Entrevista a André Menard – La Galaxia Mosca Mapuche

André Menard(1) es antropólogo y docente de la Universidad de Chile. Principal colaborador, compilador y responsable de la edición de el Libro diario del presidente de la federación araucana, Manuel Aburto Panguilef, recientemente publicado por editorial CoLibris en Santiago de Chile y que presentamos unos post atrás. Conversamos con el antropólogo sobre el trabajo que llevó finalmente a la publicación de este interesante texto mapuche. A continuación te presentamos la entrevista.

En el “Estudio Preliminar” del libro dices que conociste a Manuel Aburto Panguilef en el año 1994 a través de Rolf Foerster.

—Sí, fue por ahí. Rolf Foerster era mi profesor en la escuela de antropología y yo andaba dedicado a la “galaxia mosca”, una suerte de paraconcepto entre patafísico y paranoico mediante el cual nombrar esas configuraciones, o más bien caprichos, que parecen subyacer al azar de las contingencias. Rolf Foerster me dijo un día “mira, esta es la galaxia mosca mapuche” y me pasó una fotocopia de uno de los cuadernos de Aburto (el de 1940-1948), y yo quedé loco, pero no supe bien qué hacer con esa escritura alucinante, a lo más le poníamos música con un grupo sicodélico que teníamos. Fue en 1999, cuando me fui a París a hacer el doctorado, que decidí trabajarlo “académicamente” y me puse a investigar de lleno el expediente aburtiano.

¿Cómo te enteraste de la existencia de los otros manuscritos?

—La copia de Rolf era de uno de los dos cuadernos que el antropólogo Roberto Morales había donado al centro de documentación Liwen. Entiendo que a él se los pasó una profesora de escuela por sus redes con el Partido Comunista. Después, y también en un principio por Rolf, conocí a algunos familiares de Aburto en Collimalliñ, a su nieta Violeta Aburto y sus bisnietos y por ahí fui enterándome de la existencia de otros cuadernos dispersos entre los demás familiares. También aparecieron otras galaxias moscas. Como buen antropólogo pequeño burgués, a mí me crió una señora mapuche que trabajó en mi casa, Rosa Canicura, de Quilche; un día hablando por teléfono con ella, le comenté que en los manuscritos se nombraba a un Rafael Compayante, apellido que le había oído nombrar a ella, y claro, eran medio parientes y así llegué a otro de los manuscritos, el de 1938-1949-1950, el más copioso.

¿Cómo trazarías el recorrido que realizaste desde 1994 al 2003 en relación a este trabajo?

—Entre 1999 y 2001 me centré sobre todo en el análisis del único manuscrito que tenía, el que me dio Rolf. Fue un trabajo bien obsesivo y medio ritual, porque me dediqué a ficharlo entero por temas, pero a mano, sin computador, por lo que en cierta forma reescribí el manuscrito en unos cuadernos que tengo por ahí. Fue como una inmersión mimética en la escritura de Aburto. Luego a partir del 2001 fui a terreno y me dediqué a pesquisar los demás papeles con los parientes y con algunos papeles que se conserva(ba)n en el Museo Municipal de Loncoche. Se me armó una masa enorme de textos y me dediqué tanto a ficharlos como a estudiar más sobre la historia del personaje y sobre todo su contexto histórico, además de aprovecharlo de excusa para tratar temas teóricos que me interesaban como la cuestión del milenarismo, el delirio, la noción de escritura, las utopías políticas y el profetismo.

Parece como si nadie se hubiera interesado antes por los manuscritos de Aburto ¿a qué crees que se debe?

—Hay varias razones, pero creo que tienen en común la persistencia de cierto prejuicio culturalista —del que los antropólogos son muy culpables y los mismos dirigentes e intelectuales mapuche cómplices—, referido a la naturaleza “oral” de la cultura mapuche. Prejuicio que ha redundado en una ceguera respecto del “patrimonio” (para ocupar un término de moda) literario de este pueblo, patrimonio que por suerte se ha ido visibilizando, por ejemplo con los trabajos de Jorge Pavez sobre las cartas mapuche del siglo XIX, y que creo que actualmente es un dato de la causa que se refleja en las nuevas perspectivas que tienen sobre la historia y la política mapuche los nuevos investigadores mapuche, por ejemplo de la Comunidad de Historia.

