatique.org.br/editorial.php?edicao=71.

7 Adelita Neto Carleial. Movimiento-partido: el caso del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) en Brasil: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/grupos/gavia/04movi.pdf.; Maria do Socorro Vasconcelos (2001). El movimiento de los trabajadores rurales sin tierra en el marco de la educación liberadora: http://www.archivochile.com/tesis/02_tms/02tms0004.pdf.; Raimundo Santos. Lula y el Movimiento de los Sin Tierra. En la hora de la política: http://www.nuso.org/upload/articulos/3152_1.pdf.

8 Para un análisis de las movilizaciones, ver: Zibechi, Raúl. Debajo y detrás de las grandes movilizaciones. En Revista OSAL Observatorio Social de América Latina, Año XIV No 34: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20131107012902/osal34.pdf.; Antunes, Ricardo. As rebeliões de junho de 2013. En Revista OSAL Observatorio Social de América Latina, Año XIV No 34: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20131107012902/osal34.pdf.; Braga, Ruy. As jornadas de junho no Brasil: Crônica de um mês inesquecível. En Revista OSAL Observatorio Social de América Latina, Año XIV No 34: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20131107012902/osal34.pdf.

9Emir Sader. Las movilizaciones, la izquierda y el gobierno del PT: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20131016110717/Cuaderno-No3-SegEpoca.pdf.; Borón, Atilio A. ¿Un nuevo ciclo de luchas populares?: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=170144

10Tible, Jean (2013). ¿Una nueva clase media en Brasil? El lulismo como fenómeno político-social: http://www.nuso.org/upload/articulos/3913_1.pdf.; Domingues, José Mauricio. Las movilizaciones de junio de 2013: ¿Explosión fugaz o novísima historia de Brasil?. En Revista OSAL Observatorio Social de América Latina, Año XIV No 34: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20131107012902/osal34.pdf.

11Sader, Emir(org.). 10 anos de governos pós-neoliberais no Brasil: Lula e Dilma: http://www.flacso.org.br/dez_anos_governos_pos_neoliberais/archivos/10_ANOS_GOVERNOS.pdf.

12 Marilena Chauí: classe média é un setor fascista, violento e ignorante:http://www.vermelho.org.br/noticia.php?id_noticia=213672&id_secao=1.; también, “Marilena Chauí: no existe nueva clase media”: http://socialistamorena.cartacapital.com.br/marilena-chaui-nao-existe-nova-classe-media/.

13“Porque a classe média brasileira está dividida nesta eleiçao”, Leonardo Avritzer: http://www.cartamaior.com.br/?%2FEditoria%2FPolitica%2FPorque-a-classe-media-brasileira-esta-dividida-nesta-eleicao%2F4%2F31988

14 Dilma Rousseff prometió emprender “la madre de todas las reformas”, la política: http://www.diariobae.com/notas/37114-dilma-rousseff-prometio-emprender-la-madre-de-todas-las-reformas-la-politica.html

15 Bruno Pavan. Diante de um Congresso conservador, a importância da reforma política: http://www.brasildefato.com.br/node/30213

16 Declaración del P-SOL ante la segunda vuelta presidencial: http://www.psol50.org.br/site/noticias/3014/seguir-lutando-para-mudar-o-brasil

17 Ver “Especial 2º turno: o que pensam os movimentos?” (Brasil do Fato): http://www.brasildefato.com.br/node/30130; Movimentos sociais, culturais e feministas declaram apoio à Dilma Rousseff:http://www.brasildefato.com.br/node/30203; Movimentos Sociais de Agroecologia lançam carta aberta em apoio à Dilma Rousseff: http://www.mst.org.br/node/16616.

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