Rubor.

Sólo al ver la horrible expresión de paz, mal maquillada, en el rostro muerto de Fernández, me di cuenta que a la Francisca no la volvía a ver en la vida. Son pocas las mujeres que se someten a un aborto inducido por terror al rechazo, pero la pancha no era una abortista, no en principios, ahora sé eso.

        Por esos años, aún fumaba casi dos cajetillas de mentolados al día y el vértigo súbito de mi reciente epifanía, me animó a salir de esa casa repleta de diplomas y medallas de oro, en deportes que yo jamás había visto en el colegio.

       Saliendo vi a los dolientes, una casta entera de cabelleras rubias y expresiones de fría cordialidad, que mezclada con la juventud de las hijas menores, alentaron mi caminata por razones cercanas a no querer mirarle el culo a una pendeja de 15.

      Lo enterraron en un cementerio privado, un parque maravilloso, casi afuera de la ciudad, lejos de los pendejos calentones que se meten a culiar en los nichos del cementerio metropolitano, o de las góticas lolitas que se van a sacar fotos en los mausoleos del cementerio general… para luego irse a follar al metropolitano.

          Durante el servicio, mi madre comentó que se sentía vieja, que veía alojada en el espejo, una expresión de dolor permanente desde que al doctor le tembló la mano, dijo que era una vergüenza que el heredero tuviera casi su edad y aún viviera en casa de su madre, también, que todo el mundo se había encorvado, que todo el mundo estaba gordo y que todo el mundo estaba feo. Siempre he visto a mi madre como un personaje de García Lorca, con las plantas de los pies enraizadas hasta el centro de la tierra, con un dolor tan prehistórico como inútil

-estos güeones nacieron viejos porque los educaron para vivir en el próximo año-

Yo sólo la miré, sin comprender completamente, abstraído como siempre que enfrento a la muerte, pensando que seguramente no poseía ni la enfermedad genética que mató al pelao, ni la responsabilidad de cuidar a una viuda, pero eso no es excusa para vivir con tu vieja toda la vida.

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