En cierta forma esta ceguera de las escrituras mapuche ha descansado en este énfasis en la “cosmovisión”, la “cultura” y todas esas supersticiones modernas referidas al “patrimonio inmaterial”, que hacen de los sujetos histórico-político indígenas, en general, los ejemplares de categorías colectivas, dejando en segundo plano la cuestión de sus trayectorias y decisiones histórico-políticas siempre singulares. En cierta forma esta ceguera de la escritura mapuche es una ceguera de la densidad histórica de sus movimientos y demandas, por la que cada nuevo dirigente tiende a presentarse como el primero en su género, eclipsando las trayectorias y antecedentes históricos que los sostienen. Además, el trabajo de archivo parece que es más tedioso y lento para la construcción de discursos que el hecho de sostenerse en la inmediata pertenencia a una “cultura” o en la posesión de una “cosmovisión” para justificar las demandas.

¿En qué momento surgió la idea de publicar los manuscritos de Aburto y cómo se integra la editorial CoLibris en el proyecto?

—Tanto por su valor historiográfico como por su singularidad estilística, los manuscritos siempre hicieron que uno quisiera publicarlos, pero no fue sino hasta el año 1999 o 2000, cuando conocí a Claudio Cratchley en Francia y le mostré el material, que esta idea vaga se transformó en una decisión, y casi en una obsesión para Claudio. Claudio es un verdadero erudito de historia en general y de historia mapuche en particular, y fue siempre un gran apoyo, no solo para mí, sino que para todos los que se dedicaban a trabajos de investigación mapuchográfica y que le conocieron. En este marco, la edición de Aburto fue desde un principio pensada como un proyecto con CoLibris.

¿Cómo desarrollaron este trabajo conjunto? Sobre todo teniendo en cuenta que Claudio está en Francia y tú estabas en Chile.

—En términos generales mi aporte tuvo que ver fundamentalmente, primero, con la recopilación de los manuscritos, y luego con el desarrollo de una investigación sobre Aburto, la Federación Araucana, la historia del movimiento mapuche, etcétera. Además, a partir del año 2004 gestionamos con Jorge Pavez recursos y personas para ir transcribiendo el material. También organicé el trabajo de traducción mapudungun-castellano con Nekul Painemal y Rosendo Huisca. Entremedio ganamos un proyecto de financiamiento con el Fondo del Libro y la Lectura. Claudio hizo el resto, y un resto enorme: el diseño, la diagramación, la construcción de los índices onomásticos y de nombres propios (un trabajo titánico con casi 2000 nombres), un árbol genealógico con Florence Paul, además de todo el trabajo de inserción de notas explicativas, en que trabajamos los dos. Fruto de su lectura del texto, Claudio me señalaba algunos errores o imprecisiones en mi estudio.

Luego vino el trabajo de revisión que también fue enorme donde, con la ayuda de Manuel Fernández, hice una revisión de la transcripción con el manuscrito y Claudio hizo otra por su lado ayudado por Consuelo Hernández. Esto quiere decir leer el manuscrito entero frente a la transcripción, y como son ochocientas páginas el tiempo invertido fue bastante. También estuvo el trabajo de búsqueda de referencias. Ahí Claudio tiene un ojo y una prolijidad a veces desesperante, por la que me mandaba a buscar a la Biblioteca Nacional las noticias de prensa que Aburto va nombrando o citando en sus textos, para transcribirlas o completarlas, completar las referencias de fechas, páginas, etcétera. Y claro, yo le mandaba las cosas por mail y él me respondía, también hablábamos largo por teléfono.

¿Cómo definieron el recorte temporal? Puesto que del corpus total de manuscritos publicaron solo una parte.

—Se trata en parte de una cuestión práctica. El libro ya tiene dimensiones problemáticas. Siempre me preguntan por qué no los hicimos en varios tomos, a lo que respondo que este es sólo el primer tomo. El segundo está en camino y abarca los materiales anteriores a 1940, los que están transcritos sólo en parte, y falta todo el trabajo editorial que ya conocemos. Por lo demás, esta división se justifica porque lo publicado corresponde a lo que Aburto llama el libro diario, mientras que el material anterior corresponde al libro de la oficina, en el que aún escribía su hija Herminia Aburto, secretaria de la Federación, y que tenía como registro una función todavía más pública.

