Las capas medias esconden la cara

Las capas medias esconden la cara,

vienen y van

con la mano apretada en sus bolsillos.

Cruzan la calle

mirando para ambos lados

y se protegen comprando Seguros,

pólizas de miedo que concatenan

cada uno de los traumas que fueron formando

desde la infancia.

Niñas y niños fraguados

entre los condimentos de la moral y las buenas costumbres

se defienden,

rasguñan la telaraña con la uña lúdica

pero pronto caen y terminan

con la corbata bien puesta, la falda en la medida justa.

La música se congela afuera,

entre los semáforos se les quiebra la cáscara del sueño

sin salir nada desde ahí

la piel se arruga arriba de los muebles

los niños saltan en los colchones

mientras en el living el papá duerme

sin darse cuenta sobre el sillón:   la TV y el mismo programa de siempre.

Silencio. En la cocina se prende un fósforo

mientras afuera el vecino pega un portazo

y se dirige raudo al comedor.

 

Las capas medias

adoptan una moral muy sencilla

pero a la vez                   extremadamente profunda,

un ADN pequeño pero marcado a fuego:

una moral simplona

que tatúa con sangre su edificio.

 

Una lectura católica de Adam Smith.

Una teta colgando atrás de una cámara.

 

Las capas medias no leen poesía,

en realidad casi nadie lee poesía,

 

en realidad la realidad no se equivoca

quizás se equivoca la poesía

y su majadería romántica

y su ego inmenso.

La televisión sigue sonando en el living,

en la muralla se reflejan sombras chinescas

con un tufillo posmoderno,   anémicas,

la madre se pasea, la madre no sabe adónde ir.

La palabra se pudrió al interior de la casa.

 

Una tras otra las imágenes vienen a la cabeza del niño:

 

mañana hay reunión de apoderados

mañana le pedirá el primer beso a la compañero de curso,

sí, a la compañero de curso.

 

Las capas medias se hicieron cargo del siglo XX,

por eso mismo

el siglo XX tiene que reventar,

Estos niños deben reventar e implosionar.

 

Los escolares van jugando en la micro

con toda la Ilustración reciclada en la periferia,

el uniforme no queda bien

el orden global no queda bien

en esta escena:

Rectángulo de la moral macabra.

Cabezas rapadas

educadas bajo una cultura chata

que seguirá pateando piedras.

 

Las capas medias esconden la cara

y no quieren verse arrasadas por el vendaval,

no quieren verse

sin la formalidad con que trasuntan el cotidiano de sus días

ni con la carencia de objetos tipo

así que firman,   la Tarjeta,      el otro.

Todo en ese mismo orden.

 

Las capas medias esconden la cara

pero estos pajaritos deben volar,

 

estos pajaritos deben quemar esta micro

con el valor vivo de la  voz

parida justo a tiempo.

Recién inmersos en el polvo de la Historia

deben incendiar todos los guardapolvos

de la casa vieja:    la vieja rabia, las viejas mañas,

el viejo mundo              las viejas flores.

 

Estos terrenos recién habitados

deben traer la fulguración de la rabia en el aliento

y cachetear todo intento de susto

 

ni susto cómodo

ni susto post-dictatorial

ni susto tecnócrata

ni susto al Mercado

ni susto a soltar la teta

ni susto a sí mismo.

 

Estos pajaritos volarán

y cada jaula será enterrada en el pecho del cobarde.

 

Las capas medias esconden la cara

y preferirán morir apuñaladas

antes de cambiar el camino,

las capas medias seguirán con el control remoto en la mano

y las calles serán silenciadas por la metralla sutil

del encabronamiento de las masas

 

la masa aglutinada en vitrinas

y espejos que no muestran nada más que

la anagnórisis del sistema crediticio.

 

Volando vendrá el animal de lo nuevo.

Volando irá cayendo la neblina en los corazones.

Volando se perdió el FASat-Alfa

el mejor poema que se ha escrito en Chile

y volando se quemó Alsino,

 

el resto

 

 

 

 

es esta ceniza que nos queda.

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