¿Cómo definieron los criterios de estilo y de ortografía?

—Los fuimos discutiendo y fuimos evolucionando los dos. Al principio yo sostenía una posición más conservadora y quería guardar la mayor cantidad de singularidades del textos (errores o variaciones ortográficas, etcétera) y Claudio quería normalizarlo todo. Pero al final las posiciones fueron convergiendo y a veces invirtiéndose. En la “nota a la presente edición” del libro expongo más o menos cuales fueron los criterios definitivos, y la arbitrariedad que siempre van a implicar cuando lo que se edita es un manuscrito.

¿Por qué escogieron un formato impreso antes que una versión digital?

—¿Fetichismo del papel impreso? Sin duda, y es que creo, el libro como objeto tiene aún una vigencia y está marcado por unos códigos del uso que determinan su estatus, estatus del que no podíamos privar a esta obra de un escritor mapuche.

¿Qué fue lo más difícil de todo el proceso de edición?

—Quizás terminarla. Cuando uno ya tiene el grueso del libro, con sus notas, sus índices y todo, es cuando empieza el dolor de cabeza de las correcciones infinitas.

¿Tienen intenciones de traducir el libro, estrategias concretas de difusión?

—Una traducción sería ideal, pero por la singularidad del estilo, traducir a Aburto es como traducir a Perec o a Joyce, es una obra de creación en sí misma. Habría que ver quien está lo suficientemente poseído para hacerla. Y sobre la difusión, está la editorial Ril a cargo que espero cubra la “demanda” internacional también.

¿Les interesa llegar a alguna comunidad lectora en particular?

—La gracia del texto es que es tiene una pertinencia transversal, es decir, si bien el público más inmediato es el de mapuchógrafos, mapuchólogos y mapuchistas, además de antropólogos e historiadores, tengo la convicción de que ofrece lecturas para psiquiatras, literatos, teólogos y una serie impredecible de lectores.

¿Cómo definirías tu rol en todo este proceso?

—El de responsable, es decir, respondo por los errores.

Nota 1.

Antropólogo de la Universidad de Chile, posee un Doctorado en Sociología de la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Francia.

Se desempeña como académico del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile desde el 2007.  Se ha desempeñado también como académico en la Escuela de Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.

Ha participado en diferentes proyectos de investigación, entre los cuales destacan el proyecto “Identification of the potential corpus for a Mapuche Special Historical Collection”, realizado en 2005, financiado por el Programa de Archivos en Peligros de la British Library y patrocinado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.  Y como co-inestigador en el proyecto Fondecyt N°1050616 “Poder y liderazgo mapuche en la Provincia de Arauco” dirigido por el profesor Rolf Foerster, entre 2005 y 2008.

Es desde 2002, miembro fundador del Laboratorio de Desclasificación Comparada (LDC), organismo interdisciplinario dedicado a la ubicación, difusión y análisis de material documental ignorado, ocultado o de difícil acceso. En este marco ha participado en la publicación de los dos primeros volúmenes de los Anales de Desclasificación, órgano oficial del LDC. Así como en la organización de dos coloquios  convocados por el LDC. Actualmente se desempeña como director de un volumen en preparación titulado “El Animal Pornográfico”.

Sus principales áreas de estudio abarcan cuestiones relacionadas con la historia y la política en la sociedad mapuche, el tema de la escritura en la conformación de los sujetos históricos y más recientemente los problemas relacionados con el cuerpo comprendido como campo de significaciones políticas. De ahí la focalización en tópicos que vinculan la pornografía con la antropología, centrándose especialmente en la noción de raza como categoría científica y política.

Actualmente desarrolla el proyecto de investigación “La noción de raza en el discurso político mapuche y sobre lo mapuche en el siglo XX”, proyecto post-doctoral financiado por Fondecyt.

Esta información fue sacada de la página web de FACSO UCHILE

La entrevista fue publicada antes en Proyecto Patrimonio Editorial: Libros del Wallmapu

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